‘Cliff Walkers’: Zhang Yimou vuelve con este trepidante thriller de espías que ha llegado a los cines con un año de retraso

Zhang Yimou es uno de los cineastas chinos más importantes del momento. Tras las fantásticas ‘Un segundo’ y ‘Sombra’ (haremos el esfuerzo de olvidar ‘La gran muralla’) estrena ‘Cliff Walkers’, un thriller de espionaje que ha tardado un año en llegar a la cartelera española.

Espionaje dentro del espionaje
En la China de los años 30, un grupo de espías entrenados en la URSS vuelven a su país para investigar unos experimentos terribles perpetrados por el ejército japonés. Completar la misión no será fácil, ya que enseguida se verán envueltos en una trama de contraespionaje en la que nada ni nadie será lo que parece.

El estreno de ‘Cliff Walkers’ y ‘Un segundo’, las dos últimas películas de Yimou, se vio afectado por la pandemia. Si bien ambas películas pasaron por festivales el año pasado, su llegada a la cartelera no ha sido un camino fácil y, en el caso de esta cinta, ha tenido que pasar más de un año para que se haya exhibido en cines españoles.

A lo largo de su filmografía, Zhang Yimou ha demostrado tener dos facetas en las que se mueve como pez en el agua: los Wuxia más espectaculares (‘La casa de las dagas voladoras’, ‘Hero’) y los relatos intimistas históricos (‘Amor bajo el árbol del espino’, ‘Regreso a casa’). Dos vertientes aparentemente antagónicas y que, sin embargo, Yimou maneja magistralmente.

En este filme, el director se pasa al género del espionaje con una historia no tan redonda como sus mejores trabajos. La trama peca de ser confusa por momentos, haciendo que a veces sea difícil para el espectador ubicarse en el enrevesado entramado de personajes (tenemos a espías de un bando que fingen ser espías del otro y no pocos se cambian de lado más de una vez).

Cuando ya te acostumbras a los constantes cruces, como thriller consigue mantener el interés y es bastante entretenido, aunque quizá los seguidores del cineasta echen en falta una mayor profundidad emocional en los personajes.

Lo que verdaderamente destaca en la cinta es uno de los principales rasgos del cine de Yimou: el apartado visual. El director cuenta de nuevo con Xiaoding Zhao, director de fotografía de muchas de sus películas más espectaculares, para retratar el paisaje nevado en imágenes de una belleza sobrecogedora.

Ambientada en la China de los años 30, durante el gobierno títere japonés, la última película de Zhang Yimou es una cinta de espionaje construida a base de set pieces donde la destreza del director es ejemplificada una vez más, al margen de un aspecto visual imponente con grandes angulares y una fotografía que aprovecha al máximo tanto los paisajes nevados como las escenas nocturnas y aunque el guion está bien elaborado en el nivel de la trama de espionaje con las habituales trampas y engaños, sus agentes dobles y sus comunicaciones en clave no es tan eficaz en el tratamiento de los dilemas emocionales de los protagonistas, que afean un poco el resultado, y eso obviando que los comunistas buenos son muy buenos y los colaboracionistas malos muy malos, que es algo que también resulta demasiado forzado (y representativo). No deja de ser un ejemplo de guion regulero que gana (y mucho) con su puesta en imágenes.