Videoclub Gratis | EL SARGENTO NEGRO | Obras maestras

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En Arizona, en el Fuerte Linton, se celebra un consejo de guerra para juzgar a un sargento negro acusado de la violación y el asesinato de una joven blanca. El sargento Rutledge, ha sido siempre un militar valiente y ejemplar, un modelo para todos sus soldados, pero ahora el ejército le cree culpable.

Singular western de John Ford. Escrito por Willis Goldbeck («El hombre que mató a Liberty Valance») y James Warner Bellah, se basa en un relato de este último, publicado (1958-59) en el «Saturday Evening Post». Se rueda en exteriores de Utah (Monument Valley y Mexican Hat) y en los platós de Warner Studios, con un presupuesto modesto. Producido por Willis Goldbeck y Patricia Ford, se estrena el 18-V-1960 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en Arizona en 1881, a lo largo de unos pocos días. El sargento primero de Caballería Braxton Rutledge (Strode), sospechoso del asesinato de su superior, el mayor Dabney, y de la violación y asesinato de su hija Lucy, es sometido a Consejo de Guerra. Intervienen en él como defensor el teniente Cantrell (Hunter), como testigo principal Mary Beecher (Towers) y como presidente del Tribunal el coronel Otis Fosgate (Bouchey). El sargento Rutledge lleva 7 años de empleo, con una brillante hoja de servicios. El teniente es idealista, impetuoso y perspicaz. El coronel es recto, justo e irónico. La testigo Mary, inteligente y fuerte, es el contrapunto de la superficialidad y bobería de las esposas de los oficiales.

El film es un western con elementos de cine policiaco y de película de juicios. Retoma un proyecto trabajado por André de Toth para la Warner, enmarcado en un tiempo contemporáneo, que se había abandonado en 1957. Ford dota a la obra de una vigorosa fuerza narrativa, que asienta sobre una estructura básica de flashbacks. Consigue captar el interés del público y retener su atención. La intriga sobre la identidad del asesino alimenta la tensión, que se ve potenciada con subrayados sobre la honorabilidad del sargento. Desarrolla la historia con elipsis puestas al servicio de una admirable economía de medios y un ritmo ágil y sostenido. Los roces entre el abogado defensor y el fiscal y las intervenciones del presidente del tribunal aportan brillantez, emoción y humor. En sus manos, un relato sencillo y breve consigue un alto nivel de tensión dramática y, a la vez, de satisfacción del público. Se apoya en una visualidad magnífica, una música grata y eficaz de acompañamiento y una bonita canción de encargo, «Buffalo Soldiers», creada por Mark David y Jeremy Livingstone.

Ford, en ocasiones acusado por la crítica de racismo, realiza en esta ocasión una obra enfocada claramente a combatirlo. Para ello no recurre a un aburrido discurso de confrontación. Se sirve de los recursos del cine para explicar la falsedad de los prejuicios racistas y rebatirlos. No hay ni etnias superiores, ni etnias inferiores, dice. La inteligencia, valentía, honorabilidad, dotes de mando, constancia y eficacia en la lucha del sargento Rutledge así lo explican y justifican. Por ellas ha merecido los ascensos que en 7 años le han llevado a ostentar la graduación máxima permitida entonces a un militar de color.

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