NARCISO NEGRO | Imprescindibles by Cinematte Flix

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Es una pintura móvil, un lienzo animado que bien podría estar situado en una sala privada de uno de los grandes museos del mundo. Vista por el espectador de hoy, la película puede ser apreciada como demasiado irreal o teatral, incluso cómica en su apariencia. Y es así, es un filme teatral, exagerado en sus interpretaciones, estrambótico en su vestuario y en su maquillaje, y con un exhibicionismo total en el uso del mattepaint (pinturas como fondos de escenario). La película huye de la modas de su tiempo como el neorrealista, para meternos en el antirrealismo, en el cartón piedra, en el expresionismo a todo color y en la magia que se crear en la escena cuando como en un cuadro de Goya o Vermeer, lo que se ve no puede verse en la vida real porque es algo único, algo no salida de la creaividad de la naturaleza sino de la creatividad del ser humano, concretamente de la creatividad de Michael Powell, Emeric Pressburger.

V.O. HD

Todo lo dicho en el texto inicial hace que esta película abonada a un abismo cree un efecto de vértigo único. «Narciso negro» va más allá de todo lo visto y, según el minuto en que la contemplemos, podrá parecernos un drama realista, una exótica aventura con personajes que parecen sacados de «El ladrón de Bagdad», una historia de dinámica grupal del estilo de «Siete mujeres» o «La calle de la vergüenza», un estudio de profundización psicológica sobre la represión sexual y hasta una película de terror.

LA TENTACIÓN DE LA BELLEZA

Y es que en Narciso Negro, la tentación vive en las alturas del Himalaya, en forma de flores, de perfumes, de exotismo, de danzas, de santones, de hermosos príncipes y sobre todo de la presencia en toda su masculinidad de Mr. Dean, ese licencioso inglés imposible en sexy short, diáfano objeto del deseo y de la locura de Sor Ruth. Todo un mundo latente de sensaciones compendiado en «les nuances des regards» filmado magistralmente en color por Jack Cardiff, estatuilla incluida.

Espectaculares y meritorios escenarios, filmados mayoritariamente en estudio, que fueron reconocidos asimismo con la concesión del Oscar a la mejor dirección artística, hacen de este film una joya visual con algunas escenas que forman parte, por derecho propio, de la historia del cine, como esas campanas al borde de un precipicio donde irán a confluir, inevitablemente, todos los conflictos pasionales larvados y ocultos bajo los hábitos.

BELLEZA CORAL

La música ofrece fragmentos de percusión, flauta, cuerdas y trompeta, de gran lirismo, que dan paso a un intenso acompañamiento dramático de las secuencias finales. La fotografía, de Jack Cardiff, aporta un recital de primeros planos, travellings, planos oblícuos y cenitales y esccenas vertiginosas, de magnífica factura. El guión construye un relato que, bajo una serenidad aparente, hace palpitar pasiones, contradicciones, desengaños, desarraigo y locura. La interpretación de D. Kerr y K. Byron brillan a gran altura. La dirección crea una atmósfera dramática de gran fuerza psicológica y exquisita ejecución.

LIENZO FINAL

Todo el reparto está espléndido y puede verse a una jovencísima y exótica Jean Simmons, sin embargo los personajes casi son engullidos moviéndose en torno a un avasallador diseño artístico rebosante de ignota belleza, una de las fotografías más hermosas que haya visto en una pantalla, dándole un halo de misterio y leyenda al relato. Un deleite visual para un guión de inquietante poder psicológico, plagado de imágenes que se adhieren a la retina.

Es, sin lugar a duda, otro “tour de forcé” de los arqueros asentado principalmente en el impresionante trabajo de Jack Cardiff como director de fotografía en glorioso Technicolor y de Alfred Junge como director de producción, colaboradores habituales de la pareja, labor por la cual ambos obtendrían un Oscar. Con ella se inicia la etapa más esteticista del dúo. Su anterior producción “A matter of life and death” (1946) había sido una especie de prólogo a esta etapa -una parte es en color y otra en blanco y negro- que culminará con otra de sus obras maestras “Las zapatillas rojas” (1948), apoteosis cromática y romántica y una de sus más recordadas producciones.

Resulta admirable comprobar como con unos escenarios tan pequeños consiguen desarrollar la densa tela de araña en la que afloran los problemas y las rivalidades, los deseos ocultos y las frustraciones de estos personajes cuyo pasado aflora inquietante en el personaje de la Hermana Ruth (magnífico trabajo de Kathleen Byron con elementos casi de cine de terror) pero también cargado de nostalgia en el de la hermana Clodagh (contenidísimo trabajo lleno de matices de una magistral Deborah Kerr).

Otra obra maestra en el impresionante legado de este genial dúo de artistas.

MUSEO VIRTUAL

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