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Crítica 'Suspiria' | Terror, crueldad, color y belleza


Cada vez que nos llegan noticias y críticas de una película estrenada en un festival, hay que estar con pies de plomo a la hora de sacar conclusiones y es que, desde las trincheras del snobismo que ocasionan los festivales, la opinión del crítico parece diluirse o transformarse para hacer ver al mundo que el cine es cosa de unos elegidos capaces de entender lo que los mortales no pueden. Una vez fuera de esas trincheras y ya en las redacciones locales junto a un pincho de tortilla, esa opinión parece cambiar y lo que fue malo ahora es bueno o a la inversa. Así, que como nosotros no hemos podido ver el filme todavía no vamos a dejar una opinión sobre esta nueva obra, 'remake' o versión de 'Suspiria' (1977), una de las películas más importantes de la historia del cine de terror y, probablemente, también de la del cine a secas que ahora ha sido reinventada por Luca Guadagnino. Lo que vamos a hacer eso sí, es dejaros una simple opinión de lo que supone y supuso la original.


La película

El terror gótico de la Hammer dejó claro al mundo que este género o tipo fr obras podían ser arte, color y sonido y así vemos como en Suspiria, su equipo creativo derrocha un gran refuerzo tanto en la banda sonora compuesta por el grupo Goblin, que acentúa aún más las partes de máximo clímax de la película, como en el plano visual donde un punto muy característico de esta gran obra es el juego de cambio cromático entre escenas, con una original y excelente iluminación con gran variedad de colores chillones y con la supremacía de los tonos rojos intensos tan característicos en toda la obra de Darío Argento. Así en Suspiria hay que mirar y admirar todos y cada uno de los escenarios. Pinturas con colores intensos, estampados floridos e imposibles, el juego que hace de las formas geométricas, los objetos tan originales y simbólicos en muchísimas de las escenas, etc.
Así la obra se queda a mitad de camino de lo que fue la Hammer y lo que años después sería el cine de David Lynch dejándonos un festival de fetiches cinematográficos recurrentes de Argento, como el color rojo, los estampados, el terciopelo, las cortinas, la sangre y muchísimas roturas de cristales.
Decir además que está protagonizada por Jessica Harper, Alida Vali, Stefania Casini, Joan Bennett y un jovencísimo Miguel Bosé.
Argento para crear una atmósfera tan única se basó bastante en el expresionismo alemán y en el barroco pero imitando el Technicolor que por aquel entonces empezaba a estar un tanto anticuado. No rodó en ese sistema, si no que el director de fotogafía  Luciano Tovoli se decidió por quitar un filtro difusor.

Pero aunque Suspiria aboga por la imagen como esencia del cine puro, hay que decir que cuenta con un loable guión escrito por el mismo Argento y por la que entonces era su compañera sentimental, la actriz Daria Nicoladi, se construye como un perverso cuento de hadas (brujas) moderno con visos de pesadilla. Su trama, más febril que racional, bordeando lo expresionista y surreal, transcurre en una antigua academia de danza de Friburgo, la Tanz Akademie, albergada en una mansión estrambótica en una suerte de gótico reinventado, con pasillos laberínticos y colores estupefacientes, cuya fachada es una copia casi exacta del Haus zum Walfich, notable edificio histórico de la ciudad alemana donde fue escrito Elogio a la Locura (1511) del pensador Erasmo de Rotterdam.
El filme cuenta el pavoroso viaje de una virgen inocente, la joven bailarina americana Suzy Banyon (interpretada por Jessica Harper), que llega interna a la prestigiosa academia Tanz directamente desde Nueva York a fin de perfeccionar sus estudios de ballet. La víctima/heroína Suzy irá siendo testigo de las terribles muertes e inusitados hechos rayanos a lo paranormal que empiezan a sucederse en la institución, poblada por una maraña de personajes extravagantes y siniestros de comportamientos sospechosos (una profesora tipo gimnasta soviética hiperciclada de los años ochenta, un pianista ciego acompañado de su perro lazarillo, un niño lúgubre de colores hiposaturados, el imberbe Miguel Bosé y el resto de alumnas).
Así y repetimos que aunque lo visual es la esencia de la obra, lo narrativo nunca ha dejado de influenciar como vimos años posteriores y películas como Terciopelo azul, la obra de Nicolas Widing-Refn o películas más recientes como El cisne negro.
Sin duda uno de los puntos álgidos del cine de terror.

  • Puntuación: 8.5



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