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Stanton Carlisle (Tyrone Power) es un aventurero que llega a una feria deseoso de abrirse camino y progresar. Tras sentirse impactado con el «monstruo» que allí exhiben, conocerá a Zeena (Joan Blondell), la pitonisa, y también a Molly (Colleen Gray), una joven que enseguida se siente atraída por él

El estreno de ‘El callejón de las almas perdidas’ (Nightmare Alley, 2021) de Guillermo del Toro es un buen momento para repasar la versión de Edmund Goulding, quien adaptó la sórdida novela negra de William Lindsay Gresham en un lujoso melodrama para la pantalla grande en 1947. 75 años después se repite el destino de aquella en la taquilla, cuyo fracaso económico no impidió que se convirtiera en un clásico de culto a medida que el público la fue redescubriendo con los años.

El destino de la versión de Del Toro está por ver, pero pese a su calidad cinematográfica en todos los aspectos de factura pierde la batalla si se compara con la primera adaptación, un cautivador estudio de personajes que acompaña a un hombre en un viaje de ida y vuelta desde la miseria de una feria ambulante barata hasta la gran ciudad en una economía narrativa que hace que la historia fluya con su duración por debajo de las dos horas frente a los impracticables 150 minutos de la protagonizada por Bradley Cooper.

El carnaval de las tinieblas
A diferencia de la nueva, ‘El callejón de las almas perdidas’ comienza con Stan Carlisle ya empleado en la feria de Clem, con su relación con todos los demás feriantes formada y siempre buscando la forma de ir más allá, mientras que sus compañeros parecen bastante contentos con su vida tranquila. Sus ambiciones son más grandes, y cuando se entera de un truco de su compañera de trabajo Zeena (Joan Blondell), con su ahora compañero Pete (Ian Keith) lo aprende de formas poco éticas para llegar un público con más dinero.

Film dirigido por Edmond Goulding. Se basa en la novela «Nightmare Alley», de William Lindsay Gresham. Rodada en los estudios de la Fox, la feria ocupó 40.000 m2. La produjo George Jessell («La mujer pirata», 1951) y se estrenó el 28-X-1947.

La acción tiene lugar en una feria ambulante y Chicago, en 1946/47, a lo largo de más de un año. Narra la historia de Stanton Carlisle (Tyrone Power), joven ambicioso, embaucador y cínico, que comienza como aprendiz de charlatán de feria y asciende a protagonista de un espectáculo de adivinación en una lujosa sala de fiestas. Los trucos del número se los revela Zeena Krumbain (Jean Blondell), tras la muerte de su compañero, a quien Stanton sustituye como «partenaire». Casado con Molly (Coleen Gray), inocente, sincera y fiel, la abandona para convenir con Lilith Ritter (Helen Walker), psicóloga no titulada, un plan siniestro para explotar la buena fe de personas adineradas y crédulas. Las quejas de algunas de éstas y la inmoralidad de Lilith ponen a Stan en peligro.

Zeema simboliza la honestidad, Molly la inocencia, Lilith la deshonestidad y Stan la ambición sin límites. La obra está presidida por la presencia intangible del mal, el determinismo de la degradación moral, la fuerza del destino que rige, misteriosamente e inexorablemente, la vida de las personas, imponiendo el mal y marginando la bondad de Molly y la sinceridad de Zeema. Las cartas desvelan, infaliblemente, el futuro y anticipan la tragedia. La vida colectiva y la vida individual son movidas desde un ámbito superior desconocido y poderoso, que inunda la vida de incertidumbre y ansiedad. Los seres humanos no son los rectores de su destino, sino sus marionetas de trapo y sus víctimas. La conspiración maléfica de Stan y Lilith transforma el acuerdo en duelo y la confianza mutua en triunfo del mal superior sobre el mal limitado por la capacidad de engaño y la credibilidad de las víctimas. Son escenas destacadas la sesión en que Stan ve por primera vez a Lilith, la lectura del destino de Stan por Zeena y la soberbia escena final. Pocas veces el cine de Hollywood de los 40 y 50 creó una obra en la que la pulsación del mal fuera tan intensa y profunda. Film singular y atípico como pocos, digno merecedor de su condición de obra de culto.

La música hace uso de solos de piano inquetantes, melodías de feria reiterativas y fragmentos orquestales de agudos estridentes y bajos angustiosos. La fotografía se basa en luces expresionistas, claroscuros fuertemente contrastados y composiciones de gran belleza plástica. El guión crea una atmósfera de misterio, dominada por un destino siniestro e implacable. La interpretación de Tyron Power es memorable y una de las mejores de su carrera. La dirección hace uso reiterado de la elipsis, que incrementa la ambigüedad de las situaciones.

Película clásica de cine negro, con magníficos toques de cine fantástico.

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