Videoclub Gratis | EL ARRECIFE DE LA MUERTE

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Fue nominada al Oscar a mejor fotografía a color en 1953 y además tiene en la banda sonora al genio de Bernard Herrmann.

Los Rhys y los Petrakis son dos familias dedicadas al buceo y a la recolección de esponjas marinas. Cuando Mike Petrakis va a bucear a una peligrosa zona que pertenece al territorio de los Rhys y sufre un fatal accidente, se desencadena la guerra entre los dos clanes

«¡¡¡Algo que usted no ha visto jamás!!!
El primer Cinemascope submarino
DUELO EN EL FONDO DEL MAR
La existencia peligrosa y violenta de los pescadores de esponjas en un espectáculo único e incomparable (Autorizado para todos los públicos)».

Así rezaba la publicidad del programa de mano del Teatro PRINCIPAL de Mahón, allá por noviembre de 1955.
En Bilbao lo estrenó el Teatro Ayala.

Vista dos veces en mi vida, la primera de ellas, hace un millón de años (más o menos), mi opinión fue esta:

«Entretenida película de aventuras, donde el melodrama y la comedia se alternan con precisión.
Bonita fotografía y bellos paisajes.
Gusta, aunque creo se olvida con facilidad».

Bien, vista por segunda vez, en una cadena privada de televisión, en septiembre de 2020, mi opinión es más o menos la misma en cuanto a que me ha vuelto a gustar. Lo del «melodrama y, sobre todo, la comedia», ahora mismo no sé porqué lo destaqué.
Es un cine de aventuras clásico, de los que en el Hollywood de los años cincuenta del pasado siglo se hacían con profusión, sentido del espectáculo, cariño y dedicación.
Es muy entretenida y su visión resulta fácil, siendo por ello, quizás, no difícilmente olvidable pasado un tiempo. Pero mientras se ve gusta y hace pasar un rato muy ameno.
Es un placer ver a muy estimables intérpretes como el siempre dinámico Gilbert Roland, el gran Richard Boone (en un papel por debajo de su valía) y el siempre excelente J. Carroll Naish. Por su parte está de protagonista un muy joven Robert Wagner tratando de encontrar su lugar en Holllywood.
Lo mejor, sin duda, es el empaque técnico, con una soberbia banda sonora de Bernard Herrman y cómo no, la exquisita fotografía (nominada al Óscar) a todo color y en Cinemascope, de Edward Cronjager.
El final, un tanto facilón, pero se perdona pues antes hemos disfrutado con este ejemplo del cine hecho con amor en el Hollywood de mediados del siglo pasado.
Un cine, sin duda, que ya no se hace salvo en contados ocasiones (y que no suele tener mucho éxito comercial, por cierto).

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