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Crítica ‘El cascanueces y los cuatro reinos’ (2018) | Películas Disney | Presentando a Mackenzie Foy


Disney continúa su camino como dueña del cine comercial y una vez más asistimos a un espectáculo diseñado para las nuevas e incultas generaciones actuales de espectadores. Si buscas algo de aquello que un día llamaron cine, sigue buscando... si eres uno de esos amantes de las series que pueblan la parrilla, aquí al menos verás algo de potencia visual.


De nuevo vemos un proyecto en el que Disney busca materia, riesgo y calidad tras la cámara, pero que al final ese riesgo se queda únicamente en la elección del director ya que el resultado final pertenece mucho más a la maquinaria de producción Disney que podemos ver habitualmente en Joe Johnston que a la autoría o independencia creativa de las películas de Lasse Hallstrom. Por tanto, el filme se queda en una película correcta que deja claro que sin tanto control creativo por parte de Disney, pudiese podido dar algo más valiente y original, pero claro, entonces el resultado en taquilla hubiese sido más arriesgado.

El filme y su análisis

Desde que originalmente Hoffmann escribiera el cuento “El cascanueces y el rey de los ratones” (1816), y su posterior adaptación por el Dumas padre del escritor de los famosos mosqueteros, “Historia de un cascanueces” (1844), en la que se inspiraron las coreografías de ballet de Petipa e Ivánov para la suite de Tchaikovsky en (1892), muchas han sido las versiones de este relato inseparablemente musical.


En 1940, Walt Disney presentaba en ‘Fantasía’ un precioso espectáculo animado, en el que hacía danzar flores, champiñones, coloridos peces y hadas según los compases de la partitura clásica.
‘El cascanueces y los cuatro reinos’ recupera el interés por algunos números de danza y el rendido homenaje a la célebre silueta de la batuta de Stokowski dirigiendo a la orquesta sobre fondos multicolores. Pero sobre todo por la tradición de crear una nueva princesa a su legado universal, sin necesidad de pasarla del mundo animado a la acción real.

Como ya hemos dicho, el dúo de experimentados directores Lasse Hallström (‘Un viaje de diez metros’, ‘Chocolat’, ‘Las normas de la casa de la sidra’), y Joe Johnston (‘Capitán América: El primer vengador’, ‘Océanos de fuego’, ‘Jumanji’), crean un espectáculo visual barroco hasta casi el extremo en el que el rey ratón hará tambalear los cimientos de cualquier reino del mundo de la fantasía, y no hablamos aquí de Mickey celebrando su 90 aniversario en cualquier parque temático de Disneyland.
Clara (Mackenzie Foy) es la joven protagonista encargada de representar a la nueva princesa Disney, al menos en los reinos de esta fantasía. Tras la ausencia de la figura materna, emprenderá un mágico y solitario viaje en busca de su propia identidad. Una histriónica Keira Knightley (lo mejor de la película), una siempre eficaz Helen Mirren, y el reposado temperamento de Morgan Freeman, son los principales recursos interpretativos de esta película.
La opulencia del mundo real y de los reinos fantásticos, acompañarán a la joven para intentar despejar el camino a la madurez, descubriendo que su valía va más allá de ser una experta ingeniera mecánica.

Huevos secretos, danzas, soldados de plomo y de hojalata, búhos vigías y ratones ladrones, juguetes que cobran vida, son los ingredientes de esta historia navideña familiar.


‘El cascanueces y los cuatro reinos’ es un viaje fantástico al mundo de la magia de los cuentos, con pequeños destellos brillantes que no terminan de iluminar como sería deseable sus altas pretensiones.

En la foto de la caja, destacan tres actores que serían titulares en cualquier equipo -Morgan Freeman va peinado a lo Marcelo, por cierto- y una chica que pronto será una estrella, Mackenzie Foy. Los cuatro consiguen por sí mismos que la decepción no se dibuje en la cara de niños y mayores al abrir el paquete.
Pero ¿qué diantres hay dentro? Un cuento de hadas clásico y estructurado a golpe de metrónomo, con un arranque prometedor y un final de manual. Entre todos, y gracias a que la duración no se dispara por encima de los 100 minutos, consiguen que el relleno no parezca crudo. Se nota, de hecho, el esfuerzo por completar cada escena con detalles, ingredientes no siempre perceptibles, a menudo inteligentes, que sin embargo no lograrán evitar que a algunos espectadores, sin duda quisquillosos, se les atragante la trama. Gente insensible a la belleza o alérgica al azúcar.

Lo mejor: los efectos especiales y el reino de la diversión, para disfrutarlos en familia.

Lo peor: a pesar de tratarse de un buen proyecto Disney y de no repetirse en anteriores versiones animadas deja un regusto un tanto insulso y anodino.

  • Puntuación: 7


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