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“Estoy contenta de que al final haya salido a la luz que esa era nuestra verdadera intención. El mundo corporativo no estaba preparado para eso en ese momento”. Así de rotunda se expresaba Lily Wachowski acerca de la trilogía Matrix como alegoría de la transición de género en una video-entrevista para Netflix en el verano de 2020. Lily Wachowski, que transicionó en 2016 -su hermana Lana lo haría en 2012- comentaba también en dicha entrevista que no estaba del todo segura si ese proceso de transición lo racionalizaba de manera totalmente consciente en el momento que desarrollaron la trilogía, pero que posiblemente le rondaba de manera subconsciente en su cabeza. Tanto es así, que Switch -una de las rebeldes pertenecientes a la tripulación de la Nabucodonosor, la nave liderada por Morfeo, el personaje interpretado por Laurence Fishburne- en los primeros borradores de Matrix sería un personaje interpretado por dos intérpretes de géneros diferentes (femenino en el entorno virtual y masculino en el mundo real), pero que finalmente tendría el rostro, en ambos mundos, de la actriz Belinda McClory.

Además, si miramos en profundidad y más allá del tópico ci-fi acerca de la guerra por lo “real” entre humanos y máquinas, podemos entrever que ese “Libera tu mente” que entonaba Morfeo para que Thomas Anderson (Keanu Reeves) revelara y liberara todo su potencial y se convirtiera en Neo, bien serviría de metáfora acerca de la transición de género. Si el entorno virtual de Matrix era una “prisión para la mente”, una mentira envuelta y adornada en metal y cromo que ocultaba la verdadera identidad de unos seres humanos atrapados en una prisión que no se podía oler y ver, pero si sentir, posiblemente las hermanas Wachowski lo concibieron, quizá de manera inconsciente, a partir de una serie de pensamientos que les rondaba por la cabeza sobre la adecuación de su género y si realmente pertenecían al mismo.

El “yo” que representaban en el exterior, el Matrix interno en el que ellas mismas vivían, y el auténtico “yo” que se encontraban cuando ellas se miraban en el espejo. Algo representado de manera metafórica tanto en la primera Matrix, cuando Neo acaba de tomar la píldora roja y el espejo ante el que se mira comienza a distorsionarse y fluctuar, como también en la última entrega, donde Thomas Anderson es consciente, de nuevo frente a un espejo líquido, de que el “yo” que el ve frente al espejo es una distorsión y una representación de su foro interno, en contraposición con el otro “yo” que el resto de habitantes de Matrix ven cuando le miran. Pero más allá de alegorías de transiciones de género, la trilogía Matrix -y a día de hoy también su nueva entrega, Matrix Resurrections- cambiaron de manera subrepticia y desde el interior del mainstream (mucho antes de que la conversación tomara el discurso público en estos últimos años) todos y cada uno de los estereotipos de género establecidos, abrazados y potenciados por la cultura popular. Y todo ello a partir de una ficción adornada con espectaculares coreografías de kung fu, efectos digitales jamás vistos y set pieces de acción llevadas hasta el paroxismo.

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Masculinidades tóxicas
No es casual que dentro del universo de Matrix, las némesis contra las que se enfrentan estos luchadores por la libertad estén conformados a partir de los atributos más perniciosos de lo que se ha venido a denominar masculinidades tóxicas. Comencemos con el primer villano de la trilogía, el Agente Smith (Hugo Weaving). Un agente del sistema, un antivirus cuya único propósito en la vida es acabar con los rebeldes/virus que pretenden crashear el sistema operativo que es Matrix. Con la única particularidad que, al contrario que sus compañeros/secuaces, no comparte esa clase de mente colmena que les conecta y más importante aún, repleto de sentimientos y sensaciones que le acercan más a los humanos que busca capturar que a sus estoicos y vaciados compañeros de trabajo. El problema, acrecentado con la fusión entre Neo y él es, que los atributos humanos que absorbe y le comienzan a diferenciar de sus congéneres digitales, tales como la codicia, la ira o la rabia, bien podrían servir de modelo base de ese perfil tóxico masculino que las hermanas Wachowski buscan denunciar en su trabajo. Sin olvidar otro representante de este colectivo como es Cifra (Joe Pantoliano), el traidor del grupo de Morfeo que vende a su maestro y sus compañeros, en primer lugar por preferir vivir una vida de mentira y de oropeles, un lujo prefabricado e irreal y sobre todo, como buen incel que se precie, por no ser correspondido por una Trinity a la que desea y observa desde una distancia perturbadora.

En Matrix Reloaded, estos perfiles aumentan de manera exponencial, al igual que el resto de elementos de la saga. Comenzando casualmente no con una némesis, sino con uno de los supuestos “héroes” de la rebelión humana, el general Lock (Harry Lennix). Un militar encargado de la seguridad de Zion, que cohibe e intenta oprimir (sin conseguirlo) a su pareja, la capitana Niobe de la Logos -interpretada por Jada Pinkett-Smith- y cuya rivalidad y desprecio por Morfeo -antigua pareja de Niobe- solo se sustenta en esa rivalidad machista e infantil entre dos hombres que luchan por una mujer, casi como si fuera un trofeo de caza, pero donde en ningún momento, ninguno de los dos pretendientes se preocupan por conocer o profundizar en lo que realmente siente o piensa su objeto de deseo. El siguiente ejemplo de esa representación de la masculinidad perversa es la representada en el personaje del Merovingio. Un personaje rodeado de misterio, casi posiblemente un Elegido como Neo proveniente de alguna iteración o versión del sistema pasada que conforma Matrix, pero que decidió, de manera egocéntrica e individualista, aprovecharse de su condición de Elegido para manipular el sistema a su antojo, a expensas de la esclavitud de la raza humana, poniendo por delante lo individual a lo colectivo.

Casado con Perséfone, una sensual y enigmática Monica Bellucci, femme fatale vaciada de emociones y sentimientos provocado por una relación estancada y el desprecio que siente por parte del Merovingio y que bien podría leerse como una versión futura y en negativo de la relación entre Neo y Trinity si estos fueran pervertidos por el sistema. Merovingio solo busca el placer inmediato, la posesión de objetos de deseo femeninos única y exclusivamente por el poder y el sometimiento que conlleva. Algo representado en la secuencia de Reloaded localizada en el restaurante, donde Merovingio manipula el deseo sexual de una habitante femenina de Matrix a partir de un pastel modificado digitalmente. Un placer fatuo, caprichoso, casi infantil -su intérprete, Lambert Wilson, representa al personaje siempre en el límite de lo ridículo y lo paródico- donde el supuesto villano principal de la secuela es un niño grande propenso a la pataleta, tan histriónico como inofensivo.

Algo que se puede observar tanto en la secuencia del castillo en Reloaded como en la secuencia del club Inferno en Revolutions. Y se acrecienta aún más en la nueva entrega, Resurrections, donde el breve cameo del personaje del Merovingio -reconvertido aquí en un vagabundo y paria del sistema, diametralmente alejado de su imagen de dandy de la trilogía previa- sirve para que este reclame al nuevamente renacido Neo que ese mundo heteropatriarcal en el que él se movía como pez en el agua, ha desaparecido (aparentemente) en esta nueva reactualización del sistema provocada por el pacto entre Neo y las máquinas al final de Revolutions. Un pacto al que Neo llega con uno de los dos rostros del verdadero villano de la función y representación global de este conjunto de ejemplos en negativo de la masculinidad normativa: el Arquitecto. El “padre” de Matrix. Una máquina resabiada y prepotente, vaciada de cualquier atisbo de empatía y a la que El Oráculo le define como “un hombre que no es capaz de ver más allá de la decisión que tiene delante de sus ojos”. Un ente arrogante, vaciado de emociones y sentimientos, que se siente descolocado por la decisión que toma Neo al final de Reloaded y cuya única respuesta hacia algo que le descoloca es la de la burla paternalista, al ironizar sobre el concepto de “amor” que compone toda la saga.

Como todo buen bully de patio de colegio que se precie. Un paternalismo que se rompe en mil pedazos en Revolutions cuando el frágil equilibrio del sistema está a punto de estallar en miles de pedazos, provocado por uno de sus hijos, educado y construido a viva imagen de él: el agente Smith ya reconvertido en virus multirreplicante. Y ahí es donde vemos el verdadero rostro de este hombre/maquina tan encantado de conocerse: un bebé llorón irónicamente renombrado como Deus ex Machina. Porque ese es el rostro infantil con el que se confronta verbalmente Neo en el clímax de Revolutions. Un rostro de bebé conformado por una infinidad de centinelas, diseñado por el ilustrador Geoff Darrow y que representa el verdadero rostro de ese Arquitecto que nos quiso engañar con su apariencia aparentemente arrogante y segura de si mismo que vimos en el clímax de Reloaded, cuando en realidad, su verdadero rostro es el de un bebé inseguro y caprichoso.

Una nueva masculinidad
En oposición a estos hombres en vías de extinción, las hermanas Wachowski proponen una nueva clase de figuras masculinas para afrontar el futuro, ya sea el de la ficción o el del mundo real. Ese es el caso de Rama Kandra, un programa del sistema que toma conciencia del concepto de “amor” y pretende arriesgar todo por Sati, la hija nacida de su unión con Kamala, otro programa del sistema y que incluso se permite mantener una conversación acerca del concepto de “amor” con Neo en los primeros compases de Revolutions. Sin olvidar al personaje de The Kid, presentado en el cortometraje Kid’s Story, perteneciente a la antología animada titulada Animatrix y desarrollado en Reloaded y Revolutions. Un joven seguidor fervoroso de Neo -él fue quien le liberó- y que sirve de ejemplo de esa nueva masculinidad alejada de los atributos perpetuados por la cultura popular: rudos, hoscos, agresivos y violentos. Atributos que si contiene el capitán Mifune, el jefe militar de Zion, otro “héroe” de la ficción, como el capitán Lock. Pero los destinos de ambos personajes no pueden ser más diferentes. Si The Kid se convierte en el héroe y última esperanza del asedio de Zion, salvando a su población en el último instante, la vieja masculinidad representada en Mifune cae de manera violenta y gráfica frente a una horda de centinelas que laceran su rostro hasta matarlo, en un acto de violencia tan espectacular como inútil. Por supuesto, esta nueva masculinidad alejada de la toxicidad del pasado es representada en Neo, el protagonista del relato. Un elegido que, como le dice El Arquitecto, ha desarrollado sentimientos particulares y no globales por una sola persona, Trinity. Pero al contrario que en otros relatos de fantasía y ciencia ficción, la relación entre Neo y Trinity no es la de el caballero andante y la damisela en apuros. Existe un equilibrio entre ambos integrantes de la pareja, dos partes de un todo que conforman una simbiosis que hará avanzar a la raza humana y que desarrollaremos más adelante.

La evolución de Neo
Continuando con Neo, el personaje interpretado por Keanu Reeves -una decisión de las Wachowski de alejar al héroe de su relato de las características físicas arquetípicas asociadas a esta clase de héroes de acción- evoluciona a lo largo de las tres partes que conforman la trilogía original. De niño/adolescente impaciente y ebrio de poder al descubrir sus posibilidades casi infinitas de manipular el sistema: su entrenamiento con Morfeo, la exultante frase “Sé kung fu” como si fuera un niño que se hubiera tirado por primera vez de un tobogán o hubiera hecho una voltereta, pasando por sus interminables combates contra los agentes y sobre todo contra el Agente Smith (que es sino la famosa y extenuante secuencia del burly brawl de Matrix Reloaded entre infinitos Agentes Smith y Neo o la pelea en el castillo del Merovingio en la misma entrega, sino unos niños pequeños o unos adolescentes retozando por quién es más hombre en el patio del colegio. Para acabar transformándose en Revolutions en un líder espiritual, tan maduro como frágil, motivado tanto por su conversación con Rama Kushna, como por la percepción de vulnerabilidad y fragilidad provocada por su pérdida de la visión en el mundo real y las dudas de su condición de Elegido.

El resultado y paso de gigante para su evolución en este nuevo y alternativo camino del héroe es la secuencia del Neodämmerung con el que se cierra la trilogía. Previamente Neo, al preguntarle el Deus ex Machina qué es lo que quiere y Neo responderle “La paz”, ya está cambiando las reglas del relato, no solo de Matrix, sino del cine de acción y fantasía. En su enfrentamiento final con el Agente Smith, el espectador siente una sensación de deja vú. Un combate que ya hemos visto. Posiblemente el más espectacular de la trilogía original, pero un enfrentamiento que no tiene fin, con ecos de la burly brawl de Reloaded. Un enfrentamiento en el que lo que realmente está en juego es la nueva masculinidad frente a la masculinidad tóxica, representado en ese Agente Smith elevado al cubo, cuya codicia ya no tiene límites y busca absorber, contaminar y poseer todo, aunque ese todo sea un erial narcisista de su propio ego, vaciado de toda vida. En el otro lado del ring está Neo, que finalmente decide algo pocas veces visto en el clímax de un actioner: rendirse. Para acabar y romper con el ciclo de violencia y siendo consecuente con ese deseo de paz que le había transmitido minutos antes del metraje al Deus ex Machina, permite que Smith le posea, provocando su propia muerte, pero también la del virus insaciable en el que se ha convertido Smith, salvando tanto a máquinas como humanos, en pos de su propia vida.

El festival de espectacularizada ultraviolencia cinética que había sido la trilogía Matrix, termina no con un gran estallido de violencia y venganza, sino con un digamos “coitus interruptus” para aquellos que esperaban la victoria definitiva de alguno de los dos frentes en conflicto. Pero si lo pensamos detenidamente, es el final consecuente con la evolución del relato, la filosofía de las Wachowski y el desarrollo del propio Neo. La revolución no será de mano de las armas, porque para evolucionar, hay que abandonar el camino de las armas que llevó a la situación en la que hombres y máquinas se encuentran estancados.

Visibilizando a las figuras femeninas
Matrix está repleta de figuras femeninas poderosas y que superarían ampliamente el test de Bechdel. Desde su figura fundamental, Trinity, con la que no olvidemos, arranca la primera entrega de la saga y que desarrollaremos más adelante, como la capitana Niobe, una mujer independiente e infinitamente más madura que el resto de capitanes del resto de la flota de rebeldes de Zion. Mientras el resto de capitanes masculinos de Zion menosprecian y se burlan de Neo y su condición de Elegido tras descubrirse que posiblemente no es ese Übermensch que profetizaba tanto Nietzche como las fantasías de poder adolescentes de Morfeo, Niobe es la única que da un salto de fe y le cede su nave: “No creo en el Elegido, pero creo en Neo”. Y tras unas malas experiencias con esos adultolescentes que son Morfeo y Lock, nos reencontramos de nuevo con ella en Matrix Revolutions, no solo como líder de esa nueva actualización de Zion llamada Ion, alejada del ruido y la furia del conflicto bélico, sino en una relación sentimental con una persona de su mismo sexo. Incluso Perséfone -quizá la representación más cercana a los estereotipos de mujer florero del género de fantasía y ciencia ficción, si nos olvidamos de la mujer del vestido rojo de la primera Matrix- aporta su granito de arena ante el asfixiante heteropatriarcado cuando se enfrenta a su marido en dos ocasiones, desbaratando sus planes y demostrando una inteligencia de la que carece su verborreico pero banal marido.

Lo mismo ocurre con otra de las figuras centrales de la saga, el Oráculo, la “madre” de Matrix y rival de su reverso negativo (como Neo lo es de Smith), el Arquitecto. Una entidad digital que al igual que sus contrapartidas humanas en femenino, busca una solución para el eterno conflicto masculinizado de victorias y derrotas, de unos contra otros, de vencedores y vencidos, de sangre y violencia.

Y llegamos a Trinity, la figura femenina fundamental de la trilogía original y eje sobre el que se sustenta el regreso a la saga que es Matrix Resurrections. Una figura femenina y pareja de Neo, que se encuentra en igualdad de condiciones con su partenaire masculino. Tanto es así, que Trinity rescata a Neo no una, sino dos veces, tanto en el clímax de la cinta original, resucitándole e insertándole parte de un código que los unirá a ambos.

Se convertirá en el núcleo narrativo y temático de Matrix Resurrections, como en el inicio de Revolutions, donde el deseo por recuperar a Neo por parte de Trinity, lo define muy bien Perséfone, tras preguntarle el Merovingio si estaría dispuesta a morir por recuperar a Neo: “Ella lo está. Y si tiene que hacerlo, nos matará a todos y cada uno de nosotros”.

Por supuesto que Neo también la salvará, rompiendo los esquemas preestablecidos de las cinco versiones anteriores de Matrix, descolocando al Arquitecto y postergando lo inevitable. Pero en ningún momento las Wachowski la sitúan en un escalafón inferior. Al contrario, a lo largo de la saga veremos como Neo se apoya e incluso es más dependiente de sus sentimientos y de su relación con ella que la propia Trinity.

Casi como si conscientemente, las hermanas decidieran construir al “héroe” del relato a partir de algunos de los atributos habitualmente incorporados a los personajes femeninos y a Trinity de algunos de los que se les suponen a los personajes masculinos.

Esta inversión de atributos hacia los géneros masculinos y femeninos se llevan un paso más allá en Matrix Resurrections. Una cinta que aparentemente sigue el esquema narrativo y estructural de la cinta original -casi como si estuviéramos asistiendo a un reboot del sistema al que se le han añadido algunos upgrades- y donde Neo aparenta ser de nuevo la figura central que sustenta el desarrollo narrativo y argumental del relato. Pero tan lenta como progresivamente, la figura de Trinity comienza a tomar mayor peso en el desarrollo de los acontecimientos.

Pero con una ligera diferencia. La Trinity con la que nos encontramos -de nuevo bajo el rostro y la apariencia de Carrie Anne-Moss- es una mujer llamada Tiffany, esposa y madre de dos hijos que está casada -en un juego meta absolutamente brillante- con un personaje que se encuentra bajo el rostro de Chad Stahelski, el doble de acción de Keanu Reeves y jefe de especialistas en la trilogía original y actual director de la saga John Wick.

Una figura más cercana al concepto de “masculinidad” normativa que el propio Keanu Reeves y que, al contrario que Neo, busca someter a esta versión de Trinity, de la misma manera que ocurriera en EE UU, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la mujer fue aprisionada en el entorno doméstico y alejada de los entornos laborales y puestos de responsabilidad.

Y así, el destino de Neo no es tanto replicar el destino del Elegido tal cual ocurriera en la saga original, sino despertar a Tiffany/Trinity de la opresión heteropatriarcal de una nueva versión de Matrix controlada por la nueva iteración e imagen global de la masculinidad tóxica que combaten Neo y Trinity: El Arquitecto, transformado aquí en el Psiquiatra, bajo la apariencia del actor Neil Patrick Harris. Un Arquitecto que se oculta tras una fachada de empatía de la que carecía su versión primigenia, pero que no es más que un lavado de cara de la misma mirada represora y represiva.

El despertar de Trinity, más poderosa que nunca, se mira de nuevo en la saga original, cuando junto a Neo -para poder despertar ambos del sueño del sistema- deben lanzarse al vacío, desde el tejado de un rascacielos que trae al recuerdo el fallido intento de Neo en el primer filme.

Pero en esta ocasión y jugando de nuevo a ese juego de espejos entre géneros ya habitual en la saga, quien despierta y salva de nuevo a Neo es esta UberTrinity que, junto a Neo, traerá una nueva esperanza y una revolución más duradera a un sistema que de nuevo sirve de alegoría del mundo real en el que vivimos, donde aunque algunos aspectos -al igual que en este nuevo Matrix- han evolucionado en apariencia, todavía queda mucho camino por recorrer para que esos cambios sean permanentes y definitivos.

Entre preguntas, respuestas y numerosos enfrentamientos, la historia se coloca ante una traca final en la cual los fuegos artificiales brillan lo suficiente como para iluminar la sala, pero que adolece de lo ya expuesto; de una amenaza real, de una mayor contundencia en el guion a la hora de tratar con, por ejemplo, los secundarios de turno. Si los sentimientos y las sensaciones validan una ficción, hacia el final me ha faltado el temor y la tensión propios de un buen clímax (los tráiler tampoco ayudan, pero ese es otro tema).

¿Valía la pena tomar la pastilla roja?
En resumidas cuentas, en el debe de Matrix: Resurrecitons podríamos colocar el desacierto de algunos golpes de humor, cierto desatino a la hora de terminar de perfilar algunos personajes y alguna que otra línea de diálogo esperpéntica (no logro entender cómo es posible que, precisamente aquí, se trate de según qué formas el tropo del friki informático). Pero en su haber cuenta con la capacidad de rescatar y reestructurar, de modo eficaz, una ficción que parecía abandonada, atendiendo a algunos de los principios básicos de la misma, y contando con la habilidad de realizar un bonito homenaje mientras lo justifica a nivel diegético. Todo ello sin olvidarse de formar un discurso crítico, sobre el deseo y el temor, que de nuevo vuelve a abrazar lo evidente, sin que por ello pierda valor.

Keanu Revees vuelve a hacer gala de un excelente estado de forma que le permite seguir afrontando papeles de este calibre.
No estamos ante un retorno inapelable, sin embargo, tras su visionado y reconociendo los temores que acudieron a mí cuando se anunció esta cuarta entrega, puedo decir que, en términos generales, salí contento del cine. Matrix: Resurrections no me ha conquistado de la cabeza a los pies, así que atendiendo a las palabras del oráculo, no puedo decir que esté enamorado. Pero sí me ha generado sensaciones vinculadas a aquello que la marca representa en mi cabeza. Matrix es, para mí, un sabor fuerte, una ficción autoconsciente de su idiosincrasia que debe fliparse y exponerse al ridículo, para así llegar donde otros productos no llegan. Lana Wachowski ha velado para que esto sea así y nos ha hecho entrega de un producto que, no solo casa bien con el complejo cierre de Reloaded y Revolutions, sino que trabaja, con mayor acierto que estas, los aromas de la original.

Si aquello que valida una ficción son las sensaciones que provoca, me quedo con la pastilla roja.

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«Ambiciosa. La metaficción de ciencia ficción seguro que divide a la gente. Es la meditación de Lana Wachowski sobre por qué no quería hacer otra película de Matrix… a través de otra película de Matrix. Creador contra destructor».

«Ha habido un momento, en mitad de Matrix Resurrections, en el que he pensado brevemente que era la mejor película jamás hecha y, ¿como no me he convencido de que no lo es? Me ha encantado. Mucha gente va a odiarla. ¡Mi tipo de película favorita!».

«Keanu Reeves da una de sus mejores interpretaciones en Matrix Resurrections. Él y Carrie-Anne Moss siguen teniendo esa química mágica, liderando una película hermosa y dinámica que es áspera en algunos momentos, pero que descubre grandes fichajes como Yahya Abdul-Mateen II y Jessica Henwick».»Sin duda alguna, Matrix Resurrections es mi película favorita de 2021. Es, fácilmente, la mejor película desde la original. Keanu y Carrie-Anne están estelares, la acción es genial y la historia me dejó alucinado. Superó todas las expectativas que tenía».»Matrix Resurrections, pese a (y por) su infinita torpeza, es la secuela más atrevida y vívidamente personal de Hollywood desde Star Wars: Los últimos Jedi».

Es difícil argumentar que los Wachowski estarán cada vez más identificados con un proyecto que con la franquicia Matrix. Si Warner Bros. estuviera tratando de montar una nueva secuela sin su participación, es comprensible por qué Lana elegiría regresar, incluso si solo la vincula aún más con algo de hace dos décadas.

Dicho esto, regresar también le permite darle a su creación algunas actualizaciones serias. Esta no es la Matrix de antaño. Hay nuevas reglas, nuevas ubicaciones e incluso nuevos poderes para Neo y Trinity una vez que sus mentes han sido liberadas de sus prisiones virtuales.

Y si bien puede servir como un punto de partida espiritual para la película, Resurrections profundiza en la tradición de la franquicia en el estilo típico de Matrix. Prepárate para una gran cantidad de exposición sobre lo que ha sucedido desde que Neo aparentemente derrotó a las máquinas, cómo tanto él como Trinity no solo sobrevivieron sino que se encontraron conectados de nuevo a Matrix, y por qué están siendo llamados a la acción una vez más.

Vale la pena señalar lo buenos que son Reeves y Moss para regresar a estos roles que no han tocado en tanto tiempo. La química palpable entre ellos sigue siendo tan fuerte como siempre y verlos interactuar, tanto como Neo y Trinity, como Thomas y Tiff, es simplemente encantador. Además, esta nueva película hace todo lo posible para definir lo que los convierte en una fuerza tan poderosa juntos, al tiempo que expande a sus dos personajes.

Y afortunadamente, tienen una gran cantidad de caras nuevas con las que interactuar. Hay muchas nuevas adiciones y reimaginaciones de personajes en esta película, lo cual es una bendición y una maldición. Hay algunos personajes que encajan perfectamente, mientras que otros están lamentablemente subutilizados debido a la intensa cantidad de historia y exposición que se incluyen en la película.

Es difícil comenzar en otro lugar que no sea con Morfeo. En esta película, aparece una «versión» diferente de Morfeo, interpretado por Yahya Abdul-Mateen II. La existencia misma del personaje es una idea interesante, pero que no se maneja lo suficientemente bien. Si bien se ha especulado que este personaje en particular es una versión más joven del Morfeo que conocíamos, simplemente no es tan fácil.

Aún así, esta nueva versión del icónico personaje tiene mucho potencial. Desafortunadamente, no lo suficiente de la película está dedicada a convertirlo en una adición completa a este universo. Obtenemos pistas sobre lo que lo distingue del Morfeo original, pero no lo suficiente.

Por otro lado, Bugs (Jessica Henwick), es una de las mejores sorpresas de la película. Un capitán de barco y guía de Neo mientras libera su mente una vez más, Bugs es los ojos de la audiencia. Ella sabe de esta figura mítica en Neo y no quiere nada más que verlo en acción una vez más.

Jonathan Groff aparece como una nueva versión del Agente Smith, esta vez trabajando con Thomas en el estudio de videojuegos y haciendo todo lo posible para mantenerlo en línea. El personaje se interpreta principalmente para la comedia en la película, lo cual es un ajuste extraño. Dicho esto, si esta era la ruta que iban a tomar, es bueno que refundieran a Gross en el papel. Hubiera sido difícil creer que la encarnación original de Smith de Hugo Weaving tuviera el mismo tono.

Otro personaje al que se le da una nueva cara es Sati, a quien quizás recuerdes como la niña introducida en Revoluciones. Ella era un programa creado sin un propósito que fue puesto bajo el cuidado del Oráculo. Ahora adulta, Priyanka Chopra asume el papel. Al igual que con Morfeo, Sati es un personaje de Resurrecciones que se siente subutilizado simplemente porque están sucediendo muchas cosas en la película. Con tanta historia para transmitir en una sola película, ninguno de los personajes tiene suficiente desarrollo. Con suerte, eso cambiará en una posible secuela.

El último personaje digno de mención es Niobe, interpretado una vez más por Jada Pinkett-Smith. Ahora, el ex capitán es un líder de alto rango de la resistencia humana y ha envejecido mucho. Tenemos bastantes escenas de Reeves y Pinkett-Smith juntos en la película que muestran cómo Niobe se ha endurecido con el tiempo y juegan muy bien. Es fácil entender en quién se ha convertido después de que la promesa de «la única» no terminara con el gobierno de las máquinas.

Un rasgo fascinante de esta cuarta película de Matrix es que pudiera tener tanta sobreexposición como el resto de las secuelas. Sin embargo, gracias a su insólita virtud de no tomarse demasiado en serio, gana puntos por encima de Recargado y Revoluciones. Lana Wachowski y sus coguionistas dijeron sí a una ligera embarrada de comedia y a un hilarante desplante autorreferencial. Éste es el motor de una de las secuencias más memorables de la cinta, donde la canción «White Rabbit» destaca de fondo musical. No obstante, ¿logrará complacer este nuevo rumbo a los más fanáticos de la saga fílmica?

Con Matrix Resurrecciones, su veterana directora sólo nos muestra una puerta. Será decisión enteramente nuestra si la atravesamos o no.

Neo y Trinity regresan a la gran pantalla el 22 de diciembre con Matrix Resurrections. La nueva entrega de la saga creada por las hermanas Lana y Lilly Wachowski cuenta de nuevo con Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss como protagonistas. Ya puedes ver el nuevo tráiler del filme que ha estrenado Warner Bros.
Dirigida y escrita por Lana Wachowski -la única de las hermanas que ha vuelto en esta entrega-, Matrix Resurrections sigue a Neo tiempo después de los eventos ocurridos en las películas anteriores. El protagonista parece no recordar nada de su vida junto a Trinity. Ella tampoco. Pero la verdad va reapareciendo poco a poco cuando Morfeo vuelve a ofrecer a Neo la pastilla roja.

En esta ocasión, Morfeo está interpretado por Yahya Abdul-Mateen II y no por Laurence Fishburne como en la trilogía original. Es la versión joven del mentor de Neo la que aparece en el filme.

Neil Patrick Harris da vida al terapeuta del protagonista y Priyanka Chopra a la versión adulta de Sati, la protegida de El Oráculo. Jonathan Groff, por su parte, interpreta al nuevo villano. Jessica Henwick completa el reparto principal del filme en el papel de Bugs, una de las miembros del grupo de Morfeo. Sobre estas líneas, no te pierdas el tráiler.

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‘Matrix’ ya tiene más de 20 años y sigue siendo absolutamente relevante. Universal, moderna, completamente opuesta a la gran mayoría de títulos de consumo rápido de aquel verano (o década, o siglo), con ganas de trascender y, lo más importante, razones de sobra para logarlo.

Aunque las modas durante estas dos décadas no hayan dejado de ¿evolucionar? o la tecnología haya ido dando pasos de gigante, ‘Matrix’ sigue siendo un misterio y un trabajo fascinante que todavía hoy no se ha descifrado del todo. Como si la parte del planeta que aún está interesada en esta odisea ciberpunk abandonase su análisis por agotamiento cada cierto número de años para volver a intentarlo después de oxigenar la mente durante un tiempo. Algo que ahora estamos haciendo otra vez ante la inminente llegada de la súper esperada ‘Matrix Resurrections’, el último gran acontecimiento cinematográfico del año, de la década o del siglo.
Se decía, seguramente con razón, que en los pasillos de Warner Bros se conocía el proyecto como «esa película que nadie entiende». ¿Era una historia sobre un mundo paralelo? ¿Sobre una sociedad que permite que los humanos se despierten para luchar contra el dominio de las máquinas que nos obligan a vivir en una simulación? ¿Es de hackers? ¿De kung-fu? Sea lo que sea, lo que está claro es que la película despertó a muchos, o al menos perturbó el sueño de una gran, inmensa, parte del planeta. Como las grandes obras de género de la historia de la humanidad, es una película que trasciende. A ese nivel tal vez los ’12 monos’ de Terry Gilliam sea la única que puede aguantarle la mirada.

Keanu Reeves, uno de los favoritos del público por su carisma y sus buenas elecciones (‘Le llaman Bodhi’, ‘Speed’, ‘Drácula de Bram Stoker’), se convirtió definitivamente en un icono gracias a ese Neo que será recordado para la posteridad. A su lado, un reparto de grandes actores y personajes memorables. Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano o Hugo Weaving siempre estuvieron a la altura de las circunstancias.

Warner ha lanzado un estupendo nuevo tráiler de ‘Matrix Resurrections’. Bastante más breve que el que pudimos ver hace unas semanas, este segundo acierta al volver a jugar la carta del misterio para no desvelar demasiado al espectador. Y además lo hace recordando sus conexiones con el pasado, sin aclarar aún a que se refieren los que hablan de ella como algo autónomo y no una secuela.
Otro detalle llamativo de este nuevo tráiler es que parece pensado para recalcar que ‘Matrix Resurrections’ funciona a modo de reboot de una franquicia que todos dábamos ya por finalizada. Lo hace con estilo, dejándonos claro que vamos a encontrar algo muy familiar pero también diferente. No necesito más para querer verla.
‘Matrix’: 20 influencias e ingredientes que dieron forma a la obra maestra de las Wachowski
Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss vuelve a dar vida aquí a los legendarios Neo y Trinity, quedando en el aire cuál es la explicación utilizada por Lana Wachowski que justifique su vuelta. Además, en el reparto hay otros viejos conocidos como Jada Pinkett Smith (Niobe), Lambert Wilson (Merovingio) y Daniel Bernhardt (Agente Johnson). El reparto principal se completa con Yahya Abdul-Mateen II, Neil Patrick Harris, Jessica Henwick y Jonathan Groff.

Sí, ya sé que con esto de las secuelas tardías hay que tener unos mínimos de cautela y desconfianza, pero con ‘Matrix 4’ se me está haciendo especialmente complicado contener el entusiasmo y moderar las expectativas; sobre todo ahora que parece que se ha abierto la veda y se va a empezar a lanzar material promocional de cara a su estreno a finales de este mismo 2021.

Hora de resucitar
En el marco de la CinemaCon, que se está celebrando esta semana en en Caesars Palace de Las Vegas, la gente de Warner Bros. al fin ha desvelado el título oficial que tendrá el nuevo capítulo de la saga. Este no será otro que ‘The Matrix: Resurrections’; continuando con la tradición de encasquetar un subtítulo que comienza por la letra «R» tras ‘Reloaded’ y ‘Revolutions’.

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