Crítica '1898. Los últimos de Filipinas' | El mejor film bélico español filmado hasta la fecha

Puntuación: ***
Visual: ****
Narrativa: ***


En octubre de 1897, en los últimos estertores que precederían al 'annus horribilis' en el que el imperio español perdió el último símbolo de su poderío pasado, un destacamento enviado a la pequeña aldea de Baler, en la isla filipina de Luzón, desaparecía prácticamente aniquilado a manos de rebeldes tagalos. El grupo masacrado sería reemplazado unos meses después por apenas medio centenar de soldados, en su mayoría jóvenes inexpertos de origen humilde, que se convertirían en el símbolo de la resistencia tras soportar 337 días de asedio rebelde, ajenos a que, al otro lado del Índico, ya habían perdido la guerra. Así, tenemos un film bélico de época realizado bajo nuestra filmografía.


Un poco de historia para situarnos:

Con la firma del Tratado de París terminaba el enfrentamiento entre España y Filipinas; se reconocía la autonomía de la que hasta entonces y durante tres siglos había sido colonia española. Al mismo tiempo, Estados Unidos había declarado la guerra a España con la excusa del ataque al acorazado 'USS Maine', lo que supondría también la pérdida de la soberanía en Cuba y de un poderío militar que había contribuido a la gloria internacional. Pero los albores del siglo XX no presagiaban precisamente ventura. Las colonias ya estaban perdidas y el pelotón de Baler, ajeno a los acontecimientos, decidía parapetarse en el interior de una iglesia defendiendo la bandera hasta el 2 de junio de 1899. Sería la muerte del imperio, pero también el nacimiento del mito de 'los últimos de Filipinas'.

Con esta cruel historia, Enrique Cerezo en labores de producción y Salvador Calvo en las de dirección, nos dejan un retazo de nuestra historia más reciente donde la furia española deja la camiseta roja para ponerse una casaca azul clara.


Filipinas sigue unida a nosotros aunque solo sea por su nombre. Felipe sigue siendo nuestro monarca y por tanto, la historia aún sigue estando presente. El film se abona como hemos dicho al género bélico de época pero lo hace de forma respetuoso con todas las partes de la acción. '1898. Los últimos de Filipinas' y de forma muy acertada no trata de representar a España como la parte heróica y Filipinas como el enemigo. aquí no hay bandos contrastados, no hay nazis a los que anhiliquilar, simplemente hay una situación histórica sufrida como siempre por los hombres de a pie.

Álvaro Cervantes da vida a un joven extremeño amante de la pintura que espera entrar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a su vuelta de la guerra. Como el resto de sus compañeros —interpretados por Ricardo Gómez, Miguel Herrán y Patrick Criado, entre otros—, el joven llega a suelo filipino sin haber empuñado un arma, sin haber salido previamente de su pueblo y sin siquiera haber 'yacido' con una mujer. Será labor del segundo teniente Martín Cerezo (Luis Tosar) y del capitán Enrique de las Morenas (Eduard Fernández) adiestrar en tiempo récord a los recién alistados para evitar que Baler caiga de nuevo en manos tagalas, con la ayuda de uno de los pocos supervivientes de la masacre del destacamento anterior (Javier Gutiérrez).


Salvador Calvo como director debuta en pantalla grande y lo hace con una producción a lo grande. El riesgo parecía alto pero hemos de decir que pasa el examen con nota ya que la película se desenvuelve muy bien en todas las facetas. Visualmente el film deja un apartado totalmente sólido y real, es más, el realismo conseguido en su ambientación de época es mucho mayor que el de grandes producciones americanas que deciden abonarse a lo digital para dejarnos así un mosaico pixel art de impoluta belleza que nada tiene ver con la carnalidad y realidad que buscan representar. Sin llegar a los extremos de los spaguetti western, podemos decir que en '1898. Los últimos de Filipinas' se siente el polvo y la suciedad, el sudor y la destrucción, el decorado tiene peso y el maquillaje busca sacar el momento histórico mucho más que la belleza de sus actores.

'1898. Los últimos de Filipinas' sorprende desde el inicio por la espectacularidad de sus planos aéreos, que recorren la exuberante vegetación de Gran Canaria, perfectamente identificable con el paisaje filipino —quizás en mayor medida para quienes no hayan estado en el país asiático—. La cámara vuela sobre el mar, sobre la selva, sobre el barco que traslada al destacamento y sobre la cabeza de los soldados, enmarcando bonitos paisajes subtropicales.
Los planos aéreos hacen así referencia a esa gran obra patria que fue La isla mínima y que simbolizan ya una nueva forma de entender la producción fílmica nacional donde las raíces de nuestro cine deben mantenerse en su plano creativo, pero mutando a una producción mucho más Hollywoodiense por llamarlo de algún modo y así entendernos todos.


Yendo al plano narrativo decir que Calvo consigue mantener la tensión durante toda la cinta aún sabiendo ya el final y el desenlace histórico. Esto se debe en gran medida a la puesta en escena de la parte más técnica, es decir, de la filmación de las escenas bélicas la cual ha sido siempre el talón de Aquiles de nuestra filmografía. En cambio, como ya hemos dicho, nuestro cine está mutando hacia una producción mucho mejor y la faceta técnica nos deja una batallas que sin llegar a extremos del producciones americanas si que al menos consiguen disfrutarse e incluso sorprender. de este modo, el barro, el fuego, el color, la lluvia, las trincheras y la cámara lenta, nos dejan no la mejor película sobre la guerra hecha en nuestro país, pero si el mejor film bélico español filmado hasta la fecha.




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