Hasta hace poco tiempo, el término “Woke” [relacionado con el concepto de Despertar] parecía circunscrito al léxico de los campus universitarios estadounidenses, y aún más específicamente, a los círculos más radicales de estos. Esta palabra describía a un grupo especialmente activo de estudiantes norteamericanos, persuadidos de ser batmans cruzados de la justicia social, movilizados primordialmente por cuestiones de “raza” y “género”, y dispuestos, a cualquier costo, a emprender un juicio definitivo contra el mundo occidental, y en particular, contra el hombre blanco, a quien consideraban el epítome de toda abyección.

Este movimiento se caracterizaba por su extremismo e incluso por su fanatismo, convencido, como sigue estando, de poseer el monopolio de la verdad, la justicia y el bien.
Pues bien, este movimiento cruzo universos y tiempo hasta llegar a una galaxia muy muy lejana, una donde los jedis y los sith querían marcar al orden de la diversión más naif, esa donde la historia y los personajes sin aristas estaban al servicio de la imagen y la técnica para crear sensaciones nunca vistas antes en pantalla. Allá donde los malos vestían de negro y los buenos lo hacían de blanco, allá donde las princesas eran bellas y valientes y los héroes acababan con el mal. Allá donde el muro de la diversión y la inocencia ponía fin a la maldad del mundo real, llegó un movimiento social, cultural y sobre todo político, dispuesto a destruir bajo la bandera de la justicia lo que a tantos nos enamoró, ese universo de Lucas creado para dar algo de luz a las tinieblas que nos rodean.

Y seguro que el movimiento woke parte de una verdad incontestable y posee como origen una igualdad que el mundo nunca ha tenido y debería tener, el problema es que lo hace bajo un orden incorrecto y en lugares incorrectos. De este modo cuando Lucas vendió su universo lo hizo de forma total, su universo ya nunca será aquel lugar de cuentos y princesas como Disney tampoco será jamás ya, ese mundo de cuentos y princesas. El mundo se ha trasformado y el odio que deberíamos erradicar lo único que ha hecho es crecer. Mientras un grupo de afiliados al woke destroza la saga cinematográfica de nuestra niñez, otro grupo de trolles racistas destroza nuestro día a día con insultos bajo una bandera cobarde e invisible llamada X.

Así la guerra es más grande de lo que fue y eso genera dinero porque de eso tratan las guerras, de que unos se hagan ricos gracias a la ignorancia de los necios. Y estos, los necios, gritan y entran en cólera mientras los ineptos siguen creando idioteces políticos en nuestra galaxia lejana, esa que Lucas nunca debió vender y Disney nunca debió comprar.

Star Wars siempre estuvo poblada de mujeres valientes, de gente de diversas razas y diversas orientaciones, siempre fue un mundo donde la diversidad fue la base de su existencia porque así lo dispuso su creador de forma natural. Ahora es un lugar antinatura donde los extremistas ya sea en forma de creadores o de público, están convirtiendo Star Wars en un juguete roto.