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20° aniversario | Crítica 'House on haunted hill' (1999) | Más honesta que la obra de Netflix


No estamos hablando de la venerada serie de Netflix pero a pesar de sus muchos problemas, sobretodo en lo referido a los muy mal envejecidos efectos visuales, o a lo sobreactuados que están gran parte del, por otro lado excelente, reparto, lo cierto es que el remake de este clásico de William Castle nunca deja de ser un producto directo y honesto. Aquí, no pasamos horas muertas esperando a que pase algo; tampoco necesitamos estirar el chicle para llenar un número de episodios y tampoco nos encontramos infinidad de minutos de plano contraplano ahondando en una supuesta psicología de personajes. Aquí vamos directos a lo que se nos promete. Pasar miedo, al menos en su momento y dentro de la sala de cine donde se estrenó.


Pero cierto es también que  la experiencia que da el tiempo hace que esos momentos de terror únicamente se queden para el recuerdo, esas sensaciones se queden ancladas en el pasado, y el espíritu crítico a veces aplasta cualquier recuerdo de simple diversión. Vista hoy, en casa y en una tele, la película de William Malone, ya no es tan especial como el día de su estreno y en el gigante medio para lo que fue creada.


Después de todo, “House on Haunted Hill” no es tan fascinante ni ahora ni entonces. Es la historia de una casa encantada a la que han sido invitados un grupo de personas para una fiesta de cumpleaños muy especial. Los anfitriones, Steven Price (Geoffrey Rush) y Evelyn (Famke Janssen) les proponen un juego: pasar una noche entera en la casa, un antiguo sanatorio mental, sin que nadie resulte muerto. Steven, un excéntrico millonario especialista en parques de atracciones, ha preparado la casa de forma que los invitados se lleven unos cuantos sustos, pero empieza a sospechar de que algo raro pasa cuando su mujer, con la que no se lleva muy bien, le indica que las personas que han acudido no son las que ella había invitado para su fiesta de cumpleaños, sino un grupo de desconocidos. A partir de ahí, se sucederán los hechos inexplicables y todos comprobarán lo peligrosa que resulta la casa en realidad…


El filme de Malone no contiene en realidad escenas terroríficas, tan sólo una ambientación algo inquietante en algunos tramos y un comienzo bastante prometedor. El resto de la cinta se destaca por jugar con el espectador, despistándolo por el hecho de no saber si lo que ve es una de las bromas pesadas de Steven o es algo más sobrenatural. Malone podría acertar con ese planteamiento si hacia el final no lo dejara todo tan obvio, estropeando un poco esa línea argumental a la vez que la película.


En cuanto a las actuaciones, ni siquiera se salva el gran Geoffrey Rush. Planas, sin emoción, sin sentido dramático. Tan sólo destaca Jeffrey Combs, con escasas apariciones pero todas ellas inquietantes y muy acertadas
Pero dicho esto hay que reconocer que tiene ciertos aspectos positivos, como una historia divertida e interesante que intenta crear un argumento enrevesado que te tiene todo el rato preguntándote quién es el verdadero villano de la historia. La original está mucho mejor resuelta en este aspecto, ya que su resultado final añade más leña a lo socarrón y gamberro de la historia, pero aun así, esta mantiene el pulso.
Es uno de esos claros ejemplo del cine hiperbólico de principios de siglo que tanto sufrimos especialmente en los géneros del terror y la acción, pero creo que esta al menos tiene un encanto especial.

NOTA: 6.5




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