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Hay un ejercicio fílmico muy recomendable que es simplemente ver la visión de Clint Eastwood sobre los días de pre-rodaje de John Huston en la sabana mientras trataba de cazar un gran elefante blanco, y acto después ver la visión de Huston sobre las aventuras de Bogart y Hepburn a través de las aguas africanas y todo, en una sola imagen.


El azul acuático es el elemento por el que navega la historia de Huston mientras que la árida tierra blanca lo es para la obra de Eastwood.
La segunda escena de La Reina de África nos deja en encuadre pictórico a máximo color, que se contrapone de forma perfecta con la otra gran composición pictórica que ofrece Cazador Blanco, Corazón Negro a mitad de film.


En ambas imágenes vemos de forma clara el estilo visual con el que ambos directores tratan dos de las películas claves de su tiempo.
Mientras Huston muestra el calor de la oscuridad del hogar, Eastwood sólo muestra el frio pero, ambos lo hacen con una composición tan perfecta y común como distinta.

En la primera imagen vemos como el trío y su devenir van a ser el inicio de la aventura, un trío que descansa bajo una penumbra iluminada por el umbral de una puerta que recoge en el centro de la imagen al héroe dismitificado.
Mientras, en la segunda el héroe también dismitificado se aparta de la composición grupal para meditar totalmente en solitario enmarcado por la oscuridad más absoluta. 
Así vemos como el personaje de Bogart es el centro de la historia, es la esperanza que salvará, ayudará y será salvado y ayudado por el otro héroe del filme o más concretamente heroína. Charlie no es un héroe al uso, es más bien un antiheroe pero la composición lo quiere, lo ilumina y los destaca.

A John Wilson, la composición también lo destaca, pero en cambio lo aleja y lo distancia del resto de personajes además de envolverlo en la oscuridad más absoluta. Así, mientras Charlie es salvado y salvador por y del entorno, Wilson produce el efecto contrario a todo aquel que se le acerca lo que lo termina convirtiendo en un ser amargo y destructivo. Todo lo contrario que Charlie.

La historia de ambos filmes ya la conocemos todos. De la película de Huston nunca sabremos la realidad en la que se basa, pero si sabemos que nos habla de la esperanza y de la ilusión ante un situación extrema y caótica. Nos habla de héroes anónimos con capacidad de creación que buscan un bien mayor. La obra de Eastwood tampoco sabremos nunca que parte de realidad posee pero si sabemos que nos habla de la destrucción del creador, de la fagocidad de lo egocéntrico y del caos que causa entre la paz que le rodea.

Así, la obra teatral de Huston es un canto a la esperanza, un camino sin retorno entre las aguas coloridas de un río, mientras que el camino sin retorno de Eastwood es una obra que va directa a la oscuridad del ser.
En ambas películas hay un objetivo que cazar y destruir pero sin duda es muy distinto.
Eso sí, lo que tienen en común es que ambas son dos obra claves del cine que nadie se debe perder.

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