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Historia y películas de 'La Amblin' | Spielberg, Kennedy y Marshall


Aunque vamos a hablar de forma más sosegada y técnica sobre la Amblin en este artículo, antes de eso, me gustaría decir que Amblin fue (la actual ya no lo es) la mayor factoría de ilusiones adolescentes que ha dado el cine.


El cine siempre ha sido un lugar para la ilusión (y la mentira), pero, solo Amblin ha conseguido llegar al alma de los jóvenes de una manera especial. Fue la única en dar entidad a las películas de "niños"; fue la única capaz de sacar una cantera enorme de jóvenes directores abocados al fantástico; fue la única capaz de convertir la serie B en serie A; también fue capaz de crear obras maestras disfrazadas de cine comercial y llevó los límites de la técnica y los efectos visuales/sonoros a lugares donde pocos habían llegado. Además, muy al contrario de la Marvel actual, Amblin supo entender que el cine debe ser variedad, riesgo y sorpresa y de ahí que aunque siempre tuvo una línea fija en su propuesta, subo mutarla en todo tipo de géneros e historias y además, fue capaz de cambiar las normas de censura y conducto para crear un "Rated 13" que pudiese dar a sus producciones una entidad y solera que la alejasen de las noñas producciones infantiles de la época.

Amblin fue la causa por la que el cine comercial maduró de la forma más rápida hasta la fecha, pero fue responsable también de que el público más joven madurase cinematográficamente hablando de una forma especial. Todo aquel que nació con la Amblin no ve el cine de una forma normal sino que lo hace de una forma especial y eso es mucho más que otras grandes productoras han conseguido.
Por cierto, por si alguien ha venido en la nave de E.T. hace poco y no lo sabe, Amblin Entertainment es una productora de cine y televisión fundada en 1981 por el director Steven Spielberg y los productores Kathleen Kennedy y Frank Marshall. Su nombre procede de Amblin' (cortometraje con que Spielberg iniciaría su exitosa carrera) y su logo es la famosa silueta del vuelo en bicicleta de E.T. y Eliott recortándose contra la luna llena. Además, se compuso una melodía para esta cortinilla de Amblin.

La Amblin Pura (1982-1993) | La edad de oro

La productora Amblin debe su nombre a uno de los primeros cortometrajes de Spielberg, rodado en el año 1968. Fue creada para realizar la fundamental E.T el extraterrestre (el logo de la productora es la imagen de la bicicleta voladora, recortada sobre la luna llena).

E.T. es una obra maestra de la Historia del Cine que por sí sola –como otras de las películas de Spielberg posteriores, de las que hablaremos por encima, con su permiso– merece no solo un reportaje, sino un libro de dimensiones inconmensurables.
Lo cierto es que E.T. marcó la pauta estilística, e incluso temática, para la mayoría de las películas Amblin de los 80, y por extensión en el cine juvenil de aquellos tiempos. Los ingredientes solían ser los siguientes: ambientación en barrio residencial, protagonismo de niños o jóvenes con problemas familiares o afectivos, irrupción de lo fantástico en lo cotidiano, dosis acertadas de efectos especiales y ocasional aparición de criaturas animatrónicas de aspecto terrorífico pero entrañable.
A todo esto hay que añadir el uso de bandas sonoras que seguían el estilo clásico reinstaurado por John Williams para los bombazos de Lucas y Spielberg, y ya tendríamos una perfecta película para el niño criado con Espinete y futuro neurótico de la “Generación X”.
Decir pues, que E.T. es el nacimiento real de lo que conocemos con la edad dorada de Amblin Entertainment.
El primer éxito de Amblin después de las aventuras de Elliott fue una extraña comedia negra llamada Gremlins (1984). El director de esta maravilla fue Joe Dante, un personal autor de cine comercial, instruido en las filas de Roger Corman.
Dante se convirtió en el principal realizador de los éxitos de Amblin de esta edad de oro.  La historia estaba escrita por Chris Columbus, que se convertiría en el guionista casi oficial para todas estas gloriosas películas. En Gremlins también se aprecian las constantes artísticas de Joe Dante: una pequeña población americana asediada por criaturas extrañas (un tributo a los viejos films de ciencia ficción de los 50), humor salvaje herencia de los cartoons de la Warner y la aparición de Dick Miller como secundario de lujo, aquí encarnando al xenófobo señor Futterman, todo un personaje para el recuerdo.
El clamoroso éxito de Gremlins, película que crearía polémica si se estrenase en este mojigato siglo XXI, hizo que le salieran tantas imitaciones que casi constituyeron un nuevo subgénero.
Las criaturillas de grandes sonrisas llenas de colmillos y tendencia al asesinato tomaron posesión de los videoclubs de barrio, con sagas como la de Critters o casposas series Z como Ghoulies o Munchies.
En 1990, y con el mismo equipo, se llevó a cabo una demasiado tardía secuela titulada Gremlins: La nueva generación y que avisaba lo que era ya claro, que Amblin estaba llegando a su fin. 1993 y Parque Jurásico sería la última piedra de este estilo de hacer películas.


1985 y las 3 obras claves de Amblin Entertainment

1985 fue el año clave para Amblin. Mientras Spielberg se disponía a dirigir su primera película “seria”, El color púrpura, ejerció de productor en tres estupendos films, dos de los cuales son las películas favoritas de muchos veinteañeros y treintañeros. Vamos por partes.
Basada en una historia de Spielberg desarrollada por Chris Columbus, Los Goonies es el film de aventuras perfecto para un niño.

Regreso al futuro es el otro clásico del 85. Escrita y dirigida por el compadre de Spielberg, Robert Zemeckis, la película supuso la consagración de un actor de moda en el momento, el eterno adolescente Michael J. Fox que por entonces protagonizaba la serie de éxito Problemas de familia.
En Regreso al Futuro Michael J. Fox era Marty McFly, un adolescente miembro de una familia de perdedores y amigo de un excéntrico científico, el doctor Emmet Brown, conocido por todos como “Doc” y encarnado por ese dibujo animado de carne y hueso llamado Cristopher Lloyd.
Regreso al futuro no deja de ser un vodevil con tintes fantásticos, en el que los efectos especiales no son tan abundantes como se recuerda, pero sí el suspense y el ritmo, que se compenetran perfectamente con la comedia desenfadada.
La película acababa con un final abierto e irónico, que obligó a la fabricación de dos secuelas, también algo tardías y rodadas al mismo tiempo.

Aparte de los dos clásicos ya mencionados, ese año Amblin puso en cartel otra película menos recordada, pero más que interesante. Se trata de El secreto de la pirámide, indianajonesco título español para The young Sherlock Holmes. Un curioso guión de Columbus fantaseaba sobre la idea de qué hubiera pasado si John Watson (Alan Cox) hubiera conocido a Sherlock Holmes (Nicholas Rowe) en sus años mozos (en las novelas el encuentro se produce en la edad adulta, como se relata en Estudio en escarlata).
La película, dirigida por Barry Levinson, narra las aventuras de estos dos jóvenes en un tono más cercano a las aventuras que a la deducción científica y por cierto, que una de sus secuencias, supuso uno de los primeros intentos de usar gráficos de ordenador de aspecto realista.

A partir de 1986 y hasta 1993

En 1986 el listón bajo un poco respecto al año anterior, con dos películas menos interesantes. Amblin estrenó Fievel y el nuevo mundo, que contaba con la interesante premisa de una familia de ratones inmigrantes judíos (claro está) que huyen a América a causa de los gatos cosacos. La película se hundía en un mar de empalago a causa, entre otras cosas, de la dirección del incompetente Don Bluth, uno de los peores realizadores de películas animadas de la Historia.
Más disfrutable resultaba Esta casa es una ruina, libremente inspirada en Los Blandings ya tienen casa. Fue protagonizada por Tom Hanks en su época de cómico, antes de que supiéramos que también era un magnífico actor dramático.
Sin ser gran cosa, este film de Richard Benjamin resultaba un divertimento primario y efectivo, y hoy en día sigue siendo una perfecta película-comodín para los programadores televisivos.

En 1987 Spielberg volvía a probar fortuna en el cine adulto (la genial El imperio del sol) y auspiciaba películas cada vez más flojas, como la infame Bigfoot y los Henderson y la poco recordada Nuestros maravillosos aliados.
Por fortuna, Dante volvió a salvar el día con El chip prodigioso, cochambroso título español de Innerspace. La película retomaba ideas del clásico Viaje alucinante cuando un piloto de las Fuerzas Aéreas (Dennis Quaid) reducido de tamaño, junto a una moderna nave, es inyectado por error en el cuerpo de un mentecato interpretado por Martin Short. La cinta es una desquiciada comedia de espionaje y ciencia ficción en la que aparece Meg Ryan (por entonces churri de Quaid) y habituales del cine de Dante como Robert Picardo (tronchante en su papel de El Cowboy) o Kevin McCarthy, sin olvidar a Dick Miller, por supuesto.

1988 supuso el fin de la Edad de Oro de Amblin tal y como la conocemos. No es que dejara de hacer buenas películas, pero se perdió la magia, quizá porque toda una generación que se crió con E.T. comenzaba a entrar en los terribles terrenos de la adolescencia o que los tiempos, simplemente, cambiaban.
Por esas fechas, el gran éxito de Amblin fue la película de Robert Zemeckis Quién engañó a Roger Rabbit, una loca historia que mezclaba la serie negra tipo Dashiell Hammet con el mundo de los dibujos animados. El poder de Spielberg logró que tanto Disney como Warner cedieran sus criaturas más preciadas para que aparecieran juntos en una película.

En la década de los 90 (y año final de los 80s), Amblin siguió apuntándose grandes éxitos, aparte de los de Spielberg como director, pero por lo general la calidad de sus productos había bajado alarmantemente. En el 89 disfrutamos de Always y la segunda entrega de Regreso al futuro. En el 90 veríamos la genial Aracnofobia, la tercera entrega de Regreso al futuro, Gremlins 2: la nueva generación y Joe contra el volcán.
Un año después y como destacada, la fallida Hook y podemos decir que Parque Jurásico en 1993 es el final del ciclo dorado de la famosa compañía.

Presente

La compañía siguió con títulos como Casper o Los Picapiedra que decepcionaban al público infantil mientras la productora se dedicaba a films más adultos, como Los puentes de Madison o El efecto dominó.
El tibio estreno en 1998 de Pequeños soldados, un film de la vieja escuela dirigido por Dante, dejaba una sensación de nostalgia para los que fuimos niños en la mejor época para serlo.
Uno no deja de sentir cierta lástima por los chavales criados en los 90 o en este nuevo milenio, que han visto limitada su oferta a estúpidas producciones de animales parlantes o a las cintas que suelen producir Disney y Pixar.

Quizás 2011 sea el mejor año desde los años 80 ya que pudimos ver Las aventuras de Tintín y el secreto del unicornio,  la autohomenaje Super 8 de J.J. Abrams y la fábula War Horse.
2018, el año actual puede sentirse afortunado al recibir dos películas como Jurassic World: El reino caído y Ready Player One, pero, aunque la calidad de ambas sea muy buena, hemos de decir que aquel espíritu que tuvo Amblin se perdió para siempre y ahora ya, 30 años después pertenece a los rincones de los grandes momentos que Hollywood ha dado.



Películas 'No Amblin' pero con estilo o 'sello Amblin'

Para finalizar no hay más remedio que hablar de todas esas películas que no fueron producidas por Amblin, pero que se unieron a esta moda y copiaron totalemente su estilo hasta tal punto que podríamos considerarlas como películas de sello Amblin.
Sin duda que la saga Indiana Jones que no pertenecíó a Amblin aunque fueran dirigidas por Steven Spielberg, son espiritualmente un calco y podemos incluirlas dentro de este estilo al igual que otras muchas como Exploradores, Aventuras en la gran ciudad, Cariño, he encogido a los niños, Cortocircuito, D.A.R.Y.L., El vuelo del navegante, Willow.


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