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SITGES | EL FARO, una joya que pinta a premio gordo


Cuando uno decide ir al cine en vez de leer un libro, no es por disfrutar de la mejor manera de una historia, diálogos y personajes, es por poder disfrutar de una imagen que ambiente la historia, de un sonido que aumente las sensaciones de la historia, y de unos actores que representen de forma perfecta los diálogos y la propia historia. De ahí que sea una pena que cada vez se entienda menos que es el cine.

Y esto lo digo para poder hablar de El Faro, un filme que enmarca
la imagen en un precioso formato 4:3 y se adentra con uno de los trabajos de fotografías más apabullantes del año. Complementa con elementos recurrentes (la niebla, las gaviotas, la tormenta) por el que se materializa con raíces literarias el espíritu de H.P. Lovecraft o del relacionado Joseph Campbell. El realizador de Nueva Inglaterra impregna el celuloide de una atmosfera particular, malsana, con una textura intocable y un control del lenguaje visual muy deudor del cine europeo del siglo XX (el Vampyr de Dreyer, el Fausto de Murnau, el Iván de Tarkovsky…).

Y esto amigos es CINE. Lástima eso sí, que últimamente esa belleza que nos depara la ambientación en el cine actual, venga casi siempre de unas historias malsanas que nos impregnan de una fatalidad que nos hace salir del cine con tan mal cuerpo por la historia, como con tanta paz y armonía producida por el delirio visual.

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