Cuando la cámara hiperactiva de Sam Raimi fue una cantera de cinéfilos

Cuando la cámara hiperactiva de Sam Raimi fue una cantera de cinéfilos

Era entre finales de los 80s y principios de los 90s cuando el videoclub estaba en plena erupción y las editoras del país lanzaban revistas de cine para aburrir.

Para los más jóvenes de aquellos años con derecho a alquilar sin presencia de sus padres, los reyes eran por supuesto las grandes cintas de acción y comerciales de aquellos años y el terror de serie B y, en kioskos (unas cajas cuadradas empapeladas que estaban por toda la ciudad), revistas de la talla de ‘Fantastic Magazine’, ‘Fangoria’ o ‘Cine de acción’.

Cuando la cámara hiperactiva de Sam Raimi fue una cantera de cinéfilos

Estás publicaciones escritas dicho sea de paso, por plumas de cierto interés (olvidaros de Rubius o similares), eran la gran fuente de sabiduría para todos los adolescentes que veían en el cine algo más que un simple entretenimiento.

Por supuesto en revistas como ‘Dirigido por’ o ‘Fotogramas’ las tesis fílmicas se basaban en grandes cineastas de prestigio tanto del pasado como de finales de siglo XX, pero en estas otras revistas enfocadas mucho más hacia lo jóvenes, las tesis estaban destinadas a jóvenes promesas o clásicos de la serie B o la acción. Así que nombres como los de McTiernan, James Cameron, Spielberg o John Carpenter eran habituales junto a los Peter Jackson o los Sam Raimi de turno, este ultimo fue una fuente inacabable de gestación de cinéfilos.

Uno pasa a ser cinéfilo cuando se da cuenta que son igual de importantes el “qué” le cuentan y el “como”, es ahí cuando uno abre su vista y en modo ‘Matrix” empieza a ver código que antes no veía y claro, para ver ese código es mejor empezar por símbolos bien grandes.

Y para símbolos grandes que más claro que esas locas angulaciones de cámara que usaba Sam Raimi y sobre todo esos vertiginosos movimientos de cámara con el logro añadido de no poseer una steadycam.

Raimi y su equipo se las apañaban en sus inicios con sillas de rueda, cámaras ancladas al capó de los coches y similares, toda una proeza para las posibilidades. El caso es que aquello hizo ver a una generación que la forma del cine era igual o más importante que el fondo y tras las aberraciones fílmicas a base de ingenio empezamos a notar otras más refinadas gracias al steadycam (sobre  todo movido por Jim Muro) como ”Le llaman Bodhi’, ‘Jungla de Cristal’ y similares pero sin duda que fueron aquellas “Posesiones infernales” de Sam Raimi, los inicios de Tim Burton o incluso las primeras obras de los; hermanos Cohen, las que gracias a ellas mismas, a los videoclubs y a las revistas, crearon una legión de cinéfilos que empezaron a leer código Matrix primitivo en sus inicios y sofisticado en su final.