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Crítica películas cine negro de los 40s | 'Al rojo vivo' (Raoul Walsh, 1949)

A diferencia de otros directores de los años dorados de Hollywood, Raoul Walsh tocó todo tipo de géneros y temas. Realizó westerns, cine de gángsters e incluso de aventuras, de hecho, quizás fue en ese terreno en el que más destacó. Al rojo vivo (White Heat) de 1949 pertenece al cine negro que tan buenos títulos dejó.


Bajo un Hollywood regido por la férrea censura, el cine negro permitía a los cineastas; según comenta Martin Scorsese en su documental de 1995 A personal journey with Martin Scorsese through american movies, hacer cuentas con la profunda fascinación de la sociedad americana por la violencia. En gran parte esta fascinación venía (y viene) dada por la propia historia violenta del nacimiento de los Estados Unidos y la conquista del Oeste. Es a finales de los años veinte y principios de los treinta cuando comienza a surgir este tipo películas que tanto gustaban a los espectadores. Las primeras películas retratan al gángster como víctima fruto de una sociedad deprimida económicamente. Muchos de ellos son soldados que regresan a América tras la Primera Guerra Mundial y se encuentran con que han perdido sus empleos por lo que se ven obligados a delinquir para sobrevivir. Este retrato evoluciona a medida que esos pequeños negocios turbios crecen y el gángster se consolida como hombre de negocios. Es en pleno apogeo de este tipo de cine cuando surge el código Hays como instrumento moderador e incluso censor. El argumento, el siguiente: una cosa es mostrar una realidad y otra promover simpatías por esos personajes delincuentes. Desde ese momento Hollywood deberá evitar la glorificación del villano, de ahí que acabe muerto en casi todos los filmes.


Walsh nos dejaba en 1941, la película El último refugio, en ella Humphrey Bogart es abatido mientras trepaba por High Sierra y justamente esta zona de la geografía californiana es el punto de partida para Al rojo vivo. Tras asaltar y robar un tren el gángster encarnado por James Cagney inicia su recorrido que culminará al final de la cinta con él subido a un enorme depósito esférico de gasolina. Entiéndase la forma del depósito como metáfora de la cima del mundo. De hecho, el detective hace en voz alta la reflexión que todos habíamos deducido ya por la puesta en escena, exactamente dice: «por fin llegó a la cima del mundo y...» hasta aquí puedo leer. Es en el último minuto del metraje donde se resuelve la historia. Scarface, en sus dos versiones (1932 y 1983) muestra también un claro ejemplo visual (bastante evidente) de los deseos de los gángsters por apropiarse el mundo. Con esa idea en mente Walsh y los directores de la época debían lidiar con la fina línea que separaba al héroe villano amado por el público, al villano real que debía pagar el precio de su ambición.


Pero Walsh era un hombre de fuerza y demostraba su firma en cada uno de sus trabajos así consciente de tratar un género y una temática demasiado rutinaria aboga por incluir rasgos distintivos en su trabajo. Por ejemplo, uno de los rasgos distintivos que hacen especial a Al rojo vivo es que el poder que la femme fatale suele ejercer en el villano es sustituido casi en su totalidad por la voluntad de la madre que incluso parece ser quien realmente dirige la banda que preside su hijo. Quizás aquí podríamos entrar en el complejo de Edipo que tantas veces vimos en años posteriores ser utilizado para justificar la psicología patológica de los villanos. En 1949 el cine trascurría por otras líneas narrativas pero Walsh ya era capaz de aportar ideas frescas a temas demasiado manidos.


A parte de esto los elementos clásicos del género como traiciones, tiroteos y persecuciones varias se mantienen. No olvidemos que nos encontramos casi en la década de los cincuenta y que pocas películas más del estilo de Al rojo vivo se harán ya. Con la llegada del color y de la pantalla panormámica el cine negro clásico pierde parte de su atractivo, el formato académico (entonces 4:3) y la fotografía en blanco y negro que tanto habían hecho por configurar el sistema estético-estilístico del género quedan atrás, y atrás quedará siempre esta colección de películas dirigidas con maestría por veteranos como Cecil B. DeMille, Howard Hawks y el propio Raoul Walsh que impresionaron a los espectadores de la época y esperemos sigan haciéndolo a todo aquel que busque algo más en el cine que simplemente pasar un rato.

En Cinematte Flix no tenemos los derechos de emisión de este filme así que desgraciadamente no podrás verlo tras leer esta crítica como si ocurre con otras películas de género, pero, no te arrepentirás si decides adquirir por algún medio de pago.

NOTA | 8

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