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Ver 'Alligator, La Bestia Bajo El Asfalto' (Cocodrilo!) (1980) | CINEMATTE FLIX

Un catálogo de cine de género sin una película sobre bestia animal es como un jardín sin flores y de ahí, que Cinematte Flix lanza una de estas míticas historias de los años 80s, concretamete 1980 fue cuando un inmenso cocodrilo se convirtió en la bestia bajo el asfalto.


USA, 1980: Robert Forster (David Madison), Robin Riker (Marisa Kendall), Michael Gazzo (jefe de policía), Henry Silva (Coronel Brock), Perry Lang (Jim Kelly), Bret Braverman (Kemp), Sydney Lassick (Gutchell), Dean Jagger (Slater)
Director: Lewis Teague, Guión: John Sayles, Musica – Craig Husley

Trama: El detective David Madison debe investigar la aparición de numerosos miembros mutilados pertenecientes a distintos cuerpos. Los restos fueron hallados al final de las instalaciones sanitarias de la ciudad. Junto con el oficial Jim Kelly, Madison se adentra en las cloacas de la metrópoli en busca de pistas; pero Kelly es atacado y devorado por un gigantesco cocodrilo de más de 12 metros de largo. La pesquisa lleva a Madison a deducir que el cocodrilo ha mutado a enormes proporciones, gracias a devorar los restos de cadáveres de perros utilizados para la investigación de una droga experimental para el crecimiento de animales.

De todas las innumerables leyendas urbanas de Estados Unidos, probablemente ninguna se conozca mejor o se repita con más frecuencia que la que se refiere a los caimanes en el sistema de alcantarillado de la ciudad de Nueva York. Es una historia que inspiró canciones, libros, chistes nocturnos y un sinfín de referencias de dibujos animados, muchos de los cuales han embellecido un poco la idea. En la primera novela de Thomas Pynchon, V. , por ejemplo, una subtrama de caimanes de alcantarillado agregó el ángulo "albino" a la leyenda (dado que viven allí sin luz solar, ¿ves?), Que parece haberse quedado estancado.
Sin embargo, lo que a menudo se olvida es que, como la mayoría de las leyendas, esta surgió de eventos reales.


Desde finales de los años 20 hasta finales de los años 30, hubo un poco de histeria de cocodrilo en todo el estado de Nueva York. La gente (principalmente en Long Island) se topaba con cocodrilos de varios tamaños en sus patios traseros y en parques públicos. Si bien esto no condujo exactamente a un pánico generalizado, hubo suficiente preocupación de que en al menos dos ocasiones, escuadrones de policías fuertemente armados fueran enviados a cazar cocodrilos. Eso en sí mismo quizás no sea gran cosa, excepto en la medida en que ayuda a establecer la mentalidad. El verdadero núcleo de la leyenda ocurrió en 1935. En la edición del 10 de febrero del New York Times, se informó que varios niños en el Bronx estaban palear la nieve de la acera y tirarla por un pozo abierto. Se sorprendieron comprensiblemente cuando un cocodrilo de seis pies apareció en la abertura e intentó salir de la alcantarilla. Los muchachos intrépidos y de pensamiento rápido formaron un lazo que luego usaron para enganchar a la criatura presuntamente nauseabunda y enfermiza. Lo sacaron de la boca de inspección, lo ataron a una farola cercana y lo mataron a golpes con sus palas. Nueva York estuvo nuevamente a salvo, y la leyenda comenzó a evolucionar tanto que en 1980, el cine la hizo realidad.

Alligator es un modesto pero efectivo film clase B de la década del ochenta. Es una entrada algo tardía en la era de clones posteriores a Tiburón (1975), pero al menos tiene el ritmo suficiente como para no resultar una regurgitación de una historia tan remanida.
La premisa base del libreto es una típica leyenda urbana norteamericana – la de los cocodrilos que viven en los desagües de la ciudad -. El sistema de red cloacal es una excusa válida para desarrollar un juego del gato y el ratón, con la copia obvia de las secuencias de ataque de Jaws. No hay nada demasiado original aquí que no figure tanto en el film de Steven Spielberg como en las películas de monstruos de los años 50: criatura mutante comienza a atacar a la gente, nadie cree a nuestro héroe, está el científico de turno que apoya sus teorías, las autoridades proscriben al héroe, y al final el monstruo sale a la luz del día con el típico final feliz de la muerte de la criatura y redención pública del protagonista. Al frente del elenco está aquí Robert Forster – cuando aún sabía actuar -, que le da una perfomance completamente relajada a su rol. El resto de los secundarios están ok – figura incluso Dean Jagger, el mismo de X, The Unknown (1956), un seudo clon de la saga Quatermass producida por la Hammer -, con la obvia excepción de Robin Riker, que es la típica Playmate puesta en el inadecuado rol de científica.


El cocodrilo de Lewis Teague no fue la última de las imitaciones de Jaws en salir (todavía había dos secuelas desafortunadas de Jaws por venir), pero en cierto modo fue una culminación que marcó el final del género, al menos en espíritu. . Al igual que la Piraña de 1978, fue inteligente, el diálogo fue agudo, tenía sentido del humor y se completó con un mensaje político subyacente. No es sorprendente que Alligator haya sido escrito por el mismo hombre que había escrito Piranha , John Sayles (quien tomó su dinero de esos dos trabajos y lo usó para financiar su primer esfuerzo como director, el regreso sin monstruos de los Secaucus Seven) Según Sayles, el guión original que le habían pedido que arreglara estaba ambientado en Milwaukee y presentaba un caimán de alcantarillado que creció a un tamaño enorme después de absorber toda la escorrentía de cerveza.
Donde Alligator triunfa por encima de la mediocridad de otros clones de Tiburón y filmes similares (como Lake Placid), es que al menos los protagonistas tienen sentido del humor. El guión de John Sayles es muy bueno para darle personalidad a los caracteres, saliendo con ocurrencias pintorescas – en un momento, lo único que hallan de un cadaver es un dedo gordo; el forense le dice a Forster que debieron hacerle un entierro, a lo que replica que debieron haber utilizado un ataud muy pequeño -, lo que le da colorido e interés a una trama ya conocida por todos. En el cast figura Henry Silva, en el rol del gran cazador blanco, quien tampoco se toma demasiado en serio el papel – la parte en que explica a la periodista interpretada por Sue Lyon (la Lolita original) cómo los cocodrilos se llaman para aparear es hilarante -. A su vez el director Lewis Teague (Cujo, Los Ojos del Gato) es lo bastante competente como para rodar bien las escenas de ataques y, fundamentalmente, para disfrazar excelentemente el escaso presupuesto de efectos especiales que contaba la producción. Los FX son convincentes y en ningún momento se notan las diferencias entre un cocodrilo real filmado con efectos fotográficos y una maqueta superpuesta junto con los actores.
Alligator es buena y entretenida, sin ser memorable. No daña el cerebro, tiene sus momentos y tiene buenos diálogos. Si la captura por el cable, déjese morder por ella.

Curiosamente, en los últimos años, 30 años después de la película y 75 años después del primer cocodrilo de alcantarillado en el Bronx, el número de avistamientos de cocodrilos confirmados en Nueva York, desde Central Park hasta Queens y Brooklyn, ha aumentado exponencialmente, lo que me deja pensando. Puede que sea hora de dejar de referirse a la historia como una leyenda urbana.

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