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Perfectos desconocidos, Alex de la Iglesia, Divinity, Telecinco, Facebook y WhatsApp


Todo el conjunto de palabras que hemos usado en el enunciado del artículo solo dan como resultado una conclusión. De aquí no puede salir nada bueno ¿O sí?


Alex de la Iglesia desde Acción Mutante o El día de la bestia siempre ha estado vinculado al cine macho, ese, que nace de la testosterona gestada en los videoclub de barrio. Ahora, el hombre que contaba con Antonio Resinas o Santiago Seguro como exponente de ese cine bizarro y macho, ha recurrido a Telecinco y más concretamente a Divinity, para promocionar lo que puede ser su filme más rosa, cuqui y cursi hasta la fecha.
Y aunque sabemos que con Alex siempre habrá momentos para lo bizarro la sangre y lo salvaje, también tenemos la sensación que esta nueva película del director está más abonada a las tendencias y modas actuales que a su propia genética de cine de género trash.

Bellas actrices como Dafne Fernández o Juana Acosta se encargarán hoy de lucir palmito en un evento televisado en directo que pretende marcar un punto de inflexión en esto de las premiers y el glamour dentro de nuestro cine.
El tema es que a nosotros nos da un poco de miedo ver a Alex dejándose llevar por un movimiento tan rosa y milenial como este. Aún así, daremos un voto de confianza antes de poder jugar la obra.
Ernesto Alterio, Belén Rueda, Eduard Fernández o Pepón Nieto son algunos de sus protagonistas.

Argumento:

Una extraña inquietud parece haberse apoderado de la ciudad. El tráfico se colapsa, las urgencias de los hospitales están a rebosar, los perros aúllan intuyendo el peligro que se aproxima: es el eclipse de Luna. Su poderoso influjo afecta también a los protagonistas de esta historia, un grupo de amigos que se reúnen para cenar. Los anfitriones discuten alterados. Sus invitados están a punto de llegar y la cena no está preparada todavía. Alfonso y Eva, los dueños de la casa, profesionales bien situados, están preocupados por su hija adolescente y por lo monótona que se ha vuelto su vida. Eduardo y Blanca, una pareja en la que ella se quiere casar y él no; ella quiere tener un hijo, él ni se lo plantea. Antonio y Ana, un matrimonio con dos niños, a punto del divorcio. Pepe, un profesor en paro, que acude solo a la cena porque su novia está enferma… ¿o es tan sólo una excusa?

Una reunión de amigos como tantas otras, hasta que, de pronto, surge la idea. ¿Por qué no hacer algo distinto? Vamos a jugar a un juego. ¿Qué pasaría si dejásemos nuestros móviles encima de la mesa, al alcance de todos? Llamadas, SMS, Whatsapps, notificaciones de Instagram o Facebook, nuestra vida entera compartida al instante por todo el mundo.

¿Un juego inocente o una propuesta peligrosa? ¿Podrá soportar el grupo de amigos semejante grado de sinceridad, aunque sólo sea por un tiempo?

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