Videoclub Gratis | CARNE DE FIERAS (1936) | El primer desnudo del cine español

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Al principio de la película sale un cartelito anunciando que se rodó en Madrid en julio y agosto de… 1936. ¡Manda huevos!

Por lo visto empezó el rodaje el 16 de julio, pero a los dos días pasó lo que pasó, y claro, pararon todo. Pero el sindicato del director, la CNT, le dijo que a filmar, que varias familias tenían que comer. Por lo visto lo más jodido fue dar de comer a los leones, que el hambre en la guerra es normal, pero si afecta a estos mininos supongo que hará el problemilla algo más inquietante.

Naturalmente con estos ingredientes la película se hizo lo más deprisa posible, no me extraña. Y es un poco churro. No es un film de propaganda, es dramilla de enredos sentimentales sin mucha gracia. Lo más destacable son dos cosas: que la rubia francesa va en pelotas la mitad de las veces que sale (la otra mitad no enseña ni la rodilla y lleva un vestido hasta el cuello); y que en las escenas de exteriores se pueden ver milicianos paseando, en un bar, etc. ¡Y no está ambientada en la guerra! ¿De qué va? Pues de un tío llamado Pablo, que descubre a su mujer Aurora zorreando con otro hombre, y para desquitarse se liga a una franchute que baila en bolas entre leones. Ya ven qué propaganda. También es interesante ver algunas vistas madrileñas en plena guerra.

Pero lo más interesante de la película es la trastienda que hay detrás de ella, porque tiene tela. A ver si hacen una película de esto: “El capitalista, el anarquista, la vedette espía, la francesa en tanga y los leones de hambre retardada”

Pues resulta que un empresario, un tal Arturo Carballo, ve en Madrid un espectáculo de una bailarina francesa que danza desnuda con leones, y piensa que puede hacer pasta si aprovecha el filón. Contrata a un anarquista trotamundos para que la dirija, y para interpretarla a la francesa, Marlène Grey; al domador, George Marck; y a una vedette barcelonesa, Tina de Jarque. En fin pasó lo que pasó y luego cada uno fue a la suya. ¿Y qué hicieron?

Paraísos perdidos, esto es lo que me sugiere al ver esta curiosa película.
Como obra cinematográfica no pasa de ser un melodrama romántico y social de la época y contada como la cuenta nuestro amigo Gilbert, podría ser un subproducto de “Spanish Movie”.
En realidad el gran valor de esta película es hacernos soñar con el nivel de libertad reinante en nuestro cine antes de entrar en el túnel oscuro frío, mísero y opresivo en que estuvimos durante muchas (demasiadas) décadas.

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Imágenes de un Madrid del 36 y de los paseantes tiene valor documental.
Además la actriz que no ganaría un Oscar tampoco se merecía morir fusilada por ello. (Porque sino que haríamos con los actores posteriores de Locura de amor, Alba de América, A mí la legión, El Alcazar no se rinde, Raza… y tantas otras que vinieron después y que subieron tanto el listón del cine patrio).

Aunque la película es de un gran valor documental e imprescindible para cualquier interesado en la historia de la cinematografía española, es también una muestra del escaso sentido cinematográfico y la torpeza general del cine español en estos tiempos. Parece que, con la excepción de lobos solitarios como Lorenzo Llobet-García (a quien sobraban ideas, y algunas muy audaces, pero faltaban medios), hasta los años cincuenta (con Berlanga y Bardem) nadie con acceso a una cámara entendía las peculiaridades del séptimo arte ni sabía cómo sacarle partido, independientemente de que gozara de muchos o de pocos recursos o de la ideología que le alentara. Redicha, plena de clichés, saturada de tics… Carne de fieras no es más que una serie de cuadros saineteros unidos por una excusa argumental de lo más tópico, rancio e increíble. Al estar rodada en julio y agosto de 1936 en Madrid, en uno de los exteriores, en la glorieta de Atocha, aparecen, como figurantes espontáneos, auténticos milicianos con mono y máuser, sin que se explique argumentalmente que pintan ahí (no se hace la menor referencia a la situación política), lo que provoca una curiosa sensación de cinema-verité, más allá de la voluntad de los autores. Esta es una de las peculiaridades de este film. La otra es el uso descarado como gancho comercial del desnudo casi integral de la francesa Marlene Gray, sobre el que se incide una y otra vez y sin ninguna prisa; curiosamente, al mismo tiempo que el argumento se centra en los esfuerzos del honesto galán protagonista para evitar que la otra chica de la película, la decente, se tenga que dedicar a exhibir su cuerpo y convertirse así en “carne de fieras”. A todo lo que se ve en la pantalla, se añade la curiosa historia de maldición a lo Tutankamón que, según cuentan las crónicas, pareció acompañar en los meses posteriores a los participantes en el film, que fueron cayendo uno tras otro como moscas, aunque la verdad es que era una época muy propicia para que a cualquiera le alcanzara un rayo de uno u otro lado, y no precisamente divino. Lo más curioso es que la vedette francesa acabara siendo realmente carne de fieras. La vida es muy… graciosa.

La domadora y la anarquía: el rodaje maldito de «Carne de fieras»
Una domadora y una vedete, un anarquista y unos leones. La película maldita de la CNT que un día apareció en el Rastro de Madrid.
Mientras las bombas caían y el fascismo avanzaba, el anarquismo produjo numerosas películas en condiciones muy difíciles. Carne de fieras, una de aquellas cintas, es una bella rareza envuelta en misterio.

Carne de fieras fue un encargo de un empresario a un anarquista, Armand Guerra, que escribió el guión y dirigió el rodaje que comenzó a llevarse a cabo en el parque del Retiro en julio de 1936, con el comienzo de la locura bélica que destrozó el país.

El levantamiento fascista le pilló a Armand desprevenido: «Acababa yo de regresar a mi casa, en Madrid, en la avenida de Menéndez y Pelayo 19, después de un día de rudo trabajo. Desde las siete de la mañana hasta la caída de la tarde, había estado rodando exteriores de una película titulada Carne de fieras, en los jardines del Retiro. La película la habíamos empezado el jueves 16 de julio. Yo era el autor, el realizador e intérprete de un papel especial. Como veis, no me quedaba tiempo para aburrirme. Durante la tarde del sábado se había rumoreado mucho sobre una sublevación fascista inminente. Pero, a decir verdad, nadie daba crédito a la cosa… Poco después de cenar, y cuando ya me disponía a acostarme, la radio de un vecino confirmaba el hecho».

La película cuenta la historia de Pablo, un boxeador enamorado de su esposa Aurora, que mantiene una relación adúltera con un cantante de cabaret. Pablo sorprende a los amantes y solicita el divorcio. Deprimido, su carrera como boxeador entra en declive, hasta que conoce a Marlène, una artista de variedades, cuya actuación consiste en bailar desnuda en una jaula con cuatro leones y que está unida sentimentalmente a su compañero de trabajo, el domador Marck. Pablo propone matrimonio a Marlène, pero esta no se atreve a dejar al domador.

El rodaje duró varios meses, hasta finales de septiembre, y donde «El Hombre Autómata» también interpretaba un pequeño papel. Marlène Grey parecía un fantástico gancho comercial: se movía con soltura y desparpajo, y era una experta en el mundo del espectáculo. Su número más famoso consistía en introducirse en una jaula junto a varios leones y, provista de un tanga, bailar ante la mirada de las fieras, que eran vigiladas por el látigo del domador.

Una de sus protagonistas era una hermosa francesa, Marlène Grey, casada con «El Hombre Autómata», apodada la «Venus Rubia», habituada a la vida circense, y que solía actuar en el teatro Maravillas o el Circo Price. Junto a Marlène, compartían reparto otras figuras oscuras y fascinantes, como Tina de Jarque, una artista de varietés que hace de mujer adúltera y realiza un número musical. Tina era muy célebre por aquellos años por varios motivos, pero sobre todo porque fue de las primeras en bailar haciendo strip-tease, despertando pasiones entre el público masculino. Sin embargo, a pesar de que solía frecuentar los ambientes anarquistas era una espía, cuyo final sigue siendo un completo misterio. Hay rumores de que fue fusilada cuando los republicanos la detuvieron mientras intentaba huir del país con una maleta repleta de joyas confiscadas por las autoridades a los fascistas y que ella, con la colaboración de su amante, había robado.

Tina de Jarque, espía y vedete

Ya hemos adelantado que fue un rodaje complicado. Había una guerra y, por tanto, escasez de alimentos. Las fieras, desde luego, estaban hambrientas y, durante las escenas, la actriz se exponía a un peligro mayor ante el nerviosismo de los hambrientos leones. Finalmente, el Sindicato Único de Gastronomía ayudó al rodaje y fue el encargado de gestionar la copiosa alimentación de las bestias.

Pudo terminarse la película, pero la implacable guerra impidió su estreno. No sabemos muy bien qué sucedió con la espectacular Marlène Grey, aunque hay quien dice que se la vio años más tarde actuando en el norte de África.

La película no se llegó a estrenar y durante décadas, hasta ¡1991!, su pista se perdió. Aquel año, los herederos del productor vendieron los 42 rollos de película a un vendedor del Rastro madrileño, que a su vez lo vendió a la Filmoteca de Zaragoza. Un año después, una vez que fue restaurada, pudo por fin proyectarse. La domadora y la vedete, la bailarina y el anarquista, todo eso era ya parte de una historia fulminada por la guerra pero que ahora adquiría una nueva luz.

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