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Lo mejor que se puede decir de la película “Yo compré una moto vampiro” es que resulta… perturbadora. Una gamberrada cuyo mayor mérito hacer que una motocicleta pueda tener alguna calidad interpretativa más allá del estar o de ser ella misma. Aunque, pensándolo bien, quizá la interpretación de la moto destaque, por su calidad, por encima de unos actores mediocres, agarrotados y malos hasta la extenuación. Pero bueno, es una de las 100 mejores pelis de la serie B (Ver lista completa aquí) y eso sobra para tener una crítica en nuestra revista.


Al igual que películas como "La lengua asesina" o "el diablo sobre ruedas", cuando ves un título como "Yo compré una moto vampiro", no se te queda cara de indiferencia. Lo primero que uno piensa es: "tiene que ser un título metafórico o para llamar la atención del espectador." Pero no, hay ciertas películas cuya trama supera a la imaginación y al absurdismo crónico. "Yo compré una moto vampiro" es un surrealista film de comedia negra-terror de serie B que promete lo que el título esboza. Es un raro y curioso intento de llevar el vampirismo a otro terreno de bujías y velocidad XD y que puede resultar divertido. No llega al nivel de otras de gore-humor, pero sin duda es un film esencial en la videoteca de cualquier freak de pelis de serie B y Z. Guión absurdo, dosis de gore, escenas bizarras, actuaciones malas y diversión sin ninguna pretensión.
Cosas:
- Escenas curiosas donde las haya; la caca hablante y que ataca al protagonista, el gimnasio, el cura motorista (durante un momento se me vino a la cabeza Braindead, estaba esperando alguna patada voladora o llave de kung fu contra la moto XD), la curiosa banda de malutos...
- Cuántas bandas de motoristas en el mundo se llaman "Los Ángeles del Infierno"???
- El actor que hace de sacerdote no es ni más ni menos que Anthony Daniels, C3PO en la saga de Star Wars.

La película es del año 1990 aunque, debido a su ínfimo presupuesto, sigue los cánones estéticos y formales de una mala serie B de los setenta. Y lo mismo ocurre con los efectos especiales, por llamarles de algún modo.
Como ya hemos dicho, el guión tampoco va muy allá. En una rápida sinopsis podríamos decir que el espíritu vampiro de un diablo se apodera de la moto cuando el motorista que lo está invocando es asesinado por unos Ángeles del Infierno (o parecida cosa). Fin de lo gordo del guión. A partir de aquí el resto de la película es una serie de huidas, sangre, asesinatos intuidos y un sin fin de estúpidas peripecias salpicadas por el pésimo trabajo de todos y cada uno de los actores.

La moto, una Norton Commando de los años 70 (por el arranque a patada), fue sometida a una remodelación un tanto indigna que, más que aterrar, da un poco de lástima.
Como detalles a destacar sobre esta grandísima obra señalar que el doblaje desaparece durante el exorcismo para regresar luego al rancio castellano patrio, no sé porque los dobladores han creído más oportuno que disfrutáramos de la versión original durante unos minutos o porque se cansaron de decir idioteces y se fueron a tomar el café. Sea como fuere, se agradece. Además hay otras joyas por ahí repartidas como dedos de látex amputados, miembros cortados y heridas sangrantes. Normal, habida cuenta de que La mayoría de las motos corren con gasolina, esta corre con sangre…
A destacar también el ñordo, zurullo o cagallón parlante. Sin parangón.

Se recomienda su visionado con cerveza o cualquier otra bebida alcohólica, algún psicotrópico y ganas de pasártelo bien con esta obra gamberra e irreverente de imposible clasificación.

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