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𝔻𝕆ℂ𝔼 𝔻𝔼𝕃 ℙ𝔸𝕋Í𝔹𝕌𝕃𝕆 (1967)

Recientemente se anunció que David Ayer iniciaba remake de ‘Doce del patíbulo’. La película original se basó en el best-seller de E.M. Nathanson de 1965 que estaba inspirado en soldados de la Segunda Guerra Mundial de la vida real que se aventuraron en territorios enemigos. Se centró en un grupo de prisioneros que se convirtieron en comandos del Ejército solo para embarcarse en lo que seguramente sería una misión suicida. Ahora quieren que la versión sea más moderna y tenga un estilo como el de Fast and Furious. Pero antes de nada, vamos con el original...


UN GRAN CLÁSICO DEL CINE

Basada en una novela de E.M. Nathanson, Doce del patíbulo propone una visión bastante sarcástica sobre la apestosa naturaleza de la guerra y el mamoneo que reina dentro de los estamentos militares.
La historia comienza con un largo prólogo que nos sitúa en la Inglaterra de 1944. El Mayor Reisman (Lee Marvin), excelente profesional pero con serios problemas en cuanto a la disciplina, asiste a una ejecución de un soldado (por el desagradable método de la horca).
La reacción de Reisman y la manera en que está rodada la escena dejan claro el posicionamiento de Aldrich. “Ese no es camino para nadie” replica en la escena siguiente a los altos cargos que le encomiendan la Operación Armisticio, tan simple como imposible: reclutar a doce soldados convictos de oscuro futuro (horca o trabajos forzados), entrenarlos y lanzarles a una misión casi suicida.
El objetivo es asaltar un château donde los oficiales nazis pasan sus días de relax (básicamente un prostíbulo de mucho lujo) y acabar con el máximo número de dichos oficiales que sea posible, todo esto justo antes del Día-D, para desestabilizar la cadena de mando Nazi.
En el reparto destaca, aunque sin hacer jamás sombra a Lee Marvin, un superlativo John Cassavetes, que ya era un director de cine consagrado y que un año después le regalaría a Polanski otro trabajo magnífico. Su soldado Franko (reconvertido en Frankie para la versión doblada, no olvidemos quién mandaba en España en aquellos años…) es el clásico sinvergüenza al que, con gran facilidad, terminas cogiendo gran afecto. Un verdadero bombón de personaje. Pero todos cumplen a la perfección, dentro de un reparto impresionante: Donald Sutherland borda un personaje bastante extremo, como el de Ryan o Borgnine, mientras que Bronson se queda en su pétreo laconismo efectivo, y George Kennedy y Telly Savalas clavan sus respectivos ángel (que tanto ayudará al grupo) y diablo (que tanto le perjudicará). La ejemplar dirección de actores se une a una puesta en escena sobria y descarnada (fotografía seca y oscura de Edward Scaife con un scope muy bien empleado) en una historia redonda y prácticamente magistral.
Una de las principales bazas es mostrar a unos anti-héroes, empezando por el própio Comandante, cuya visión del mundo militar es tan desencantada como la de los condenados a muerte que tiene dirigir. Aldrich entra directamente al tema, sin rodeos. Durante los títulos de crédito iniciales vemos a Lee Marvin entrevistándose con los "candidatos", para seguidamente re-instruirlos. En este apartado encontramos las escenas más relajadas y con una vis más cómica, al mismo tiempo que el director aprovecha para retratar a cada uno de los personajes a base de breves pero muy bien planificadas escenas.
La segunda parte del film, la de la misión es donde se condensa toda la acción y tiroteos del film. Una parte donde la buena planificación prima por encima de todo. Con todo ello, y también grácias a un reparto en estado de grácia, Aldrich construye un film "bélico", de esos que saben capturar el interés del espectador deseoso de saber la suerte que corren los "anti-héroes" protagonistas. Sin duda, estaban empezando a cambiar muchas cosas y no sólo en el cine.
La película tiene semejanzas argumentales con Secreta Invasión, dirigida por Roger Corman en 1964. Pero Doce del patíbulo le ganó con creces en cuanto a popularidad. Tal es así el asunto que se quiso rentabilizar el éxito creando historias similares para la televisión, Doce del patíbulo: La próxima misión (1985), donde Lee Marvin y Ernest Borgnine retoman sus personajes de la película, y Doce del patíbulo: La misión mortal (1988), donde de nuevo aparece Borgnine pero Telly Savalas encabeza el reparto en sustitución de Lee Marvin, quien falleció antes del comienzo del rodaje de esta segunda historia televisiva.
El paso del tiempo no ha hecho otra cosa que engrandecer esta película donde el humor la acción y la emoción se reparten para hacer de Doce del patíbulo un filme que dan ganas de ver varias veces.


COSAS QUE NO SABÍAS DE DOCE DEL PATÍBULO
El 15 de junio de 1967 se abría el telón en Nueva York. Metro Goldwyn-Mayer estrenaba The Dirty Dozen, Los Doce en el Patíbulo (según la «traducción» española). El film fue un pelotazo porque el guión era potente y el reparto de lujo: Charles Bronson, Telly Savallas, Donald Sutherland, Lee Marvin (para su papel sonó el mismísimo John Wayne) y compañía, se ponían el traje de faena para, sin miramientos, liquidar a un buen número de oficiales alemanes.
La sinopsis se desarrollaba en los meses previos al desembarco de Normandía; en aquel contexto interesaba «aligerar» la oficialidad de la  Wehrmacht, romper en lo posible la cadena de mando. Para ello, los doce debían saltar en la Francia ocupada, colarse en el castillo en el que iba a celebrarse una lujosa fiesta, y causar la máxima escabechina posible.
Los protagonistas, los sucios -de obra, de aspecto y de pensamiento- eran lo mejor de cada casa; cinco de ellos sentenciados a la horca y el resto a penas superiores a los 20 años. Lejos de adaptarse a la disciplina del Ejército americano, su paso por él suponía una auténtica pesadilla para sus mandos. Yankis de la peor calaña. Entre los doce, encontramos racistas, fanáticos, sádicos, y, sobre todo, violentos. Pero el destino tenía reservado para ellos una segunda oportunidad cuando fueron seleccionados para saltar tras las líneas enemigas.
El rodaje de la película se realizó en Inglaterra (los exteriores cerca de la ciudad de Chenies). Paradojicamente, su director, Robert Aldrich, era un antibelicista declarado, hecho del que había dejado constancia en otras de sus películas como Attack, de 1956, y en otras que vendrían después.  The Dirty Frozen superó las expectativas e incluso tuvo varias secuelas de escaso éxito. Sin embargo, pocos saben que la película se inspiró en un grupo de hombres reales.
«Dios no sabía si enviarme al cielo o al infierno, temía que en los dos sitios pudiera montar una buena». Así hablaba Jake McNiece tiempo antes de morir.
Tenía 93 primaveras cuando, hace ahora un año, el viejo luchador de sangre india se fue para siempre. Había formado parte del 506º regimiento paracaidista de infantería del Ejército americano, integrado en la mítica 101º Aerotransportada nacida en 1942. Era el último de los Filthy Thirteen (los Trece Asquerosos) quienes durante la Segunda Guerra Mundial se ocuparon de misiones muy complicadas, casi suicidas, tras las líneas enemigas. Se ganaron ese nombre cuando decidieron que las manchas de sus caras, de sus uniformes, producto de agotadoras horas de entrenamiento, se quedaban con ellos durante días. Tampoco se afeitaban.
Eran sucios también en modales; no saludaban a los superiores, eran camorristas, bebían demasiado y eran habituales del calabozo. La pesadilla de la Policía Armada. Y todavía más sucios al otro lado. No hacían prisioneros, simplemente, los liquidaban. ¿Qué íbamos a hacer con ellos detrás de sus líneas?, contaba McNiece.
Jacinto Antón publicó en El País la noticia de su óbito en la que pudo verse una fotografía en la que él y varios de sus compañeros se engalanaban según las viejas costumbres indias (McNiece tenía sangre choctaw): el corte de pelo y la pintura de guerra debía atemorizar a los orgullosos nazis sin pegar ni un solo tiro. Nada pudo con él, ni las operaciones previas al gran desembarco de Normandía, ni el desastre de la operación Market Garden, ni la ofensiva germana sobre las Ardenas. Y sobrevivió para contarlo en sus memorias The Filthy Thirteen: From the Dustbowl to Hitler´s Eagle´s Nest (2003).
El peligro de aquellas misiones era grande y el número de bajas enorme. Jake McNiec realizó únicamente cuatro saltos sobre tierra enemiga.  Aquí, realidad y ficción se ponen de acuerdo: como es bien sabido, de los doce protagonistas del film, solo dos sobrevivirán para contarlo.
McNiec y otros como él, jugaron un importantísimo papel, pues aquellos hombres que actuaron tras las líneas enemigas contribuyeron al éxito del gran desembarco del 6 de junio de 1944, la operación Overlord. La apertura de un nuevo frente en Europa aceleró el final de la Segunda Guerra Mundial. Fueron sucios, mataron a sangre fría y quizá estén pagando por ello en el infierno. Pero, a la postre, ahorraron un puñado de miles de vidas.

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