Videoclub Gratis | EL MAESTRO DEL AGUA

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Como si tomara a Mel Gibson -otro actor australiano convertido en director- como espejo en el que mirarse, Russell Crowe ha elegido un estilo marcadamente clásico para su primer largometraje trás las cámaras. “El Maestro del Agua” es un proyecto ambicioso y no exento de riesgos para un debut. Un viaje que navega entre el retrato intimista y las grandes epopeyas con hechuras de superproducción.

Ambientada un año después del fin de la primera guerra mundial, el film centra su atención en las consecuencias de la batalla de Galípoli entre las fuerzas militares de Australia y Nueva Zelanda y el ejército turco, en especial la dolorosa pérdida de los tres hijos de un granjero zahorí de la Australia rural.

Ante lo ambicioso del proyecto, Crowe cumple de sobra con la primera premisa de cualquier director: rodéate de los mejores. En el apartado interpretativo su talento está fuera de toda duda a estas alturas. Es muy bueno, lo sabe y demuestra que no es imprescindible que alguién le muestre el camino para componer el más minucioso retrato posible de Joshua Connor, su personaje. Protagonista absoluto de la historia, Crowe se echa a las espaldas la película también delante de las cámaras para contar la odisea de un hombre que lo ha perdido todo, al que su intuición innata llevará al otro lado del mundo en busca de esperanza.

Crowe se rodea de un elenco muy solvente empezando por Ayshe, una Olga Kurylenko perfecta de nuevo en su dominio de los acentos (el turco en esta ocasión) que empieza a pedir a gritos un papel verdaderamente protagonista, alejado de ser siempre el objeto romántico del protagonista. También es agradable comprobar como se desenvuelve Jai Courtney lejos del género de acción, pero si duda la gran revelación es Yilmaz Erdogan. Fantástico en cada segundo de su actuación, extremadamente convincente como sabio hombre de honor atrapado en las conscuencias y la sinrazón de la guerra y derrochando presencia y química en su relación con Crowe y con Cem Yilmaz, el actor turco que interpreta a su lugarteniente.

Al buen trabajo del elenco de actores hay que sumarle otro aspecto técnico que eleva a “El Maestro del Agua” por encima de la media: el maravilloso trabajo de fotografía del maestro Andrew Lesnie. El ganador del Oscar por su labor en “El Señor de los Anillos” otorga a la película un acabado final majestuoso, muy especialmente en el espectacular abanico cromático que crea para la ciudad de Constantinopla y la impresionante manera de resaltar la belleza, textura y colorido del vestuario.

Quizá solo un par de aspectos pueden cuestionarse para que la película no termine de ser completamente redonda. Uno es la estructura del guión que da la sensación de intentar abarcar demasiado. A veces parece que el libreto estuviera destinado a convertirse en una gran novela o una mini-serie televisiva, más que en un largometraje de una hora y cincuenta minutos. En su empeño por retratar de manera tan minuciosa la experiencia vital por la que pasa su protagonista, el relato se dispersa y se aleja demasiado de la potente trama principal. De esta manera hay fragmentos en los que literalmente te olvidas de que el protagonista se encuentra buscando los cuerpos de sus hijos caidos en combate mientras se desarrolla su historia de amor, conoce las costumbres de la sociedad turca o se relaciona con el pequeño hijo de Ayshe.

El otro aspecto es que es poco sutil en su intención de emocionar y algo obsesiva en su continuo empeño de resultar bonita. Sobre todo en el uso tan marcado de la banda sonora (realmente preciosa) que parece invitarte a empujones a que te emociones durante cada segundo de película. Puede que una enfatización algo excesiva en una historia lo suficientemente potente e intensa en el aspecto dramático.

Pequeños pecados de exceso que no ensombrecen los numerosísimos aciertos de una opera prima de lo más recomendable. “El Maestro del Agua” es un conmovedor alegato antibelicista y una gran odisea vital, dramática, emocionante y realmente bella. Un debut que verdaderamente no lo parece.