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Crítica John Wick: Pacto de sangre (2017) | Neo reencuentra a Morpheo

Puntuación: ***


Tras la excelente acogida a 'John Wick: Pacto de sangre', los rumores sobre una tercera entrega no se han hecho esperar. Durante una entrevista con el protagonista Keanu Reeves y el director Chad Stahelski, Empire quiso saber de primera mano qué hay de cierto respecto a la tercera entrega de la franquicia de acción. Reeves fue tajante al respecto, incluso aludiendo que ya tiene algunas ideas para la nueva película.


Y es que, la segunda parte de John Wick está siendo un éxito en los USA, donde ya se ha estrenado y hemos podido disfrutar. 
Es curioso como este pequeño filme ha ido subiendo de la nada hasta convertirse en un fenómeno de culto con tan sólo una modesta entrega, también es curioso como ha sabido perfectamente tomar el pulso del cine de acción clásico de los 80 y 90 para adaptarlo a los nuevos tiempos no sólo en estética sino en estructura y es que, el díptico (por el momento) de la franquicia guarda en sus entrañas el formato típico de los films de superhéroes tan queridos en este siglo XXI.

Si analizamos (ya lo hicimos en su día) la primera entrega de la saga vemos que funciona a modo de presentación y creación (re-creación esta vez) del personaje. Es como cuando veíamos a Peter Parker convertirse en Spider-Man en su primera entrega o a Tony Stark en Iron-Man (2008). Así en la primera parte de John Wick estuvimos parte del metraje (poco también es cierto) viendo la evolución del personaje hasta convertirse en esa especie de "superhéroe" mercenario o asesino que tanto dominio tiene del arte de la violencia y la aniquilación.

Ahora, presentado el personaje y sus "poderes" es hora de ir al grano y centrarse únicamente en lo que buscamos en este tipo de películas: acción y adrenalina en cada secuencia.


Pero si algo inteligente tuvo la primera entrega es saber coger las claves del buen cine de acción de los 80 y principios de los 90 y así, dentro de la exageración, el protagonista se veía como un ser tocable y destruible lo que como es normal aumenta la intensidad dramática de todo lo que se cuenta. 
El inicio de la primera entrega nos recordaba esas obras (El justiciero de la noche) donde un presunto ciudadano inicialmente de aspecto normal, va poco a poco revelando al espectador que es una auténtica máquina de matar (citar también The Ecualizer como ejemplo claro). Este inicio ochentero se fusionaba con el propio físico y movimiento corporal tan particular que tiene Keanu Reeves para así situarnos en universos clásicos como el de Matrix o Le llaman Bodhi. De este modo teníamos un poco de los 80, un poco de los 90 y una estética y estructura totalmente actual. Ahora solo había que mejorar todo esto.

Y en esas está Pacto de Sangre (título por cierto que nos recuerda a aquel clásico film de los 80 dirigido por el Stan Winston, el maestro de los maestros de los efectos visuales). La acción se multiplica (si era posible) desde el minuto uno; a esto añadimos más recuerdos de sagas clásicas como la aparición de Lauren Fishburne (alias Morpheo en Matrix); añadimos una mejor planificación (se nota mayor presupuesto) a la hora de rodar las escenas de acción con planos secuencias (digitalizados esos sí) muy dignos de mención; añadimos épica al héroe central y a su pasado y seguimos manteniendo esa estética oscura donde el negro y los neones nos ofrecen una suerte visual que mezcla el universo de los hermanos Wachowski con el de Nicolas Widing-Refn. 
También añadimos que tras esta segunda parte, nombres como el de John Wick o Bowery King empiezan a tener entidad fílmica como en su día lo tuvieron Neo y Morpheo o Murtaug y Martin Riggs.


Asi que simplemente John Wick: Pacto de sangre no es una obra maestra del cine de acción, pero, es uno de los ejercicios más dignos visto en los últimos tiempos. Es una película que ha sabido crear su propia mitología interna de personajes, que genera ganas de ver más entregas y que dignifica un género que este nuevo siglo no ha sabido tratar muy bien.
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