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'Canoa' | Una obra de culto mexicana que todo milenial inculto debería ver


Desde la llegada de los grandes fondos inversores y las tecnologicas al mundo del cine, la calidad no ha hecho más que disminuir. Las revistas que servían para culturizar y enseñar el legado, presente y futuro del cine, han dado paso a podcast, Youtubers o blogger escrito por auténticos incultos cinematográficos que no tienen ni idea de lo que es el lenguaje cinematográfico o del valor de su naturaleza artística y creativa, y por supuesto, de lo que significa educar o enseñar. También, desde la llegada de Netflix y similares, el cine ha dejado de ser cine para ser simples novelas o historietas contadas con imagines continuas que sirven como simple expresión audiovisual para contar un serial o telenovela. Así, las series de televisión o las series cinematográficas en la línea Marvel/Disney, no poseen ninguna calidad artística sino que son una simple herramienta para contar una historia que tiene como único objetivo, ganar dinero. Mientras más mejor.


Por eso, nosotros web afiliada al cine comercial, el blockbuster  y al género, es decir, al cine que consumen los más jóvenes del lugar, nos vemos obligados a de vez en cuando, hacer una labor didáctica e intentar enseñar a las jóvenes generaciones que el cine es algo más que seriales y telefilmes al igual que la literatura es algo más que cómics de Spider-Man. Por eso hoy os dejamos con una obra de culto del cine mexicano que ahonda en el género y en el documental y que por desgracia, es una obra totalmente desconocida para el público español. Esperemos hoy, esto se soluciones un poco y que alguien aunque solo sea uno, pueda llegar a conocer, una película llamada Canoa.

EL FILME, UNA OBRA DEL CULTO DEL GÉNERO MEXICANO

Canoa está basada en un hecho negro real y se exhibió en la Ciudad de México en 1976 –algo extraordinario, considerando la cercanía cronológica con las matanzas–. Para conmemorar los cuarenta años de su estreno, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara llevó a cabo una proyección de la cinta. También se anunció un Blu-ray de la película editado por Criterion Collection, la compañía de distribución más prestigiosa del mundo.
Hoy en homenaje queremos hablar del valor documental de la película y/o la vigencia de sus temas –la manipulación ideológica, la pobreza que la hace posible, la retórica oficialista–. También habría que resaltar sus virtudes como cinta de género. Algunos dirán que este enfoque la “reduce”. Por el contrario, es el que permite apreciar el espléndido guion del fallecido Tomás Pérez Turrent y la filosa puesta en escena del director Felipe Cazals.

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Cuarón, ese autor que los más jóvenes conocen ahora gracias a Roma de Netflix y que rinde tributo a una época y espacio muy concreto de México, tiene una edad suficiente para quedar marcado por la hábil narración de 'Canoa'. Sin que muchos lo sepan, el director ha sido un ferviente promotor de la cinta. En 2002 la presentó en el Directors Guild of America; cuatro años más tarde, en el Lincoln Center de Nueva York. En ambos casos, la describió como una de las películas que más influyó en su formación. Luego persuadió a los quisquillosos curadores de Criterion de darle el rango de cinta esencial en la historia del cine. En entrevistas a la prensa a propósito de las presentaciones Cuarón dijo haberla visto cuando tenía catorce años. “Quedé sacudido por ella”, dijo a Los Angeles Times, “y volví a verla una y otra vez”. Es decir, se enganchó en descifrar los mecanismos de su construcción.

Hitchcock describió el suspenso como la expectativa que se crea cuando un personaje ignora que está en peligro pero el espectador lo sabe. Pocas películas ilustran este principio como Canoa. En su primera secuencia, un periodista dicta a otro la información sobre una masacre sucedida la noche anterior: cuatro muertos y un sobreviviente, linchados por considerarlos activistas. Más adelante, una secuencia en formato de pietaje periodístico registra los cadáveres destrozados en el suelo. En adelante, cada escena que muestra a los chicos planeando su excursión genera un suspenso que bordea el terror.
También crea intriga el uso de formatos conocidos que dan un giro siniestro. Por ejemplo, la descripción de San Miguel Canoa en forma de reportaje turístico donde una voz en off –optimista e impostada– aporta datos duros que, contra la expectativa, revelan la miseria del pueblo. La sensación de extrañeza crece con la aparición a cuadro de un campesino de mirada esquiva y tono burlón (un memorable Salvador Sánchez). Este pasa de responder preguntas a ser un guía del infierno. Vuelve a romper convenciones cuando aparece en las escenas mismas del linchamiento, siempre mirando al espectador.

Todo esto hace de Canoa un filme especial y más, porque sale de las obras claves del cine Hollywoodiense para entrar en un cine, el mexicano, que hoy es digno de admiración pero que en aquellos años, solo obras como esta, situaron la cinematografía mexicana en el olimpo de las grandes obras del cine.

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