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Una obra cumbre y clave del cine de los 80s llega a Cinematte Flix. Filmada en blanco y negro este filme nominado a 8 Oscar por un joven David Lynch, es una de aquellas obras que bajo un aspecto clásico, empiezan a formar a delinear el cine moderno o actual. Los 70s abrieron el camino pero El Hombre Elefante es de una modernidad asombrosa tanto en su interior como en su exterior. Atrevida, onírica, salvaje y desgarradora son algunas de las palabras que pueden describir lo que este filme transmite a las almas dispuestas a abrazar a esta belleza horrenda que marca el nacimiento de uno de los directores claves del siglo XX y XXI. El Hombre Elefante es única tanto en el mundo del cine como en el universo de su director. Es un capítulo distinto de cine fronteras que busca expandir el lenguaje un territorio más allá del conquistado. Ahora puedes disfrutarla ya en nuestro videoclub CINEMATTE FLIX.


“Pediría que se me midiese por mi alma, porque la verdadera medida del hombre es su mente” decía Joseph Merrick en el único poema que se ha conservado escrito de su puño y letra.
Nació en Leister, Inglaterra, un 5 de Agosto de 1862 y falleció en Londres un 11 de abril de 1890. Durante sus veintisiete años de vida el único amor verdadero que experimento fue el que le dio su madre hasta que ésta murió cuando Joseph tenía once años, a partir de ese momento su vida se convirtió en una espiral de malos tratos, rechazo y un profundo sentimiento de soledad.

El enfoque de David Lynch

Mucho se ha hablado del estilo onírico y surrealista de Lynch, para muchos críticos un director con un pulso narrativo inestable que envuelve sus películas de una estética enigmática y adictiva, y para otros un realizador con un estilo singular. Pero, en mi opinión, David Lynch es mucho más que todo eso; es un artesano del lenguaje audiovisual. Un artista de los que hoy día escasean, ya que es capaz de crear una atmósfera, adentrarte en ella y no dejarte salir durante el transcurso del metraje.
“El hombre elefante” fue su segundo largometraje – anteriormente había realizado ‘Eraserhead’ (1977) – y sin duda uno de los más personales del director. El discurso que elabora de la vida de Merrick está cargado de una absoluta comprensión y respeto hacia su figura, valores que sabe transmitir al espectador. Obcecado por contar la historia de la forma más sincera y veraz, nos presenta la figura de un hombre frágil, tímido y dotado de una exquisita educación. Sin embargo, lo que más llama la atención de este singular personaje es la ausencia de rencor hacia todas aquellas personas que le habían propiciado el peor de los maltratos, y es que como él mismo cita en un momento de la cinta: “Durante toda mi vida he tratado de ser bueno”.
La importancia de la figura materna se encuentra muy presente en la película; desde el plano de apertura mostrando el rostro de la madre de Merrick, pasando por las constantes menciones que hace hacia su madre mientras enseña su retrato, y concluyendo nuevamente con un plano de la misma.  No obstante, y pese a ese pequeño atisbo de melancolía que envuelven al protagonista, la película se desmarca de caer en un retrato demasiado melodramático y trágico, más bien ensalza la victoria de Merrick al final de su vida, conseguir ser respetado, aceptado socialmente y poder contar con amigos, como él mismo repite una y otra vez en la secuencia en la que el doctor Frederick Treves, junto con el director del hospital y la enfermera le regalan un neceser. Son esas muestras de cariño, la capacidad de que otras personas le respeten y traten como un igual las que dotan a Merrick de esa personalidad tan inocente, agradecida y tierna que hacen que el espectador sienta empatía hacia él desde el primer momento.

John Hurt y Anthony Hopkins, el dúo protagonista

La elección de los actores que conformarían el dúo protagonista fue uno de los mayores aciertos, la conexión entre John Hurt y Anthony Hopkins dio lugar a que el peso narrativo que ambos llevan durante toda la cinta se desarrollase de forma fluida y natural, reflejando la evolución de la relación entre Merrick y Treves.  El trabajo de Hurt es probablemente de los mejores de su carrera, su interpretación se aleja de lo sobreactuado y se centra en un trabajo de contención, desde el inicio en el que se muestra más comedido e introvertido hasta el final, en el que nos muestra a un Merrick resuelto, optimista y que por primera vez siente que hay un lugar en el mundo para él. Por otro lado Anthony Hopkins hace una personificación de Frederick Treves formidable, mostrándose compasivo y a tientas inseguro por lo que pueda ofrecer a Merrick, todo ello englobado dentro de la óptica de Lynch, que es capaz de crear un paralelismo entre el personaje de Treves y el espectador; haciendo que empaticemos y veamos desde el inicio del metraje al personaje de Merrick de la misma forma que el doctor.

Una obra maestra en todos los aspectos

La dirección de fotografía fue llevada a cabo por Freddie Francis – que volvería a colaborar con Lynch en “Dune” (1984) y “The Straight Story” (1999) – que supo plasmar con suma maestría la época victoriana en la que se desarrolla la trama. Haciendo uso del blanco y negro, otorgó a la película una atmósfera oscura, mísera y nostálgica. Alejado de cualquier pretensión, el trabajo de Francis es comedido y modesto, limitándose a recrear de la forma más fidedigna posible la época en la que viven los personajes.
La banda sonora corrió a cargo de John Morris que realizó una composición musical caracterizada por el predominio de una base instrumental circense pero cargada de una melancolía y dramatismo sutil que nos adentra en un terreno fantástico, cruel y oscuro en sintonía con el mundo que ha rodeado al protagonista desde su infancia. La obra de Morris – considerada como la mejor de su carrera – es el telón de fondo  perfecto para la narración intimista que realizó Lynch.
Estos son solo unos de los muchos factores que hacen de ‘El hombre elefante’ una obra maestra dentro de la filmografía de David Lynch. Una película emotiva, humana y trágica que nos enseña que en la vida no hay mayor regalo que la dignidad y el respeto. Que nos muestra los límites del ser humano, desde el más vil de los desprecios, hasta la consideración y admiración y que nos enseña que, pese a como nos haya tratado la naturaleza, siempre hay un lugar para cada uno de nosotros en el mundo.

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