sábado, 9 de julio de 2016

Crítica 'Mi amigo el gigante' (familiar, 2016), la última película de Steven Spielberg

Puntuación: ****
Visual: ****
Narrativa: ****


Tenemos claro que si E.T se estrenase ahora sería un film que derrumbaría los cimientos fílmicos de este verano 2016. Si el estreno fuese el de Tiburón parasaría exactamente lo mismo y si fuera el de Indi en En Busca del Arca Perdida ni que decir que estaríamos en la misma situación. Incluso un Encuentros en la 3° fase también marcaría el verano como el gran estreno del mismo. Por desgracia, eso no ocurre con la magnífica eso sí, 'Mi amigo el gigante'.

Y es que, debemos empezar a aceptar que va a ser difícil volver a ver un Spielberg que paralice el mercado con una obra suya y marque el camino a seguir por el resto de compañeros de profesión. Por suerte, también tenemos claro que nunca vamos a ver una obra mala o regular de un niño y ahora adulto prodigio fílmico, que es uno de los grandes directores de la historia del cine capaz de competir de tu a tu con nombres de la talla de John Ford o Alfred Hitchcock.
Pero, hablando de infantes, hay algo que Spielberg sabe hacer como pocos, y es resucitar al niño que todos llevamos dentro y además no es lo único que aquí el amigo sabe hacer como pocos: en esta época que cada vez más parece anclada en los años 80, con la constante referencia a la década prodigiosa amenazando con transformarse en una auténtico losa pesada, Spielberg sabe hacer como pocos aquello de tener presente la herencia al mismo tiempo que se mira hacia delante y se avanza un paso.


Aún con esto, dejar un clásico no es fácil, aunque a veces el público lo exijamos en cada obra. Dejar un clásico no sólo es retrotraerse e imitar el pasado sino que es mantener la esencia de antaño, encontrar un nuevo camino y sobre todo, dar con esa pieza intangible que nos hace rendirnos ante un film desde el primer visionado. 
'Mi amigo el gigante' juega con la esencia del pasado y encuentra nuevos caminos sobre todo a nivel visual, pero, por desgracia, no tiene ese algo que poseen las grandes obras clásicas del cine.

Pero que nadie se engañe con estas palabras. Una vez te pones ante el film poco importa si hemos visto a Spielberg en mucha mejor forma, porque lo cierto es que a algunos pocos súper-dotados (y él, está claro, lo es) el cine les va a fluir siempre por las venas. Sí, de acuerdo, como hemos dicho ya, a lo mejor ya no está el cuerpo para demasiados trotes y la magia a estas alturas no brilla con la misma intensidad, pero, la película deja innumerables evidencias de un talento que, por fortuna, no se apaga; que sigue latiendo con fuerza.

En la puesta en escena; en la compenetración con los actores; en la gestión del ritmo y el montaje; en el empleo de los efectos especiales al servicio de su majestad; en la comprensión del material de base; en la regulación del suspense o la comedia; y por supuesto, en ese inconfundible y embriagador sentido de la aventura. Spielberg deja una obra 4 estrellas que en sus manos nos sabe a poco.

Ah, y si no lo he dicho aún, tenemos a John Williams en la banda sonora (así que ponedle medio punto más)


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada