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'Los señores del acero' de Paul Verhoeven | El juego de tronos de los 80


Antes de Juego de tronos existió Los señores del acero, una película de Paul Verhoeven de 1985 que sin duda ha servido de inspiración a más de un capítulo de la famosa serie de HBO.

Una difícil producción

Tras la película 'El cuarto hombre', Paul Verhoeven no descarta la idea de hacer un cine que le permita huir del sistema de producción holandés esclavo como casi todos las cinematografías europeas de las ayudas estatales. Este plan le lleva a escribir un guión sobre la Europa del siglo XVI en el que recoge influencias de 'Floris' y 'El séptimo sello', y con el que espera atraer financiación de los contactos que ha hecho en Estados Unidos. La productora Riverside Pictures apoyada por Orión respalda la mayor parte de un presupuesto de seis millones y medio de dólares y convierte la cinta en una co-producción entre Estados Unidos Países Bajos y el lugar donde se rodará, España. Nuestro país entra en la película con técnicos de primer orden como el director artístico Félix Murcia.

Pero, Hollywood y la financiación americana no era la panacea que Verhoeven pensaba ya que nada más empezar, la parte americana de la producción se opone a la visión que del inicio de la Edad Moderna se da en la película con unos personajes que lejos de ser héroes son buscavidas capaces tanto de violar y robar como de usar la religión y la fe en su propio beneficio. A este problema se suma el ego de Rutger Hauer que convertido en estrella gracias a Clave Omega, Lady halcón y Blade Runner, quiere que su personaje corresponda a los cánones propios de su nuevo estatus de estrella hollywoodiense.
Si bien las tensiones no consiguen borrar por completo la visión de Verhoeven hacen que cambien muchas cosas como por ejemplo el título. También obligan a introducir una trama romántica que Verhoeven sabe retorcer lo suficiente como para no tener que renunciar por completo a la personal visión del ser humano que tiene el cineasta.
Así hoy, Los señores del acero sorprende no por su atropellado guión sino por la falta de cualquier tipo de romanticismo que hace del género de capa y espada situando el primitivismo de sus personajes a escasos centímetros de lo que autores como Sergio Leone hicieron al revivir el western. Eso sí, los palos en Europa fueron tan grandes que Verhoeven decidió largarse y emprender así su exitosa carrera americana.



El trono de acero


Como ya hemos insinuado, la película tiene como principal valedor que relata el medievo de una manera más realista a la habitual. La película nos sitúa ante un medievo donde la gente no se bañaba, donde el furor religioso campaba, de gentes que compraban papeles que servían para borrar sus pecados a una iglesia corrupta, donde los nobles podían asesinar a los campesinos sin que nada importará existiendo el derecho de pernada o las torturas públicas. Donde la vida no valía nada, y lleno de gente marginal o de mercenarios que ofrecían sus servicios a reyezuelos sin moral rodeados de nobles y eclesiásticos que trataban a las otras personas como ratas. Un lugar donde sobrevivir era muy difícil y lleno de epidemias como la peste que mato a una cuarta parte de la población europea.

Y ahí es donde Paul Verhoeven se desenvuelve como pez en el agua y es donde cabe gente como Martín y su colla de mercenarios marginales, correcaminos sin moral alguno que habitan de forma perfecta en una época en que la moral real no existía mas que aquella que imponía la iglesia por el miedo o la sangre.
Asi, el autor de Robocop o Instinto Básico es capaz de mostrar a Hollywood cuáles son las bases de su cine. Por tanto, el sexo y la violencia acampan en ese filme como hoy día acampa en Juego de tronos. Por primera vez asistimos a una época feudal salvaje y explícita, sin miedo a la censura y sin edulcorantes.
Ahí es donde Vivian Jason Leigh se muestra absolutamente sorprendente, una princesa que jamas ha ido mucho mas allá de las puertas de su palacio y que rápidamente convierte su cuerpo en una poderosa arma de manipulación... y Rutge Hauer fascinante como Martin, arquetipo de antihéroe en una época donde los Martins eran mucho mas cercanos a la realidad que esos héroes sobre los que leía Don Quijote.


Actualmente la película sigue vigente tanto en su puesta en escena como en su nivel de producción y estamos ante uno de los relatos más interesantes de aquellos años. Si eres amante de Juego de tronos aquí no hay dragones ni caminantes blancos, pero, sin duda que la película te fascinará.


  • Puntuación: 7.5



Año: 1985 / País: Estados Unidos
Título original: Flesh+Blood (Flesh and Blood)
Duración: 126 min.
Guion: Paul Verhoeven (Historia: Gerard Soeteman)
Música: Basil Poledouris
Fotografía: Jan de Bont
Coproducción Estados Unidos-Países Bajos (Holanda)-España; Riverside Pictures production / Orion
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