martes, 4 de octubre de 2016

John Carney | Estudio de obra | Trilogía musical del viaje iniciático | Once, Begin Again y Sing Street


Aparte de polémicas y comentarios fuera de lugar (léase Keira Knightley), John Carney es uno de los autores actuales que despiertan más interés, y, decimos autor porque Carney acaba de demostrar con 'Sing Street', que lo suyo es ya un universo propio que denota que estamos ante un autor con mayúsculas, es decir, un hombre que ha creado un género propio que lleva la música, el amor y la crítica social como bandera de su discurso.


Pero, además de la música y la crítica social que son los dos abanderados de su obra, uno como capa superior e hilo conductor de sus historias y el otro como capa inferior y fondo real del discurso, nos gustaría hoy hablar del viaje, ese que todo hombre o mujer debe hacer para realizarse así mismo y así, gracias al contacto con los nuevo y lo desconocido, poder sacar lo mejor de uno mismo.

En la trilogía musical de Carney (Once, Begin Again y Sing Street) el viaje es siempre el punto de partida o el punto final por el que discurren los personajes, y ese viaje (Londres o Nueva York según el film) es también el que marca el futuro final de los mismos. Lo curioso, es que ese viaje ha marcado también a su autor ya que, con Sing Street, Carney a modo de uno de sus personajes, completa el viaje iniciático de su carrera profesional.

Carney despunta con la película Once, un musical ambientado en su Dublín natal y que le pone en órbita del panorama más alternativo. Tras esta primera obra ya llena de virtudes pero, con muchos defectos de producción debido claramente a su origen, Carney tiene la oportunidad de viajar a Nueva York para de esta forma tomar contacto e impregnarse de la producción y la forma de trabajar americana (Hollywoodiense quizás aún estando en NY).
Grandes actores llenan el reparto y el relegar las labores de realización a cada campo concreto del film (maquillaje, fotografía, dirección de arte...), hacen que el director irlandés aprenda los engranajes de la producción clásica del cine norteamericano. Tras este viaje iniciático, decide regresar a su Irlanda natal para realizar lo que es hasta ahora su gran trabajo. 
'Sing Street' no posee los fallos iniciales de 'Once' ni las concesiones de producción habituales de las películas americanas como ocurre con 'Begin Again'. 'Sing Street' es simplemente una obra ya redonda, madura en todos los aspectos y con una producción típica del cine americano pero con la autoría habitual de las producciones hechas fuera de allí. 
De este modo, el autor vuelve a su reino para crear su obra definitiva y formar parte directa de su propio universo personal.


Trilogía de la música y el viaje


Once

Puntuación: ***


Hay películas que desprenden sensibilidad desde el primer fotograma. “Once”, es una de ellas. Sin alardes técnicos y sin demasiado bombo, John Carney consigue llevar a cabo un proyecto lleno de momentos inolvidables. Alejándose de lo que se considera un musical al uso, Carney escribe y dirige una historia que sin buscar pretensiones nos arrastra canción tras canción, a la búsqueda de esa cosa –en muchas ocasiones bastante abstracta- que llamamos amor. 

Aunque en un principio, Carney pensó en Cillian Murphy para la película, tras la negativa del actor, al proyecto le fue difícil encontrar una financiación. Con poco dinero y muchas ganas, Carney tiró de amigos y ha conseguido un poquito del corazón de cada espectador. Carney sabe como, sin caer en la ñoñería, hacernos felices y salir de sala con la sensación de encontrarnos con un mundo mejor.

Las canciones compuestas por Glen Hansard (solista y guitarrista de The Frames), que van hilando la historia de dos personas: un chico (el propio Glen Hansard) y una chica (Markéta Irglová). Hay química, ternura, y deseo entre estas dos personas. Hay un algo que te clava en pantalla y te hace respirar más fuerte. La música, de una fuerza avasalladora, nos produce algunas de las mejores escenas de la película.



Begin Again

Puntuación: ****


Avisamos que no estamos ante una crítica, sino simplemente ante una pequeña reseña de una de las grandes películas de 2014.

Fue tanto el amor que nos despertó el film, que hemos querido al menos puntuar para que nadie se lo piense dos veces a la hora de ir verla.
La película es un canto de amor al mundo de la música en el que mientras desfilan tintes de comedia romántica, inventiva visual a raudales, cine en pureza, miradas, una Keira Knighley preciosa en voz y presencia, una "bestia" actoral y magnética como Mark Ruffalo y una sensación increíble de que esto es lo que uno quiere ver cuando una entra en esa sala mágica llamada cine. Descubre de paso que el cine es mucho más sencillo de lo que a veces nos pensamos.

Por eso avisar que estamos ante una de esas obras que el presente no le hizo justicia, pero que el paso del tiempo las va convirtiendo simplemente en clásicos del cine de todos los tiempos.



Sing Street


Puntuación: ****


Hay veces que el cine no responde a la lógica académica. Hay veces que el cine cobra alma y supera las fronteras de la lógica y lo que a priori es una obra normal, termina entrando en los corazones de todo aquel que se le acerca y pasando a ser un fenómeno viral, una obra que entusiasma, enamora y de repente acaba en las primeros puestos de todos los ránkings populares del año.

Carney se está convirtiendo poco a poco en un autor que sobrepasa la línea de la autoría para entrar a formar parte del folclore más popular. De nuevo vuleve a coger el bisturí para abrir su Irlanda natal y dejar sus entrañas al aire, pero, lo hace de una forma tan sutil y sencilla, que ha enamorado a todo aquel que se acerca a esta cinta sin que haga falta que lea o detecte esa segunda lectura crítica tan habitual en la obra de este director.

Conor es el nuevo objetivo de la inquieta lente de Carney, el protagonista de Sing Street es una víctima más del conservadurismo católico y la intransigencia artística que existían en la isla allá por 1985. 
El catolicismo parte como principal responsable de los problemas familiares y de un núcleo familiar a punto de ser destruido, pero, lejos de plantear la escena como el drama que verdaderamente es, el director, buen conocedor de todas estas historias de corazones rotos por culpa de la falta de afecto, relata la historia de manera eufemística y con el irónico humor que lo caracteriza. Conor aprovecha todo esto, para componer los cimientos de su obra, pero, no es consciente de su camino hasta la llegada de su musa, una misteriosa joven llamada Raphina, que será la clave para esa maravillosa historia de amor que se nos cuenta y clave también para el origen de la triste y feliz creatividad del protagonista.


«En su sarcasmo descarado y su cómica interpretación del estilo de vida dublinés, Carney no duda en apuntar al sistema de gobierno segregacionista que todavía se aplica en la estructuración de las zonas urbanas, donde las familias problemáticas de travellers o nómadas irlandeses son recluidas en complejos de hacinamiento gratuitos y reciben una paga cuya cuantía depende del número de hijos que engendren».
Pero, es quizás la figura del padre Baxter, el que más saña recibe de manos del director de 'Sing Street', al ser acusado directamente (o más bien indirectamente en las escena del maquillaje) de abuso infantil, una dura crítica que no dejará indiferente a nadie aún poseyendo la escena una mágica livianidad que le permite de forma magistral encajar en el estilo de la obra.


Yaron Orbach junto al director, nos dejan un producto visualmente tosco en su percepción inicial. Dublín no presume de su encanto natural, sino que muestra un leve encantado urbano donde contrastan los armónicos tonos fríos y grisáceos de los adoquines, las vallas de las casas y las terrible colmenas de edificios, con el impactante colorido de las pintorescas puertas de las casas, convertidas hoy en todo un atractivo turístico alegórico de la extrovertida y simpar idiosincrasia del irlandés».

Pero, lo mágico de nuevo del relato, es que tras una arida y grisácea apariencia formal y una dura crítica social y política, se encuentra la historia de unos jóvenes que buscan un sueño a través de la música y de la creatividad. Unos jóvenes capaces de superar la atracción de la arena movediza de la catástrofe que suposo aquellos años trágicos, y, capaces también de dejarnos una comedia romántica de personajes de esas que quedan para el recuerdo sin ningún tipo de amargura. Además tiene también el honor de poseer una clásica escena de lluvia algo que parece ya un obligado en este tipo de historias (Match Point, El diario de Noa, Desayuno con Diamantes...)

Y por supuesto, no nos podemos olvidar de la música, claro elemento que sirve tanto de acompañamiento musical como narrativo y visual y que va del Pop al Rock o del Punk al Grunge.
A-Ha, Joy Division, Duran Duran o The Cure son algunos de los sonidos que vemos circular y que son fiel reflejo de la creatividad que surgió en aquellos ya míticos años 80.


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