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En el transcurso de un día a bordo de un yate de vela se establecerá un extraño triángulo entre tres personas, una pareja y un hombre, de diferentes estratos sociales, convirtiéndose la mujer en el centro de una lucha de poder entre los dos hombres.

EL CUCHILLO DE LA CENSURA

En la exhibición ante las autoridades gubernamentales hubo quejas sobre los desnudos de la protagonista y respecto al final ambiguo, mientras el Secretario del Partido Comunista, Wladyslaw Gomulk, arrojó un cenicero contra la pantalla de cine mostrando su rechazo. Los críticos de cine no fueron menos benévolos. Terminaba así un proyecto que se había iniciado más de dos años antes, cuando a Polanski se le ocurrió una idea para un largometraje: “Desde el principio la historia tenía que ver con la interacción de personalidades antagónicas en un espacio confinado. Aunque teatral, la noción de aislar a tres personas en el mundo perdió su teatralidad cuando el entorno pasó a ser un velero. Escribí un breve esbozo y pronto firmé un contrato con la productora polaca Kamera”, relata Polanski en su autobiografía Roman, publicada en 1984.
La película iba a llamarse El Cuchillo en el agua (Nóz w wodzie, 1962) e inicialmente el guion lo empezó a escribir junto a Kuba Goldberg, sin avanzar mucho. Aparece en escena Jerzy Skolimowski, un poeta y boxeador aficionado que aspiraba a entrar a la Escuela de Lodz. Entre él y Polanski darán cuerpo definitivo al guion, cuyo relato ya no se extiendía a lo largo de tres o cuatro días, sino que se concentra –la idea fue de Skolimowski- en el lapso de 24 horas. Luego de tres semanas de intenso trabajo, los coguionistas enviaron el proyecto al Ministerio de la Cultura, que lo rechazó por “preocupaciones temáticas” y “cuestionables valores morales”, recomendando una serie de cambios indispensables para su aprobación, incluyendo un compromiso social afín a la política comunista y una moraleja que el público pudiera aprender. Año y medio más tarde Polanski volvió a someter el guion al Ministerio con algunas escenas remendadas y unos diálogos añadidos. Esta vez fue aprobado.

EROTISMO EN BLANCO Y NEGRO

En blanco y negro, y con una carga erótica que desborda la pantalla, “El cuchillo en el agua” se vale de muchos elementos dentro de la modesta escenografía para reforzar simbólicamente la competencia iniciada entre el joven y viril desconocido por un lado (Zygmunt Malanowicz), y el mayor pero experimentado Andrzej (Leon Niemczyk) por el otro: cuchillos y mástiles son algunos de los objetos que por su tamaño y ubicación en los planos, emularán lo fálico puesto en juego arriba del barco. Pero pese a que inicialmente podríamos pensar que se trata de un enfrentamiento en donde los dos hombres luchan por ganar la atención de Christine (Jolanta Umecka) la mujer, en cambio, pasa casi inmediatamente a segundo plano y en realidad se trata de una lucha desplegada en donde el ganador parece llevarse como premio el trofeo a la masculinidad; no por una figura femenina, sino por el simple narcisismo de saberse “más hombre” frente a su oponente.
Aunque Christine no sea –al comienzo– la razón que promueve la competencia, su rol cobra importancia cuando se posiciona como árbitro dentro de este pequeño ring de boxeo extendido en plena navegación. Es ella la que estipula quién se lleva “el punto” del round, se trata de un tablero que aunque invisible puede notarse nítidamente en la embarcación: avalando las historias de su marido algunas veces, dejando en ridículo al joven en otras, o menospreciando los intereses de Andrzej; son algunas de las formas en los que la bella esposa demuestra quién “va ganando”.

SIMBOLISMO SOCIAL POLACO

-Andrzej, el hombre maduro, representaría a la clase dirigente de la sociedad polaca -o de cualquier sociedad con estas características dadas-, orgullosa de su posición (esposa, bienes materiales como el yate, el coche que conducen) y por encima de las clases populares a las que un día perteneció, viéndose más tentado a medirse con aquellos que no se encuentran en su círculo (en este caso el chico más humilde y más joven) que a ayudarles. Al comienzo del film ya le vemos tomando el control del automóvil y, una vez que entran en el yate, suelta comentarios del tipo “yo soy el único que puedo controlar la caña (el timón)” o “dentro de un barco sólo hay un capitán”. También aparece encuadrado junto a la brújula o el mapa que marcan la dirección a seguir por el barco.
Se puede pensar que su invitación para que el joven se suba a bordo es un tanto irreal (¿no querrá pasar un buen rato con su mujer en vez de aguantar a este desconocido?), pero poco a poco nos damos cuenta de que su disfrute no se basa en la posesión, sino en la competición más instintiva: yo soy más fuerte, más inteligente y con más lujos que tú. Es el hombre pobre que llega a tocar poder y pasa a formar parte del sistema (¿no nos recuerda al personaje de Jean Dujardin en El oficial y el espía [2019] del propio Polanski?), alardeando de ello a un “nivel de primero de neanderthal” y sin ninguna conciencia de clase. También cabe destacar su comentario acerca de un contramaestre que tuvo como instructor: aunque hablasen de un roble, si él decía que era un sauce,  entonces no se discutía que era un sauce. Pura perspectiva negativa del director hacia el régimen pro soviético.

SUSPENSE EN ALTAMAR

La principal baza de la película es su atmósfera inquietante y claustrofóbica, aunque resulte mucho menos agobiante y siniestra que en la denominada trilogía de los apartamentos. Tal y como sucede con las tres obras más asfixiantes del polaco y con la infravalorada Lunas de hiel, el debut de Polanski cuenta con un trasfondo de sexo y violencia en el ambiente. En este caso por juntar a dos jóvenes atractivos con poca ropa en un espacio tan reducido y por la presencia constante del cuchillo al cual hace referencia el título, perteneciente al joven invitado, que atenúa los intentos de desprecio y burla del periodista hacia el joven. Cada aparición del cuchillo crea una sensación de zozobra debido a la incertidumbre generada por las intenciones reales de su dueño, de quien solo sabemos que hace autoestop y estudia. De todos modos, el director polaco, como casi siempre, se preocupa más de los aspectos psicológicos para mostrar las diferentes perspectivas y la evolución de cada uno de los personajes para ayudar a comprender sus actos.
Polanski, además de mostrar la absurda guerra de egos de los dos hombres, nos habla del conflicto generacional y de la crisis de una pareja (en la que parece inspirarse la letra de una canción que canta la joven mujer en una de sus veladas), con unos personajes excitados, al borde de explotar. Unos seres siempre construidos a través del contexto que son presentados incidiendo en el contraste de sus personalidades, sin dar demasiadas pistas sobre ellos. Este aspecto impide averiguar durante la primera mitad cuáles son sus implicaciones emocionales reales. La chica, que ya había tenido un percance con su marido al comienzo de la narración, parece más avergonzada de éste conforme avanza el metraje. Las miradas y los gestos de ésta  delatan cierta atracción hacia el joven mientras le observa subirse a lo más alto de la embarcación y sigue la ridícula competición de los machos a la espera de su momento.

PREMIOS PARA UN DEBUT

“El cuchillo en el agua” fue nominado como a Mejor película extranjera para los Óscar de 1964 y dio inicio a la prolífera carrera en la pantalla grande de Roman Polanski. Esta película le significó un viaje a Inglaterra para filmar “Repulsión”, su primer film en inglés para, desde ese momento, no bajarse de los altos pedestales del mundo del cine. Entonces, qué mejor que arrancar a conocer la obra de Roman Polanski con su primer largometraje.






Primer largometraje de Roman Polanski, realizado tras dirigir 5 cortos (1956-62). Escrito por el propio Polanski en colaboración con el futuro realizador Jerzy Skolimowski, desarrolla un argumento original de Polanski y Jakub Goldberg. Se rueda en el lago Mazury (Polonia). Nominado al Oscar a la mejor película en lengua extranjera, gana el Fipresci de Venecia. Producido por Stanislaw Zylewicz, se estrena el 9-III-1962 (Polonia).

La acción tiene lugar en un velero sin motor, en el lago Mazury, entre la mañana de un domingo y la del lunes. El periodista Andrej (Niemczyk) y su esposa Krystyna (Umecka) se disponen a pasar una jornada de recreo en el velero "Christine". En el camino de Varsovia a Mazury encuentran a un joven autostopista (Malanowicz), al que invitan a compartir la jornada de navegación. Andrej es un acreditado cronista deportivo, de unos 35 años y posición económica desahogada. Krystyna es una mujer independiente, que comparte las labores domésticas y familiares con el marido (conducir, preparar la comida, manejar el velero). El joven estudiante, de 19 años, fuerte, astuto y seductor, siente preferencia por los espacios abiertos.
El film suma drama y thriller. Desarrolla un interesante estudio de los personajes, sus interrelaciones y sus choques. Los perfila con maestría, profundidad, eficacia narrativa y escasísimos medios. La película plantea una implacable competición entre Andrej y el joven, encaminada a demostrar ante la chica la superioridad, intelectual y física, de cada uno de ellos. El juego inicial es inocente, pero pronto deriva en un crescendo de tensión y suspense, en el que no faltan duelos de dominación y sumisión y lances despiadados de engaño, deslealtad y traición. El film incorpora una atmósfera de tenso erotismo, patente sobre todo en la escena del juego de las prendas. La presencia del sexo cumple, como en otros films del autor, funciones perturbadoras de la acción y de la percepción del espectador.

La afición de Polanski a introducir elementos inesperados que alteran el orden de las cosas con consecuencias imprevisibles, se concreta en la súbita aparición del autostopista y su incorporación al grupo. A partir de una historia sencilla, Polanski crea una narración compleja, absorbente y maliciosa, en la que todos devienen víctimas. El humor está sutilmente presente a lo largo de la cinta: involuntario balanceo de Krystyna en bikini por el movimiento del barco, atención de Andrej a la emisión por radio de un combate de boxeo mientras la chica y el joven se cruzan miradas escrutadoras, etc. El film basa su fuerza en la insinuación y la sugerencia. En un espacio mínimo crea situaciones de abrumadora intensidad. Polanski hace gala de su admiración por Hitchcock ("Náufragos", 1943), Orson Welles ("La dama de Shanghai", 1948) y René Clément ("A pleno sol", 1960).


Título original
Nóz W. Wodzie (Knife in the Water)
Año
1962
Duración
94 min.
País
Polonia Polonia
Dirección
Roman Polanski
Guion
Roman Polanski, Jerzy Skolimowski, Jakub Goldberg
Música
Christopher Komeda
Fotografía
Jerzy Lipman (B&W)
Reparto
Leon Niemczyk, Jolanta Umecka, Zygmunt Malanowicz
Productora
Kamera-Film
Género
Drama | Drama psicológico. Vela




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