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Videoclub: Ver Gratis '𝕃𝔸 𝕄𝔸ℕ𝕊𝕀Óℕ 𝔻𝔼 𝕃𝕆𝕊 ℍ𝕆ℝℝ𝕆ℝ𝔼𝕊' (1959) | 🆁🅴🆅🅸🆂🆃🅰: CRÍTICA Y DOSSIER

En esta versión de 1959, el director William Castle emplea el inmenso talento de Vincent Price para dar vida a un millonario excéntrico, Frederick Loren, que organiza una fiesta de cumpleaños para su cuarta mujer a la que acuden cinco desconocidos que podrán ganar 10.000 dólares si pasan una noche en una casa encantada. El punto de partida es inverosímil, pero puro 'old dark house': pronto la cosa se acentuará con apariciones, fantasmas que no son tales y crímenes variados (o no).

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El resultado es un disparate divertidísimo, conscientemente pasado de moda (para el 59, 'Psicosis' estaba a punto de estrenarse y el público ya había superado estos misterios de guante blanco) y donde todos los participantes -empezando por el propio Castle- saben de qué va esta fiesta del susto barato y el pasadizo de cartón piedra. Desde el principio, con cabezas flotantes que se dirigen directamente al espectador y una atmósfera macabra y puntuada con carcajadas, chirridos, gore de juguete y cadenas que se arrastran, 'La mansión de los horrores' propone un juego e invita al espectador a entrar.

En menos de tres años la asociación entre el gurú del cine de bajo presupuesto William Castle y el escritor, especializado en novelas de aventuras, Robb White dejó para la posteridad hitos del cine de terror de serie B como “Escalofrío” (1959), “Los trece fantasmas” (1960), “Homicidio” (1961) o “La mansión de los horrores”, un ingenioso y desprejuiciado clásico sobre casas encantadas que ponía de relieve el gusto de Castle por el espectáculo cinematográfico más afectado y su indudable habilidad para convertir las carencias técnicas en virtudes cinematográficas.
Castle, director que perpetraba sus películas con la total honestidad de su condición de hombre del entretenimiento, visionario sentido del espectáculo y presupuesto pírrico, no era un tipo cualquiera. El gimmick (truco), conformaba una especie de macabra y chistosa rúbrica, de gancho circense que complementaba muchas de sus películas como prolongación exógena e indisociable de las mismas.
Encuadrado por vocación y con orgullo en el cine de género de etiqueta marginal, en especial vinculado a un cine de terror que adquiriría con el tiempo las vitolas de ‘clásico’ y ‘cine de culto’ –así lo atestiguan además un puñado de remakes de sus obras-, Castle destacaba por sus producciones pequeñas, innovadoras, con un grato conocimiento de lo tétrico y dotadas con un inesperado sarcasmo –su mejor garantía de supervivencia a la postre-.
Jugando constantemente con el suspense que crea no saber si lo que presenciamos es un truco o fantasmas reales, Castle tiene tiempo de divertirse combinando diferentes estilos artísticos (por fuera la ‘mansión’ es la histórica Ennis House, diseñada en los años 20 por Frank Lloyd Wight revisitando los códigos de la arquitectura maya, pero por dentro parece un collage de sobras de otras producciones compradas en un mercadillo) y practicando su carismático oportunismo, optimismo y grandilocuencia en aspectos como la promoción (anunciaba su obras de serie B como superproducciones), la proyección (en los cines un esqueleto salía sorpresivamente por un lado de la pantalla en cierto momento de la película) o la dirección de actores (solo la presencia de Vincent Price ya merece un visionado). Cine antiguo, barato y muy recomendable.


Como curiosidad comentar que en algunas funciones de la película, William Castle realizó un truco llamado "Emergo", que consistía en hacer aparecer un esqueleto por uno de los laterales de la pantalla de cine en una escena determinada. El esqueleto era manipulado mediante cables para que volara por encima de los espectadores y los asustara, algo que a día de hoy solo conseguiría ser el detonante de carcajadas y burlas, pero que es un claro ejemplo de la diferencia existente entre aquel público, mucho mas ingenuo, y el que hoy asiste a las salas de cine, al que cuesta un mundo llegar a sorprender.

En conclusión, no podemos negar que estamos ante un pequeño clásico del cine de terror. Un placer culpable que se establece, mitificación de una década por delante, como una esplendida serie B cuyos enormes fallos, por ejemplo los agujeros de guión, no deben ser óbice para disfrutarla como si formase parte de la típica sesión doble de una matiné. Una de esas que ninguno de los presentes conocemos en su estado más puro, pero que siempre pertenecerán al imaginario popular como uno de los símbolos de una sociedad más inocente y más capacitada para la fantasía. Con respecto a su valor dentro del subgénero de las casas encantadas, ahí resulta más complicado pronunciarse, porque su tramposo final pone en duda siquiera su clasificación, pero entendamos el legado de su alargada sombra; sin ir más lejos, su remake cuarenta años después apuntaba al terror puro y duro, aunque esa es otra historia de la que hablaremos más adelante. Os emplazo a la próxima entrega de este especial junto al maestro Stephen King, con una de las mejores adaptaciones de sus relatos. Hasta entonces, disfrutad de la falsa seguridad de vuestro hogar.


ANÉCDOTAS Y DATOS:

El póster en versión original sufrió la censura al eliminar la cabeza cortada que lleva Vincent Price en la mano y el suicidio de la mujer, cuya cuerda sujeta el famoso esqueleto.


El inicio de la película, solo con la pantalla en negro y sonidos extraños, debió de acojonar al público de las salas de cine de la época.

La periodista que fuma y bebe whisky es la hermana de Robert Mitchum, Julie Mitchum. Esta fue la última película que hizo. Su anillo aparece en primer plano porque le gustó al director. Lo incluyó en la trama, llevaba escrito en árabe: Dios es el más glorioso.

De los ocho protagonistas de esta película, cuatro desaparecieron en los años 70. Carol Ohmart, Annabelle, decidió dejar el cine. Richard Long, que interpreta a su cómplice, murió de un infarto al corazón a los 47 años en 1974. Carolyn Craig, la joven que grita media película, murió en 1970 a los 36 años al suicidarse de un disparo. Leona Anderson, la criada, murió en 1973 a los 88 años; ésta fue la última película que hizo. Además, el director William Castle murió en 1977 a los 63 años de un ataque al corazón.

Alan Marshal, que hace del inglés, tuvo también una extraña muerte: falleció en el escenario interpretando a uno de los maridos de Mae West durante la obra Sextette en 1961 a los 52 años.
A la media hora de película, Vincent Price confirma que "Está cerca de la medianoche" porque se supone que hasta esa hora quien quiera puede salir de la casa, luego ya no. Michael Jackson lo usó en el primer verso de la canción Thriller (1987). Vincent Price se prestó a ponerle la voz en off que se escucha cuando pasan al lado del cementerio.

House on Haunted Hill (traducida al español como "La Casa de la Colina Encantada") es el título de una película de terror dirigida en 1999 por el director estadounidense William Malone. Esta película es un remake de la película del mismo nombre dirigida en 1959 por el director William Castle y protagonizada por Vincent Price. A menudo, esta película es confundida con otro film de 1999 llamado La guarida protagonizado por Liam Neeson y Catherine Zeta-Jones, siendo esta también una versión de una película de 1963.

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