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Shakespeare siempre ha estado presenta en el cine a lo largo de los años y muchos han querido llevar la experiencia escrita del famoso escritor inglés a imágenes. De todos ellos quizás tres nombres son los que mejor han retratado la esencia del creador de Romeo y Julieta entre tantas otras. Orson Welles es el primer nombre al que hay recurrir cuando hablamos de Shakespeare y es que su Othelo o sobre todo esa obra maestra llamada Campanadas a Medianoche han hecho que el talento de Ciudadano Welles sea un referente en adaptaciones del autor. Otro mucho más clásico es Lawrence Olivier, un aficionado a Shakespeare ya sea en cine o en teatro y finalmente no nos podemos olvidar de Kenneth Branagh, quien debutó en cines con Enrique V sorprendiendo a medio planeta. Esta última película es la que hoy CINEMATTE FLIX estrena de forma gratuita para que Shakespeare se aun protagonista más de este enorme catálogo de obras claves del séptimo arte.








Enrique V (Henry V, 1989) es la primera película de Kenneth Branagh y una de las mejores que ha realizado. En 1944, Laurence Olivier ya había dirigido e interpretado una magnífica adaptación de la pieza.
La película de Olivier resulta particularmente interesante por su estructura narrativa. Empieza recreando una representación de la obra: hacia el año 1600, en el Globe Theatre de Londres, se interpreta la pieza de Shakespeare. Olivier muestra el Londres isabelino y un preciso movimiento de cámara nos conduce hasta el famoso teatro, donde un grupo de actores interpreta la obra teatral. El siguiente escenario de la película es un marco escénico espacial de tipo teatral inspirado en un libro de horas (manuscritos iluminados de la Edad Media). Finalmente, la batalla de Agincourt (25 de octubre de 1415) está filmada en exteriores. Además del trabajo de Oliver como actor, director y coproductor, destacan la brillante fotografía en color de Jack Hildyard y Robert Krasker, la dirección artística de Paul Sheriff y la admirada música de William Walton. La película, además de una magnífica adaptación, es un excelente ejemplo de cómo podemos establecer las relaciones entre el cine y la historia analizando más específicamente el contexto en que fueron realizadas las películas que el período o acontecimiento histórico que pretenden recrear. Enrique V fue realizada hacia el final de la Segunda Guerra Mundial y, como el afamado discurso del día de san Crispín en la obra teatral, uno de sus propósitos fue enardecer los ánimos del Reino Unido en un momento crucial de la guerra.
El contexto histórico en el que Branagh realizó su adaptación era (felizmente) otro y, a un tiempo, la obra de Shakespeare permite lecturas diferentes. Es por ello que la representación de la batalla de Agincourt es más realista: más cruenta y brutal, contiene elementos propios del cine antibelicista. Por lo demás, la arenga de Enrique V a sus tropas antes de la batalla de Agincourt (el discurso del día de san Crispín) es una de las grandes escenas de la película: por el texto de Shakespeare y también por la vívida interpretación de Branagh y la excelente puesta en escena. Tras la batalla, Branagh filma, en un preciso e impresionante plano secuencia de cuatro minutos, la marcha del rey por el campo de batalla mientras un soldado entona Non nobis, Domine (el rey camina con una pesada carga: el joven Robin/Christian Bale, muerto en la batalla, y la propia crueldad de la guerra). Una escena verdaderamente memorable.
En un conjunto muy equilibrado, destacan otros momentos, por su puesta en escena o por su importancia para el desarrollo del relato: la primera aparición de Enrique V; preservando su anonimato con una capa, el paseo del rey por el campamento inglés la noche antes de la batalla para conocer el estado de ánimo de sus hombres; o las varias apariciones del Coro (Derek Jacobi). Justamente, la película empieza con el Coro: Jacobi, ataviado con ropa moderna, camina por un estudio cinematográfico e introduce el drama con su monólogo y abriendo unas puertas para que empiece la obra.
Con relación a la arquitectura narrativa de la película, Branagh hace un gran trabajo de adaptación, incorporando alguna parte de Enrique IV. La solidez del reparto (Paul Scofield, Ian Holm, Emma Thompson, Judi Dench…), la fotografía de Kenneth MacMillan, que contribuye a dar a la película una cierta textura realista, o la excelente música de Patrick Doyle, completan de modo satisfactorio una película maestra, que inició la prometedora filmografía de Branagh como director. Su talento en la dirección quedó confirmado en su segunda película, Morir todavía (Dead Again, 1991), en sus dos siguientes adaptaciones de Shakespeare, Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, 1993) y la monumental Hamlet (1996), o en obras más modestas como el cortometraje Swan Song (1992).


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