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El secreto de la pirámide (1985) | Todas las películas Amblin


1985 fue el año clave de la Amblin y de sus tres títulos más comerciales. Hoy vamos a tratar el menos popular de ellos pero quizás, visto hoy, el más sorprendente de todos y es que, queda claro que es muy duro tener que competir en un mismo año con Regreso al futuro y Los Goonies, pero más difícil aún es ser vista hoy día y seguir siendo igual de perfecta que en su momento. No voy a decir que 'El secreto de la pirámide' es la mejor película Amblin del 85, pero, me atrevo a decir que tampoco es peor que las obras de Zemeckis y Richard Donner.


Estamos ante un pequeño clásico de culto ochentero y juvenil de "la mano de Spielberg" que se ha convertido en referente ineludible del cine de aventuras, y una de las grandes películas dedicadas al gran detective Sherlock Holmes, creado por Sir Arthur Conan Doyle.

La película | Crítica


“El secreto de la pirámide” es un nuevo ejemplo de esa magia, esa atmósfera, ese mimo y ese aura especial que tenían las películas ochenteras (sobre todo las de Amblin) cuando se zambullían en los relatos de aventuras juveniles, que aunaban la innovación de los nuevos tiempos con las esencias clásicas, efluvios de ambos mundos que se mezclaban y daban la mano de forma fascinante y maravillosa.
Ese aura especial se aprecia ya en la primera secuencia, esa que marca el tono y que atrapa al espectador para la causa, donde se juega con el misterio con toques fantásticos. Una brillante dirección de Barry Levinson que logra una atmósfera perfecta, sensacional, alargando el momento del clímax de la secuencia y poniendo al servicio de la misma todo lo que tiene a su disposición, desde la fotografía hasta los efectos especiales pasando por las inclinaciones de cámara.


El guión corría a cargo del guionista oficial de Amblin por aquellos años, Chris Columbus, quien manifestó que quería explorar el porqué Holmes se hizo tan frío y calculador, cómo había llegado a ser así, porqué acabó pasando solo el resto de su vida. El guionista y director explicó que ese fue el motivo de retratarlo tan pasional, tan emocional, tan controlado por sus pasiones, enamorado del que será el amor de su vida… En lo que aquí ocurre Columbus encuentra la explicación de lo que sería más tarde.
Un Columbus que crea en esta película lo que pudo ser un antecedente en estilo y forma de los Harry Potter de J. K Rowling, que él mismo llevó al cine en las dos primeras entregas de la saga del joven mago, aunque en esos casos desde la dirección, no desde el guión como aquí.
Las similitudes con Harry Potter son tremendas. El aspecto de Watson con esas gafas, su timidez y su bufanda remiten al propio Harry; el colegio, con esos pasillos y comedores, esos decorados, nos remiten a Hogwarts; los duelos, donde las varitas sustituyen a las espadas o el niño malvado y albino, Draco Malfoy-Dudley (aquí convertido en albino por un truco de Holmes); el trío de chicos aventureros, donde dos son chicos y la tercera es una chica; el grupo de profesores, las alucinaciones que parecen trucos de magia…
Columbus juega en el guión con la idea de iniciación y germen, mostrando de donde proceden tantas y tantas características definitorias de estos personajes inmortales. La frase “Elemental, querido Watson”, que Holmes roba del profesor Waxflatter, ya que éste se lo decía a él: “elemental, querido Holmes, elemental”. Una frase que en realidad no aparece en los libros de Sherlock Holmes. Sus primeras discusiones con Lestrade; su característica indumentaria, primero la gorra, luego la pipa, que comprará Watson para conseguir una dirección y finalmente regalará a Holmes, y su abrigo, que cogerá de Rathe; su obsesiva puntualidad, adquirida por su drama amoroso, que le hará cambiar drásticamente; el control de sus emociones para sacar lo mejor de sí mismo en su labor detectivesca; su elegida soledad, aunque la temía, tras la pérdida de Elizabeth…



La dirección del filme no puede tener ningún reproche y así vemos como Barry Levinson, quien tuvo sus momentos de gloria, rueda de manera notable, con planos largos y sin cortes salvo cuando es necesario, tarea que seguro aprendió del aquí productor ejecutivo, Steven Spielberg. Eso sí, en manos del genio de Ohio esto podría haber sido aún más grande. “El mejor” (1984), “Good morning, Vietnam” (1987), “Rain man” (1988), “Bugsy” (1991), “Acoso” (1994),  “Sleepers” (1996), “La cortina de humo” (1997), “Esfera” (1998)… son algunos de los títulos de Levinson más exitosos.
Pero aún respetando el trabajo de Levinson, de alguna forma queda evidente que Spielberg influyó mucho, sobre todo sus Indiana Jones. Es fácil reconocer la misma esencia, un héroe que sale de toda dificultad y peripecia por su talento deductivo e ingenio, así como sus dotes físicas. Lo mismo ocurre con esas escenas de rituales y sacrificios que observamos en el film y que nos llevan a “Indiana Jones y el templo maldito” (1984), por ejemplo.

En definitiva tenemos, un guión estupendo, una acertada dirección, unos efectos especiales que causaron furor en la época obra de Industrial Light and Magic del amigo Lucas, con especial mención al hombre de la vidriera (primera escena infográfica de la historia del cine), un hito absoluto del grupo Pixar (os sonará, y donde el nombre de John Lasseter aparece en los títulos de crédito).
Totálmente recomendable para los amantes del cine de aventuras o simplemente pretendan pasar un buen rato entretenidos y darse cuenta de que no es obligatorio hacer unos efectos especiales, visuales o como quieran llamarlos de la ostia, porque al final lo que subyace por encima de todo es la historia y el ritmo que tiene.
Hay que quedarse a ver hasta el final, después de los títulos de crédito porque la peli te prepara una nueva sorpresa que te deja con una cara de asombrado y con una medio sonrisa.


  • Puntuación: 8






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