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'The Wild Boys': la mejor película de 2018 para Cahiers du Cinéma


Hoy queremos hablar de Cine de verdad, de ese gestado desde el conocimiento y el estudio de un lenguaje complejo y sofisticado capaz de emocionar a todos con "simples imágenes". Hoy queremos hablar de  la mejor película de 2018 según la prestigiosa revista Cahiers du Cinema. Una obra compleja y abstracta que posee ecos de Jarman, Fassbinder y "El señor de las moscas".


Cinco jóvenes, tras cometer un crimen brutal, acaban en una isla salvaje en la que experimentarán todas sus fantasías. Una película de aventuras en la que estos cinco muchachos, todos ellos interpretados por actrices, vivirán una extraña, lúbrica y fascinante experiencia psicotrópica.


A principios del siglo veinte, cinco jóvenes de buena familia, ebrios de libertad, cometen un crimen salvaje. Por este asesinato son encerrados en un barco por el Capitán, atrapados en un viaje que se transforma en un crucero represivo. Tras amotinarse, los jóvenes llegan a una isla de vegetación lujuriosa y placeres ocultos. La transformación puede comenzar...

'The Wild Boys' (Les Garçons Sauvages) es una de las propuestas más fascinantes del pasado 2018 pero eso sí, está destinada a un público muy concreto. A uno que maneja el lenguaje del cine no como simple espectador si no más bien como estudioso del mismo. Uno que es capaz de analizar la imagen en constante movimiento para desentrañar cada uno de los secretos que ella esconde.

La isla de las almas perdidas

El francés Bertrand Mandico celebra sus veinte años de carrera como cineasta con su primer largometraje, una ambiciosa puesta al día de obras como la popular novela de William Golding, tantas veces llevada a las pantallas, 'El señor de las moscas', el cine de Guy Maddin o el ambiente de la todavía desconocida película de Nikos Nikolaidis de 1990, 'Singapore sling: O anthropos pou agapise ena ptoma', con la que comparte estilo fotográfico y ambiente hostil, aunque algo más experimental.


'The Wild Boys', título con el que ha llegado a nuestro país, cuenta cómo principios del siglo XX, cinco jóvenes de buena familia, borrachos de libertad, cometen un acto atroz y criminal por el que serán encerrados en un barco gobernado por un temible Capitán. Los jóvenes se verá atrapados en un viaje que se transformará en una pesadilla represiva. Tras amotinarse, los jóvenes llegan a una isla de vegetación lujuriosa llena de placeres ocultos donde nada, absolutamente nada, es lo que parece.


Como decíamos arriba, nada es lo que parece en la película, un baile de máscaras donde lo explícito se subraya y los géneros se subvierten. Para empezar, esta odisea sexual sobre la libertad y el libertinaje, tiene a cinco mujeres en los papeles protagonistas masculinos. Pauline Lorillard, Vimala Pons, Diane Rouxel, Anael Snoek y Mathilde Warnier realizan unas interpretaciones absolutamente perfectas, bien arropadas por la indispensable Elina Löwensohn y la gran presencia de Sam Louwyck.


Mandico es un provocador nato, y se divierte jugando con los límites del espectador, del género y del "género". Hay una sexualidad explosiva constante a lo largo de un metraje cargado de eyaculaciones, planos detalle de órganos sexuales y frenesí adolescente, pero su estilo narrativo, su fotografía oscilante entre el color y el blanco y negro y los juegos visuales que compone, además de la estupenda música de Pierre Desprats y la edición de Laure Saint-Marc, hacen que el resultado final sea alucinante. Casi delirante.


Rendirse al placer y crucificar el deseo. O beber con placer del cáliz del deseo con la mirada sacando brillo al rastro de lo líquido mezclado con la saliva que pinta los labios. Esa doble liturgia – una marcada por la penitencia de lo que se reprime y la otra ensalzada por la libación de lo que se desata – es celebrada respectivamente por Bertrand Mandico en The Wild Boys (Les garçons sauvages, 2018) y Rainer Werner Fassbinder en Querelle (1982). La comunión de ambos cineastas emerge de los feligreses que sufren y disfrutan con su homilía. Feligreses encarnados por ángeles caídos que se fustigan hasta quedarse sin plumas, inmersos en una búsqueda de lo mundano que les reconecte con lo divino. Lo divino no es otra cosa que el sexo. El mero intercambio de deseos desatados y jadeos reflejados en rostros ajenos. Los ángeles tienen sexo, por lo menos los de Mandico y Fassbinder.


El director francés acierta no solo en el casting o elaborando imágenes inquietantes y llenas de erotismo desbocado, también lo hace acercando un punto de vista sociopolítico interesante a la hora de hablar de los límites y la igualdad. La gran inteligencia de la película reside en la utilización de un grupo de actrices fascinantes jugando con la androginia entre orgasmos y pesadillas.


El campo semántico de la liturgia es una forma de aproximarse a dos filmes citados anteriormente y que operan sobre la mirada, el tacto y, ante todo, el placer derivado del sexo. La mirada del espectador es salpicada por el semen y no por esa suerte de ectoplasma llamada amor. The Wild Boys congrega a cinco chicos cuyas familias adineradas deciden embarcarles con un holandés errante tras un aquelarre homicida en el que la violación es rito de paso – supervisado por esa deidad llamada Trevor que concilia apetito sexual y abulia ética -. Querelle navega por el rostro y el drama del marino del mismo nombre, cuyo desembarco en una isla provoca un culto hacia su figura donde el cuerpo se cartografía a base de lametones de sudor y posesiones furibundas. Cinco chicos y un hombre – seis ángeles caídos – cuyo descubrimiento del deseo navega por aguas intransitadas.


Sin duda es un filme extraño, distinto y especial, como ya hemos dicho no gestado para todos los públicos ni para todos los ideales pero, posee algo que debe ser de agrado a todo amante del cine y es el buen trato que hace de él, de su evolución a lo largo de los años y de sus virtudes. Además es una película que físicamente sigue aparentando ser cine, es una obra donde la textura y la estética nada tiene que ver con lo serial y con lo digital. Es una película ideada para ser estrenada en pantalla grande y disfrutada en cualquier otra pantalla que por supuesto sobrepase las 40". Es una obra distinta y profunda de esas que a nosotros también nos gusta disfrutar muy de vez en cuando.

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