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Crítica 'En los 90' | El paso a la adolescencia sin penes ni drogas

Jonah Hill demuestra a HBO y su serie Euphoria que no hace falta tanto pene y tanta droga para honrar una generación...


La generación de los 80s ya ha reivindicado suficientemente su gloriosa década y ahora, es turno que los directores más jóvenes criados en los 90s reivindiquen la suya y es por eso que el actor Jonah Hill se sienta tras la cámara para dejarnos el primer lienzo de lo que fueron los 90s en territorio norteamericano y por extensión en la mayoría del planeta.

'En los 90' es una "película adolescente y sobre adolescentes", que se muestra inmadura e imberbe pero que apunta madurez en la mayoría de sus facetas creativas.
Como debutante, Hill es prudente y sensato, y juega sus cartas con precaución. La historia de Stevie y su amistad con un grupo de skaters está contada de manera esquemática, minimalista. Los personajes están retratados a retazos, Hill nos da lo justo y necesario, pero no más. Lo mismo se puede decir de la relación del protagonista con su entorno. Katherine Waterson y Lucas Hedges (los actores que interpretan a la madre y al hermano de Stevie, respectivamente) no tienen demasiado con lo que trabajar, por desgracia. Como consecuencia, las interpretaciones son correctas, veraces y naturalistas, pero a ratos, planas. Por suerte, Hill es inteligente y corta la película (que dura 80 escasos minutos) justo cuando sus personajes empiezan a convertirse en parodias de sí mismos. El final es potente, y abrupto como quizás los fueron aquellos años.
Hill aboga por una dirección cautelosa para su debut y vemos como abundan los planos fijos y cortos, y cuando más movimiento hay suele ser en las escenas de skating. Estos planos, algo más largos, están resueltos con solvencia. Incluso la secuencia de más duración de la cinta (Fuckshit entrando en la casa, abriendo la nevera, volviendo a la calle y reuniéndose con sus compañeros) es relativamente contenida y sobria en su ejecución, y no llama la atención sobre sí misma. Pero quizás sea en el montaje de planos cortos donde vemos un exceso de tijera que aunque podría simbolizar el montaje rápido gestado en aquellos años por creadores del videoclip como David Fincher, no deja de ser un poco molesto. Lo que si se agradece para la ambientación es optar por el aspect ratio de 4:3. La música, gracias a Pixies, Morrissey, A Tribe Called Quest y Big L es sencillamente redonda.

Por lo tanto Hill demuestra buen pulso para contar su historia, y se acerca a sus personajes de manera noble, logrando emanar esa empatía a lo largo de su metraje, otorgándole a su relato un aire de autenticidad que la vuelve un tanto entrañable, a lo que hay que sumarle el atinado score a cargo de Trent Reznor y Atticus Ross.
Jonah Hill demuestra así que además de un buen actor puede ser también un interesante director, logrando una más que aceptable carta de presentación y dejando así la puerta abierta para sus futuras propuestas.

NOTA: 7.5


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