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Especial Robert Rodriguez: Abierto hasta el amanecer (1996) | Tarantino + Rodriguez | Pre críticas 'Alita: Ángel de combate'


Y con Abierto hasta el amanecer  llegamos a la primera gran obra de Rodríguez de este pequeño recorrido que estamos realizando gracias al estreno de Alita: Ángel de combate.



Tarantino ya pudo ser visto en Desperado en lo que fue la primera participación conjunta entre el genio y el artesano, incluso mucho se rumorea acerca de esa verdad que dice que Tarantino es el autor del inicio del reboot de El Mariachi.
Ese mismo año llegaba a salas la película Four rooms, Una pequeña obra donde 4 directores realizaban un pequeño mediometraje, dos de esos directores eran Tarantino y Rodriguez.
Pero, oficialmente es el filme que tratamos hoy el que unió de forma total a dos seres muy distintos en su forma de entender y crear el cine, pero totalmente clónicos en la forma de amarlo.


Y es que, aunque Rodriguez y Tarantino siempre han pregonado su amor por la serie B y el Grindhouse, y de hecho este es el que les hace ser directores de cine hoy día, cierto y explícito es también que la forma de plasmarlo en su cine es muy distinta en cada uno. Resumiéndolo podríamos decir que Tarantino es el genio culto que aboga por el guión y los diálogos de aquel cine, y Rodríguez el artesano que centra su fuerza en el ritmo y en lo extremo de aquellas obras. De la unión de estas dos formas de entender la serie B, nace una película totalmente dividida en estructura que toca en cada mitad lo mejor de cada uno de los dos cineastas.

TARANTINO + RODRIGUEZ = CINE


Con un toque de cliché y serie B es como abre escena ésta interesante producción de un todavía joven Robert Rodríguez reforzada con el guión de un Quentin Tarantino en pleno apogeo. El elenco es impecable: el elegante Clooney que donde sea y cuando sea se ve genial, el enfermo de Tarantino en su peor papel en toda la historia (pero con el clásico fetiche que varios agradecemos) y el impresionante Harvey Keitel (que de hacer buen cine sabe algo) encarnando el papel de un sacerdote ateo con una esposa muerta, una hija digna de los más puercos deseos, y un simpático adolescente oriental. Pero las cosas se ponen mejor cuando aparece ese sujeto repitiendo la palabra pussy después de cada adjetivo y entonces ansiamos la entrada al recinto esperando que ahí dentro se encuentre lo prometido: Salma Hayek. Y después de todo la encontramos, la vemos, la admiramos, la imaginamos... Pero entonces pasa algo: el film enloquece o "enrodrigueze".


Y está división y sorpresa en el tono y la estructura del filme es lo que la hace grande y el ser ya una obra de culto.
De repente, todo lo que nos han contado es un trama intranscendente para llegar a ese punto que algunos detestan, en donde todos los papeles y todas las miradas culminan en una misma meta: la de hacer cine.
Por cierto, no creo que haga falta mencionar el baile de Salma Hayek o lo que es ya, uno de los grandes momentos eróticos de la historia del cine.

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