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2ª) Infierno de cobardes (1973) | Todas las películas de Eastwood como actor y director | Películas en las que se inspiró RDR2


Eastwood llegando de la nada, como un fantasma, un hombre sin nombre. Esa es la primera imagen que tenemos de él como actor y director en su primer western en ambos lados de la cámara. Esta silueta jamás le abandonará en toda su obra y es la clara imagen y sello de sus western.

Queda claro que Read Dead Redemption se ha basado para sus protagonistas principalmente en los personajes creados e interpretados por Clint Eastwood. El de Infierno de cobardes es uno de ellos y por eso vamos a hablar del filme.
El primero de los cuatro excelentes westerns dirigidos por Eastwood, INFIERNO DE COBARDES, ya es una obra sorprendentemente madura para tratarse de un segundo largometraje y además tremendamente personal, quizá la que más de todas sus aportaciones a este género, dado que se atreve incluso a vulnerar sus fronteras y ponerlo en relación con otro aparentemente antitético: el fantástico. INFIERNO DE COBARDES es, en este mismo sentido, un anticipo directo de las atmósferas, si no sobrenaturales, si recargadas, en la frontera misma de lo onírico y de lo mítico, que reaparecerán en EL FUERA DE LA LEY, EL JINETE PÁLIDO y SIN PERDÓN, pero llevando un poco más lejos el componente bizarro.

La película | Crítica

Un jinete de origen desconocido baja de las altas llanuras y cruza el desierto para dirigirse a un pequeño pueblo que descansa a orillas de un gran lago y que guarda bajo sus hogares un pecado inconfesable que merece ser castigado.
Así se inicia el que es uno de los "westerns" más grandes y enigmáticos (sino el que más) que se hayan realizado, pese a no ser de los más conocidos. Una historia de castigo y venganza surgidos del mismísimo Infierno.

En los '70, no eran muchos los que proseguían con la honorable tradición del "western", género que había alcanzando su época crepuscular gracias a Peckinpah, Huston, Penn o Monte Hellman y que había viajado a su propio inframundo en el "spaghetti" capitaneado por Leone. A comienzos de década, un Clint Eastwood consagrado que vivía su momento de gloria, habiéndose ganado en EE.UU. tanto fans como detractores, y dos años después de debutar a la dirección con una interesante intriga deudora a partes iguales de Hitchcock y Siegel, "Escalofrío en la Noche", abordaría por fin su primera película del Oeste.
Un borrador de la historia fue suficiente para que el actor/director se lo propusiera a Universal Pictures, y del guión se encargarían Ernest Tidyman, escritor de "The French Connection", y Dean Riesner, colaborador habitual de Eastwood. Pero lo que éste tenía pensado no iba a ser, en absoluto, un tributo al "western" más clásico y convencional (pese a lo convencional de su planteamiento), sino una extravagante desviación en el camino de dicho género, de ahí que en lugar de iniciar el rodaje en los estudios de la Universal decidiera hacerlo en el pintoresco paisaje de Mono Lake, que dotaría de una extraña y exótica atmósfera al film.


"Dicen que un muerto no descansa si en su tumba no está escrito su nombre", afirma Sarah casi divertida. En Lago se cometió un asesinato: el sheriff Jim Duncan fue apaleado hasta morir por tres indeseables que acabaron condenados, y todos lo presenciaron en silencio, sin hacer nada por él. Más tarde, un hombre llegará a Lago, un misterioso y cínico pistolero al que los habitantes pedirán ayuda para acabar con los que mataron a Duncan, quienes además tienen una cuenta pendiente que saldar con los del pueblo. Estos dos hechos, aparentemente separados, están conectados por un sentimiento irrefrenable de venganza.
Pocos "westerns" se han revelado tan desmitificadores y mordaces. "Infierno de Cobardes" tergiversa las claves del género hasta llevarlo a su más negro y pesimista reverso, burlándose de clásicos como "Sólo ante el Peligro" o "Raíces Profundas" mientras rinde homenaje a Siegel, Leone, Peckinpah y "Conspiración de Silencio", de John Sturges, en particular. En todo el "western" ha existido ese forastero que llega a un pueblo para luchar contra los malvados, ahora el extraño llega para castigar sin piedad a los lugareños. Llega de la nada, cual ángel exterminador, y a la nada regresa, su nombre y origen quedan en incógnita, tradición seguida por Eastwood desde "Cometieron dos Errores" (el muerto que vuelve de la horca convertido en comisario para vengarse...).


Así, el "bueno" pasa a ser un antihéroe en las antípodas de Wayne o Cooper y más propio de una novela negra de Jim Thompson. En futuros títulos como "El Fuera de la Ley" y "El Jinete Pálido" (versión luminosa de la que nos ocupa), los personajes encarnados por Eastwood tienen un objetivo: convertirse en benefactores de una comunidad, que reúnen y protegen, una pequeña nación capaz de resistir la maldad del Mundo; en "Infierno de Cobardes" esa comunidad soñada experimenta un revés de pesadilla, pues el forastero siembra la discordia entre las gentes, culpables de un crimen.
Eastwood lanza su dura crítica: el pueblo americano ha avanzado a lo largo de su historia a base de injusticias y sacrificios en pos del progreso (así lo declara Lewis), por lo que toda comunidad puede ocultar un acto horrible si en ello le beneficia; el pueblo será, finalmente, pintado de rojo: América se va al Infierno. Pero si algo da el valor a este "western" para distinguirse de los demás es la fantasmagoría que lo recorre de principio a fin, el enigma de ese sueño torturando la mente del extraño, la imagen del restallar de los látigos y un Duncan moribundo, la incógnita final con respecto a la identidad del forastero (hablaré de ello en la Zona Spoiler).

Eastwood reinterpreta al "Hombre sin Nombre" de la Trilogía del Dólar y lo hace más cínico, bruto, desagradable y despiadado, logrando una de sus actuaciones más salvajes y radicales; a su sombra, unos muy decentes Verna Bloom, Mitchell Ryan, Walter Barnes y Ted Hartley junto a los impagables Geoffrey Lewis, Mariana Hill y Billy Curtis, sin olvidar al colaborador del director (además de su doble) Buddy Van Horne, que da vida a Duncan.
Suspense de tintes sobrenaturales que por momentos roza el terror psicológico, realzado por una arriesgada y experimental puesta en escena, unos diálogos mordaces y cargados de humor negro y la ensoñadora música de Dee Barton, todo ello engarzado en un Oeste degenerado y desencantado, lo que no gustó nada a los defensores de los ideales tradicionales (se cuenta que John Wayne mandó una carta a Eastwood quejándose de la película...).

En cualquier caso, un "western" imprescindible.


  • Puntuación: 7.5




Ver Infierno de cobardes (1973)




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