'Antiporno' de Sion Sono, el renacer del 'pinku eiga', el cine erótico japonés


'Anti-Porno' dirigida por el realizador Sion Sono, el la primera versión con la que el icónico estudio japonés (Nikkatsu) está realizando el reboot particular de sus famosos filmes catalogados como Roman Porno Eiga, una serie de películas eróticas con altas dosis de romance que acabaron tocando varios géneros en hasta 700 títulos, con la intención de dar una opción de cine sensual alejado del hardcore.


El proyecto,estrenado el año pasado en el Festival L'Etrange de Francia, y Sitges 2016, fue elogiado por su punto de vista de la sexualidad feminista y la posición de la mujer en la sociedad japonesa, lo que está en consonancia con su título, en realidad.

Su argumento oficial dice: "Kyoko es una artista de la moda con prestigio, joven y bella, esperando aburrida en su apartamento una reunión con Watanabe, una editora en jefe que la está entrevistando. Pronto se crea un juego de dominación y humillación entre ella y su asistente y los papeles se van invertiendo lentamente. A menos que sea todo ficción. La personalidad de la protagonista se escinde en varias capas de delirio".

De este modo estamos ante un experimento audiovisual tan recomendable como enervante. Una bofetada cargada de toda la mala hostia que lleva el director dentro, una pesadilla desquiciada que nos muestra de una forma muy particular como sólo pueden hacer unos pocos (Sono, Miike, Tsukamoto...) una crítica brutal a la posición de la mujer en la sociedad japonesa, especialmente en lo que a tema sexual se refiere.

Y todo esto dentro de lo que supuestamente era un encargo para homenajear el pinku eiga (cine rosa) o Roman Porno Eiga, un género iniciado el 27 de Febrero de 1962 cuando se estrenaba en Japón una película de Satoru Kobayashi titulada Niku no ichiba o Flesh Market (1962), que causaba un revuelo enorme por tres secuencias de desnudos –algunas fuentes señalan que eran siete– nunca antes vistos en las pantalla niponas.

El argumento también era peliagudo porque hablaba sin tapujos de los negocios sucios que hervían en Roppongi, con una chica interpretada por Tamaki Katori que se adentraba en los peores tugurios del célebre barrio de la capital japonesa para buscar información...



Pero, la policía, es decir, la censura, confiscó la cinta y sólo la mediación del productor, que se comprometió a volver a montar el metraje y eliminar los momentos obscenos, logró que los negativos no fueran quemados y que la película se estrenase un año después sin problemas (ahora se puede acceder a su visionado gracias a los 21 minutos que sobreviven en el National Film Centre de Tokio).
Esto incitó a que la gente se acercara en masa a las salas, provocando que Flesh Market obtuviese unos beneficios enormes de recaudación. Asimismo se encendió la mecha que llevaría a muchos directores alternativos a seguir la estela con proyectos similares, comenzado por los propios Kobayashi y Katori.

Así, las productoras underground, como por ejemplo Ōkura Eiga, subrayaron más que nunca sus motivaciones exploitation, a la par que otras nuevas nacían para subirse al carro del cine erótico. En pocos meses veíamos como, Aoi Eiga, Kokuei, Wakamatsu Pro, Million Film, Yamabe Pro o World Eiga, entre otras, inundaban las salas pequeñas de Shinjuku, Ginza, Ueno y Asakusa, con largometrajes protagonizados por prostitutas o modelos de segunda fila, capaces ellas de quitarse la ropa sin pudor y de protagonizar historias violentas.

El género creo cientos de obras de ínfima calidad, pero, también alguna curiosa película que hoy es historia del cine. Onna shinju-ō no fukushū (The Revenge of Pearl Queen) (1956), dirigida por Toshio Shimura e interpretada por Michiko Maeda merece una mención especial. Esta película narraba la historia de una oficinista que debido a una traición acaba en una isla habitada únicamente por unos pocos hombres. Pronto estallará la tensión sexual gracias a la presencia de la voluptuosa recién llegada, máxime cuando Maeda haga esgrima de unos atributos que también causaron sensación fuera de la pantalla.


La película homenajeaba a su manera a unas mujeres que en la vida real vivían en ciertos pueblos de las costas niponas, sumergiéndose todos los días en busca de perlas. Las llamadas ama, que hoy en día forman parte ya del imaginario cultural de Japón, realizaban su trabajo con el torso desnudo, fomentando el reclamo turístico y aguijoneando a la gente del cine a que levantara una saga sobre ellas. Las compañías no lo dudaron y de este modo, la cinematografía nipona presentó una serie de thrillers erotizados y más o menos fantasiosos sobre las ama, que serían protagonizados por las denominadas flesh actresses.

La gran productora de este tipo de filmes fue 'la Nikkatsu' (Nikkatsu Corporation (日活株式会社), una reconocida compañía japonesa de entretenimiento fundada en 1912 con estudios en Mukojina (cerca de Tokio) y Kioto, lo que la convierteen el estudio más antiguo de Japón. El nombre Nikkatsu es una abreviación de Nippon Katsudō Shashin, literalmente "Compañía Cinematográfica de Japón".
Ahora quieren revitalizar un poco un género llamando a algún director de renombre y dejándole total libertad salvo por que tienen que meter cada X tiempo una escena de sexo (obviamente).

Como ya hemos dicho en el inicio del artículo, 'Antiporno' es la primera película de encargo de este renacer del 'pinku eiga' en la que su autor la ha convertido en un ejercicio personal y metafísico, se la compara con una versión fantástica de 'Perfect blue' (1997) el anime que inspiró 'Cisne Negro' (Black Swan, 2010), hecha con una inventiva sorprendente y llena de posibles interpretaciones, tanto sobre el género, como el cine dentro del cine, el erotismo o la sexualidad femenina.


Fotogramas de Antiporno con Ami Tomite, Honoka Ishibashi, Ami Fukuda y Mariko Tsutsui









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