Película Super 8 (2011) | Stranger things del cine | Cine de los 80 y culto


J.J. Abrams y Steven Spielberg trabajan juntos para crear un film con sabor añejo. A continuación, nuestra crítica.







SUPER 8
La nostalgia por una década...

Hace unos días decíamos en 'Stranger things' del cine que antes de la famosa serie de Netfix existió la película Pixels, un curioso y divertido homenaje a los 80 y su cine. Pues bien, antes de esta también existió otro Stranger thing y de muy alta calidad, hablamos como ya sabéis de Super 8...


Hace casi treinta años, un hombre llamado Steven Spielberg rodó un film que marcaría y encandilaría a toda una generación de jóvenes: E.T. El extraterrestre. De sobras es conocido por todos su éxito comercial, no obstante y esto es lo más curioso, muy pocos se quedaron con la moraleja judeocristiana que el film contemplaba a través de los ojos de unos protagonistas pre-adolescentes, ingenuos e inocentes. A saber, alienígena con poderes extrasensoriales dejado por otros de los suyos que queda atrapado en nuestro planeta sin poder comunicarse, y que establece una especie de conexión con un chico, y la película es un milagro tras otro, siendo ambos perseguidos por la muchedumbre. Fíjense, como la historia de Dios y su más conocido profeta, Jesucristo.

Muchos que adoran el film y sean ateos de pura cepa ya pueden empezar a sacarse los ojos y tirarse de los pelos (visto el radicalismo que toca últimamente nuestra sociedad), pero el cartel de aquella maravillosa película ya lo insinuaba evocando la famosa imagen de Adán tocado por obra y gracia de Dios, creado por el artista Miguel Ángel, y cuyo fresco puede observarse en la bóveda de la Capilla Sixtina. Si para Spielberg, su Encuentros de la primera fase fue el Big Bang, E.T. fue el génesis para poder entender una nueva forma de hacer cine, crear nuevas historias y en definitiva, imaginar que lo imposible, era posible. Un salto de fe, definitivo, a una nueva era. Treinta años después tenemos a J.J. Abrams. ¿Pero quién es éste hombre para el gran público?


Si tenemos en cuenta que tras su nombre, intragable en su pronunciación, se encuentran productos como la serie Alias, Fringe y la mítica (y odiada por muchos) Lost, así como una tercera parte de Mision Imposible magnífica, un reboot de Star Trek increíble, y una producción de un film como Monstruoso, ya podemos imaginar el hombre que hay tras las cámaras. Sin embargo, a pesar de haber dirigido poco, es un hombre más prolífico en la producción. Eso sí, si tio Steven solo sabe hablar de religión, guerra y extraterrestres, las producciones de tio Abrams retratan el eterno conflicto generacional entre padres e hijos con mc guffins de monstruos, explosiones y en algunos casos insólitos, una isla donde suceden cosas extrañas...
Y así llegamos a Super 8, dos generaciones de cineastas se dan un abrazo en el que, quizás, sea lo mejor que se pueda ver en un verano repleto de blockbusters anodinos, estúpidos y sin pasión (en este caso omito El Origen del planeta de los simios y 13 asesinos, obviamente, porque son peliculones). El argumento nos ubica en pleno año 1979, en una pequeña localidad apacible de Ohio, Joe Lamb es un chico que ha perdido repentinamente a su madre, meses después, y quedándose solo junto a un padre policía que no lo comprende y que vive atormentado por tal pérdida, decide unirse junto a sus amigos de instituto para rodar una pequeña película de zombis en formato super 8, en un claro homenaje a los films de George A. Romero. En una de las sesiones de rodaje, asisten incrédulos ante los acontecimientos que se suceden: una camioneta se precipita contra un tren en marcha, provocando un descarrilamiento, explosiones y la libertad de un ser que no es de nuestro mundo, lo que generará que los militares sitien el pueblo…

Dicho así, parece que simplemente estamos ante otra superproducción que poco tiene que ofrecer, pero para nada es así, las ínfulas metacinéfilas que preside esta cinta son un sabor retro que bebe de una época perdida, una infancia maravillosa, unos años ochenta exquisitos, un humor sano, donde no existía tanto aparato electrónico y sí muchos hobbys más interesantes, donde predominaba el vivir aventuras antes que estarse un sábado encerrado en casa twitteando, donde los jóvenes jugaban a inventarse sus propias películas. Una nostalgia en su justa medida, sin despreciar la actualidad, pero que sí deja palpar una pequeña y sutil daga al mundo que tenemos ahora, y en general, una pérdida del encanto por crear, cuando ya todo está al alcance de cualquiera. Un mundo que han creado nuestros padres, la pasada generación, y que ahora nosotros padecemos. Y es que, dejando a un lado la superchería, los fuegos de artificio, explosiones y demás, la película prefiere ahondar en los mismos personajes, los niños y sus padres, que en lo que suele ser carne de cañón en los trailers, la intriga por el extraterrestre, porque éste último no es más que un detonante e hilo conductor, un pseudo mc guffin, que pone a flor de piel los sentimientos y los conflictos de los que hacen gala unos y otros. Ahí radica su grandeza, y siguiendo con lo que ya insinuaba al principio de este texto, si Steven Spielberg con su E.T. quería abrazar al mismo Dios, J.J. Abrams quiere reconciliarse con generaciones pasadas, y en esto último, su conflicto, es mucho más humano que lo que propuso en su día Spielberg.

El diseño de producción es envidiable, todo elemento está al servicio de la historia, cada personaje está perfectamente construido y la carga dramática llega a poner los pelos como escarpias en muchos momentos, el ritmo interno del film y cómo se van sucediendo las secuencias hasta llegar al clímax final da la sensación de vivir un maldito y maravilloso orgasmo audiovisual. Los actores están increíbles, y no se tarda nada en empatizar con los chavales, destacando sobretodo el protagonista, el actor Joel Courtney, y un nuevo descubrimiento como Elle Fanning (hermana de Dakota Fanning), que con sólo trece años, en mi opinión, ya supera a su familiar más cercano, y que promete ser un buen fichaje en futuras producciones. Ambos entablarán a lo largo del metraje una especial química con una tensión romántica no resuelta (son niños, asi que dejemos de lado lo sexual), y perfectamente conducida. La fotografía de Larry Fong, autor de 300 o Watchmen (entre otros) sabe adaptarse a las necesidades del director, muchísimos primeros planos, y ese efecto de luces un tanto extraño que siempre está en todas las películas de Abrams (sobretodo en Star Trek)…En cuanto a la música, de Michael Giacchino, es recomendable su escucha por separado, aún estando a la sombra de John Williams, hubo momentos en los que creí que el compositor había sido poseído por el MAESTRO, de todas formas, sabe lo que hace y acompaña perfectamente a las imágenes que recorren nuestras retinas.


Probablemente, la película más personal de J.J. Abrams, como lo fue para Fellini su 8 y ½ o para Billy Wilder su Crepúsculo de los dioses. En fin, métase en una coctelera Los Goonies, El secreto de la pirámide, Encuentros en la tercera fase y más, agitamos con ganas y nos encontraremos con la cara B de un excelente cassette , el lado oscuro de E.T. El Extraterrestre. Una obra maestra.

Puntuación: *****



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