Crítica de El Bar de Álex De la Iglesia | Con Blanca Suárez y Mario Casas


Nueva comedia española y nueva crítica. Esta vez es "El Bar", la última película de Álex de la Iglesia quien lleva a escena a uno de nuestros mitos eróticos actuales y es que, Blanca Suárez ha desembarcado por todos los platós y como era de esperar, se ha llevado todos los focos, aplausos y miradas. Pero vayamos al grano, que es la nueva película de Álex y su coral reparto de estrellas.

Puntuación: ***



De la Iglesia vuelve a arrancar, como en Mi gran noche por ejemplo, con una más que lúcida intuición y una disparatada situación que convierte lo cotidiano en catástrofe, pero eso sí, una catástrofe con Buñuel o Berlanga como patrocinadores. Y es que El Bar es de nuevo una muestra del peculiar cine de Álex De la Iglesia, un bizarro popurri de ideas populares llevadas al extremo y a la saturación.
Lástima que de nuevo transcurrido un primer tercio de la película, tan enérgico como provocador, el caos fagocite casi todo. Y lo haga de tal manera que cualquier progresión dramática acaba arrojada a las cloacas. Aunque bueno, quizás de eso se trata todo y es que el director de Acción Mutante siempre ha tenido claro cuál es su enfoque y cuál es su forma de ver el cine y a nosotros personalmente nos sigue gustando aunque eso sí, creemos que Alex todavía no ha creado su gran obra. Y está tampoco lo es.

No se busca otra cosa. Toda la historia no es más que una excusa para enseñar hasta qué punto es capaz de llegar el ser humano en situaciones límite, porque como ya hemos visto mil veces todos tenemos un lado oscuro (menos Luke Skywalker). Esto ya nos lo han contado muchas veces y, por desgracia para El bar, también mucho mejor. Sí pervive el estilo del director: ambiente castizo, atmósfera sucia, violencia, personajes caricaturescos y un reparto coral que no falla, especialmente Carmen Machi, Secun de la Rosa y Terele Pávez (haciendo de Terele Pávez). Pero no es suficiente. Las secuencias no sorprenden, los chistes no calan (pocas risas escuché en la sala) y casi nunca se entienden las motivaciones de los personajes, que a menudo actúan de forma opuesta a como lo haría cualquiera con sentido común.

Así que sin más estamos ante una obra menor de una gran director, uno que es digno de estudio como en su día lo fue Almodovar debido a su marcado estilo, aunque eso sí, en ambos a veces ese estilo tan marcado acaba por minimizar sus trabajos y dejarnos un regusto de algo ya muchas veces visto que no disgusta, pero tampoco emociona.




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