Obras maestras by Lucen | E.T. (E.llioT.)

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Aunque para la mayoría de público E.T. significa Extraterrestre, realmente o más bien internamente, en el título de la película de Spielberg esas siglas hacen referencia al nombre de su protagonista: Elliot. Y es que la verdadera naturaleza de la obra nos habla del paso de niño a adulto que debe ejercer el joven Elliot quien a su vez es el reflejo del propio Spielberg.

Spielberg nació en un hogar muy peculiar, uno en el que su madre le obligaba a él y a sus hermanas a no crecer, a ser Peter Pan de por vida o al menos, a no perder nunca el espíritu de niños que tanto gustaba a su progenitora. Pero, el pequeño Steven se dio cuenta ya bastante crecidito que el paso al mundo de los adultos era obligatorio y por tanto debería llegar en algún momento aunque no le hiciese la más mínima gracia. Y eso va E.T., del paso de niño a adulto de su creador.

UNIENDO IDEAS Y CONCEPTOS

El director de Tiburón vincula a Elliot y a E.T. mediante mente, nombre e imagen. A nivel mental lo hace de forma explícita y es una parte más de la trama o de la historia de aventura y ciencia ficción que en la película se nos cuenta. A nivel de nombre ya hemos citado como; y a nivel de imagen lo hace mediante el rojo, color del corazón lumínico de E.T. y de la sudadera que viste Elliot. Estos tres resortes visuales y narrativos sirven para crear un uno dividido en dos imágenes o ideas. Una la de Elliot quien simboliza el ser que inexorablemente debe crecer, y otra la de E.T. que simboliza esa parte infantil y fantástica que no se quiere marchar.

Elliot y E.T. unidos por el color rojo

Spielberg no muestra nunca el rostro de los adultos salvo al final, a excepción del de la madre de Elliot, quien a su vez es la propia madre del director y como ya hemos explicado, esta pertenece al mundo de los niños y no al de los adultos, de ahí que su rostro sea visible desde el minuto inicial.

Así, los adultos a excepción de la madre son por tanto el villano de la función y siempre se muestran de modo amenazador ya sea en forma de siluetas oscuras, llaves que se suenan de forma nerviosa, linternas que se mueven en la oscuridad alterando la calma, terroríficos trajes de otro mundo o manos que agarran a Elliot de la oreja para llevarlo directamente al infierno como ocurre en el caso del profesor.

El primer rostro de un adulto lo vemos en la piel de Peter Coyote casi al final del filme, primero en solitario iluminado como una deidad y después en un plano conjunto formado por el propio rostro de Coyote tras un casco, y el reflejo de Elliot en él que se superpone para dejar claro que el momento clave ha llegado. Es a partir de ahí cuando empieza a forjarse el adiós entre E.T. y Elliot o lo que es lo mismo entre el niño y el adulto. La historia llega a su fin.

Elliot por fin conoce su futuro: convertirse en adulto de forma inexorable

El plano final muestra a E.T. y Elliot fundidos en una sola figura y un mismo color, el rojo, y es ahí cuando la fantasía (el extraterrestre) entra en su nave espacial para dejar en tierra al niño transformado en hombre.

E.T. es una obra maestra del cine a la altura de los mejores trabajos de Hitchcock, Ford o Hawks por citar algunos genios del cine. Funciona de forma perfecta en todos los estratos narrativos, ya sea el ahora descrito, o el «superficial», es decir, esa preciosa historia donde un niño adopta a un ser de otro planeta que es capaz de hacerle volar entre lunas y picos de Abeto tanto a como a todos los que se acercan a una pantalla para disfrutar.

El siguiente trabajo en solitario de Steven Spielberg sería ‘El Color Purpura’, la primera película suya acuñada como cine para «adultos».

Autor y su reflejo

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