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Acero Puro (2011): Una joya de alma ochentera realizada por Shawn Levy antes de Stranger things y Uncharted


Shawn Levy es seguramente uno de los directores actuales que mejor pueden plasmar el magnífico espíritu del cine comercial, popular y familiar de los 80 y aunque Stranger things refleja todo esto de forma maravillosa, es Acero Puro su mejor obra hasta la fecha y además, una de las grandes obras de culto de la década de los 10...

Acero Puro tiene todo lo que un producto familiar comercial debe tener y lo tiene muy bien llevado. La película posee emoción en toda su parte más enfocada a la acción. Los robot y sus combates funcionan de forma perfecta y son uno de los grandes reclamos del filme, pero, no se olvida de la historia así, tenemos un melodrama familiar donde Hugh Jackman y su personaje llenan la mayor parte del metraje acompañado de manera perfecta por el niño habitual de este tipo de producciones que aquí, se convierte en un protagonista perfecto como ocurría en las obras de Spielberg. La película además posee una dirección muy notable y su apartado visual tanto el técnico (FX) como el artístico (fotografía) rayan a una altura superior a la habitual de los últimos años.

Por lo tanto, aunque 'Noche en el museo' dio a conocer a Shawn Levy, es posteriormente cuando se hizo o ha hecho respetar gracias sobre todo a Acero puro y claro está a dirigir algunos de los mejores capítulos de Stranger things. Ahora por cierto está a las puertas de estrenar la adaptación del videojuego Uncharted.


Sinopsis

En un futuro cercano, el boxeo ha llegado a ser sustituido por máquinas que se revientan unas a otras, el espectáculo manda más que la sangre. Charlie es un tipo que se dedica a entrenar y usar robots para peleas, su vida se mueve entre rings clandestinos, y sitios de mala muerte, su alcoholismo es más que latente, es un exboxeador retirado y padre de un hijo al que no ve. Cuando la madre de éste muera en un trágico accidente, Charlie se quedará solo con su hijo y tendrá que volver a reconcialiarse consigo mismo y su pasado…

De otra época


El cine cambia a pasos agigantados, lo que en la década de los 80 era pura magia visual y nuevas formas narrativas, ahora lo que impera es la testosterona, que aunque ya había en dicha época (y mil veces más humilde y gamberra), la testosterona de ahora es descafeinada, sosamente light, sin chicha ni limoná. Explosiones y ostias en CGI, nada más, los diálogos son mero relleno. Acero Puro puede presumir  de haber recaudado en taquilla, de vender miles de muñecos estas navidades, de intentar homenajear ese cine ochentero, de que mucha gente se interese por el tema y les dé un arrebato retro-snob-compulsivo por adquirir aquel mítico juego de mesa donde dos muñecos se tenían que pelear hasta que le saltaran las piezas (y que muchos ya creciditos y entrados en edad guardarán en un baúl de algún desván, preferiblemente en casa de los padres), pero volviendo a lo que comentaba, el film puede presumir de conseguir ser no un homenaje a los 80s, sino una obra con la calidad y el estilo de esos años.

La historia es la que nos han contado otras tantas cientos de veces en el cine, padre dejado que lleva una vida miserable se topa con su hijo tras muchos años, hay conflicto tanto interno como externo, asi que ambos se embarcan en un viaje de descubrimiento personal y acaban felices, sacando en conclusión que el pasado fue una estupidez. Si le metemos peleas de robots, y que el niño se encariña con uno en particular, asistiremos a una mezcla un tanto extraña entre E.T. el Extraterrestre (1982) (por la conexión entre el chaval y lo que sea que el guionista le apetezca meter), el lado más afable de Camino a la Perdición (2002), y un eco un tanto inquietante (con olor a plagio más que homenaje) de Rocky (1976). Topicazo uno tras otro, que si no fuera por una muy buena dirección del director Shawn Levy (Doce en Casa (2003), o las entregas de Noche en el Museo), y la excelente química entre el protagonista y su hijo, en este caso, interpretados respectivamente por el divertido Hugh Jackman y un descubrimiento como es Dakota Goyo que se come al primero en muchos momentos (no olvidándome de la aportación de Evangeline Lilly, cuyo papel podría haber dado para más y que se desinfla rápidamente), estaríamos hablando de una película insulsa como suele ser habitual, pero por suerte este no ha sido el caso. 

Por lo demás, todo roza la corrección alta con momentos de otras películas que muchos reconoceremos (el combate final a lo Stallone), no faltando las situaciones melodramáticas metidas con gusto; por otro lado tenemos unos efectos especiales muy trabajados, es decir, todo aquello que se refiera a los robots que, por cierto, tienen a veces más humanidad que el resto de personajes de carne y hueso. Demasiada, quizás, y eso que no hablan. En definitiva, un producto meramente comercial destinado al ámbito familiar, que no sólo no hace daño, sino que debe servir de ejemplo al resto de producciones similares del presente.

  • Puntuación: 8