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Pequeña y desconocida ópera prima y única de Joey Stewart, y una valiente lección moral sobre el daño que pueden causar nuestros actos.


A continuación, nuestra crítica...


THE FINAL
Preparaos para selectividad...

The final es una de esas películas que, muchas veces, uno no sabe cómo cae en sus manos, pero que gracias a otros contactos se acaba descubriendo su existencia. No es una gran película, sino una simple, humilde y modesta ópera prima que, aún no intentando pasar a la historia ni pretenderlo, se deja ver, entretiene, y si tiene una pequeña y creíble moraleja, muchísimo mejor. Siendo directo, el film podría calificarse como el sueño masturbatorio de todo adolescente con ansias de un mundo mejor y más pacífico, donde los abusones sufran el mismo dolor que ellos inflingen a los demás. Con esta sencilla y paradójica premisa, el debutante director Joey Stewart con guión de otro desconocido, un tal Jason Kabolati, desarrollan una propuesta singular, con una temática que está a la orden del día, que cada vez es más radical, pero de la que salen pocas obras destacables: las agresiones escolares.

Dicha problemática es uno de los males que, actualmente, en una sociedad tan avanzada y de supuesto bienestar no se debería permitir, es vergonzoso, pero lo peor es que ni se castiga, ni se pretende castigar a los culpables, y muchos chavales sufren en silencio por ello, ya sea por la ineptitud de un sistema educacional deleznable, o la dejadez y la libertad con que se deja actuar a los alumnos, donde el profesor ya no posee autoridad alguna e, incluso, tiene que tragar muchísima mierda. Así nos va, y luego pedimos explicaciones. Dejándome de patrañas moralistas, el argumento nos sitúa en un instituto cualquiera, donde unos pocos estudiantes son avasallados, por el mero hecho de ser diferentes o no ir como la mayoría (siempre sin personalidad) pretende, y es aquí cuando surgen dos grupos enfrentados, los idiotas que avasallan, es decir, tipos grandes, fuertes, con complejo de dioses, sin escrúpulos, con más carencias psicológicas y mentales de las que creen, y cómo no, también atañe al género femenino, esto es, tías que se creen que por tirarse un día y otro día también a un tío y otro y así hasta la saciedad, además de sólo vivir por y para su propia imagen, se creen que llegarán a ser algo cuando sean mayores. Por el otro lado, tenemos a los supuestos débiles, cabezas pensantes que no poseen la masa corporal ni esa violencia palpable para hacer frente a los ataques de los primeros, y que sólo desean que los dejen en paz. Sin embargo, todo esto cambiará cuando los débiles, ya hartos de tanta grandilocuencia y estupidez, decidan tomarse la justicia por su mano, y de la forma más fría y meditada posible, reuniendo a todos los abusones en una fiesta celebrada en una casa lo suficientemente alejada de la población, drogándolos, y posteriormente atándolos para que, cuando despierten, sufrir una de las mayores torturas psicológicas y físicas que jamás olvidarán, con un único objetivo: redimirse de todo el mal y el odio que han ocasionado a los demás.

¿Por qué nosotros? responde irónicamente uno de los protagonistas a la pregunta de uno de los abusones que va a acabar torturado. Con esta simple pregunta, el film se desarrolla para darnos toda una lección de lo que significa la palabra humildad y el famoso dicho usado hasta lo indecible, vive y deja vivir. No obstante, y aún pareciendo que ensalzo esta película, no todo es oro, y a sus primeros y más que bien construidos cuarenta y cinco minutos, con unas actuaciones de los chavales más que notables, todos brillando con luz propia, un arte conceptual más que interesante a pesar de transcurrir prácticamente todo en una sola habitación (sólo hay que echarle un ojo a los disfraces de cada uno para entender su personalidad), y unos hechos que, probablemente muchos hayamos vivido, donde se deja ver la mano de un buen realizador, no es justificación para que el ritmo interno que recoge el film a partir de dicho momento forzado y metido con calzador, con una subtrama que para nada parece cuajar con el eje principal, acabe destrozando un film que podría haber sido mucho más duro y contundente en su desenlace.

En definitiva, es una buena película para ver una de esas tardes en las que no hay que hacer gran cosa, y tan sólo podemos dejarnos llevar por una recomendación de un buen amigo, ante la duda de qué ver en nuestra pantalla. Quizás deberían verla algunas personas para concienciarse del daño que pueden hacer a los demás con sus actos infantiles. Quizás, siendo extremistas, en clase de ética (si es que siguen existiendo) deberían de poner este film, y dejarse de pasar cosas como Matrix, La misión, Gandhi o American history X que poco aportan a un alumnado con las hormonas floreciendo por sus poros, y que eyaculan (y de paso, se idiotizan) con productos como A todo gas y Transformers. Quizás cambiarían un poco las cosas.

Valiente utopía…pero olé por los cojones del realizador.

Análisis escrito por Gwynplaine Thor

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