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Crítica remember bluf: 'Resacón 2, ¡Ahora en tailandia!', de Todd Phillips


Alan, Stu, y Phil vuelven a las andadas en otra despedida de soltero: borracheras, tatuajes, altercados, budismo y más esperan en esta secuela.
En nuestra sección de blufs del cine, traemos esas películas que no se deben imitar, es decir, esos trabajos innecesarios de los que hay que aprender que no se debe hacer. ¿Mejor que la primera? Seguid leyendo pero creo que ya sabéis la respuesta...


Resacón en Las Vegas (2009) supuso un soplo de aire fresco a la comedia americana que últimamente veíamos en el cine, efectista y carente de gracia, así como también se contrapuso con lo pedante y mojigato de otras propuestas. Es por ello que con tan sólo 23 millones de dólares en su producción, recaudase más de 500 en la taquilla del mundo entero. Ante esta rentabilidad, las buenas críticas y su humor irreverente era inevitable que asistiésemos, tarde o temprano, a una secuela de las andanzas etílicas de tan esperpénticos personajes.


Y es que lo mejor que tenía la original eran sus personajes: Phil (Bradley Cooper), Alan (Zach Galifaniakis, espléndido, y uno de las almas que dan vida a ambas películas) y Stu (Ed Helms), éste último sirviendo como el motor y eje principal de la secuela que nos ocupa, y es que esta vez, el dentista del grupo es el que se casa con una damisela tailandesa. Obviamente, el principio de Resacón 2: Ahora en Tailandia se antoja ácido para todos los protagonistas, pues Stu se ha distanciado del resto del grupo y ante su inevitable boda quiere evitar a toda costa que vuelva a pasar una despedida de soltero como la que vivieron en Las Vegas. Sin embargo, otro de los problemas a los que se debe enfrentar Stu es a la autoridad desmesurada del padre de la novia, el cual siempre lo deja por los suelos, y por si fuera poco, tiene a su cargo al hermano de la novia, un tímido cerebrito de 16 años que al conocer a los demás integrantes de la manada, cambiará su vida para siempre.


Si un problema tienen la mayoría de secuelas es que si algo gustó de la original, ¿para qué cambiarlo? Por esto, no es de extrañar que asistamos al mismo esquema de la predecesora, pues TODO SE REPITE. Pero de forma más exagerada, grande, y con más medios. Sin ningún alarde de ofrecer nada nuevo, salvo unas risas aseguradas, y ese aire macarra que envuelve a este producto que, sin embargo, hace palpable la falta de imaginación de los guionistas, entre ellos el director Todd Phillips. En lo referente a medios técnicos, sigue siendo un producto bastante barato en comparación con todo lo que va a recaudar, sin ningún alarde a nivel visual ni sonoro, simplemente correcto.


En conclusión, estamos ante una secuela predecible en todos sus términos, haciendo que sus más de 90 minutos pierdan la atención del espectador por no ofrecer nada nuevo respecto a la anterior, salvo un mono, un transexual, un monje budista con voto de silencio, la aparición del señor Chow, y un Paul Giamatti que no sabemos qué pinta en todo este embrollo. Como dicen en la película, lo que pase en Bangkok, se queda en Bangkok. En mi caso, lo que ví en el cine, se quedó en el cine…



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