viernes, 3 de junio de 2016

Crítica Warcraft: el Origen | El comienzo (acción fantástco, 2016) de Duncan Jones | El universo Blizzard al cine


Puntuación: **
Visual: ***
Narrativa: ***

Diez años después, el fabricante de juegos Blizzard Entertainment anunció su intención de llevar
Warcraft a la gran pantalla, desde ese día, el mundo se paró para la gran legión de seguidores de la franquicia. El resto del planeta, incluido el planeta cine, quedo a la expectativa de que nos podía aguardar...

El anuncio de que Duncan Jones sería el director del proyecto aplacó dudas e hizo que la adaptación empezase a verse con interés hasta que el primer tráiler, mostró un exceso de CGI y escenas de acción que no gustó a la mayoría y que hizo pensar de nuevo que al igual que con otras muchas epopeyas de fantasía, una vez pasados los trajes, la jerga, los elfos o las espadas, la historia de la película se mostraría tan simple como elaborados son sus efectos visuales.
Por suerte, esta vez, debajo de las ricas capas de texturas y captura de movimiento, animación y modelado en 3D, se encuentran los conceptos básicos de las buenas historias de este tipo del films: el conflicto, la supervivencia, la familia y la lealtad.

Duncan Jones logra la mayoría del tiempo de metraje que los personajes sean parte importante del film, incluidas las creaciones digitales que son de lo más memorable y ya podemos decir que Warcraft: el comienzo, no apasiona pero tampoco decepciona en demasía, al menos en su concesión a los personajes. Es simplemente el prólogo de una historia mayor que deberá englobarse y juzgarse en su total magnitud cuando hayamos vistos todos los capítulos. Nada tiene que ver con la soporífera trilogía de El Hobbit a nivel de ritmo o carácter infantil, esta nueva gran producción internacional es un viaje ágil que puede conquistar la taquilla fuera de Estados Unidos y hacer un recorrido sólido en territorio local.
Para los que disfrutamos con el minimalismo que Duncan puso en Moon, aquí estamos ante todo lo contrario pero en cambio, el joven director ha sabido controlar la magnitud de la obra en la mayoría de sus aspectos.
El guión, acreditado a Jones y Charles Leavitt (Diamantes de Sangre), cuenta la historia del origen de la guerra entre humanos y orcos. Los orcos han invadido Azeroth, un planeta donde los seres humanos, enanos y otros humanoides viven en paz, pero con los ejércitos permanentemente en guardia encabezados por el valiente Anduin Lothar (Travis Fimmel), con cicatrices varias en el cuerpo y el alma...


Con esta base podemos decir que la historia se diseña como un gran drama cuyo punto fuerte es su interés por ambos lados de la guerra, humanos y orcos, Jones y el director de fotografía Simon Duggan recurren a clásicos donde homenajean estilos como el western. Un viaje a caballo sobre las montañas, confesiones acampando o una reunión secreta en un cañón desolado que trae sospechas mutuas y traiciones unilaterales a la luz, son un ejemplo de esto.
El equilibrio entre estas secuencias, las batallas y los personajes son la clave para una película donde lamentablemente son sus partes digitales las que quitan realismo y al mismo tiempo dramatismo al film. Un acercamiento más carnal y menos digital (como el Conan de John Milius) hubiesen aumentado esa vertiente dramática que cuenta el film.

Así, la combinación de texturas primitivas (pieles y huesos blanqueados por el sol) con el silbido brillante de elementos mágicos, el 3D, los ritmos marciales de la siniestra BSO creada por Ramin Djawadi (compositor de Juego de Tronos) y un uso de múltiples cámaras para filmar las interpretaciones de captura de movimiento en la misma toma junto con los personajes humanos, hacen que Warcraft sea un film innovador, interesante y sobre todo prometedor donde Durotan, Garona y compañía reclaman una porción de nuestro corazón.

Por desgracia, todo lo bueno dicho se desmorona debido a aspectos incomprensibles. El montaje es un auténtico despropósito. La reacción de los personajes ante los acontecimientos y el transcurrir de la historia se muestran a una velocidad tal que no llegas a comprenderla y sobre todo a creértela. Se nota que la obra o al menos el guión había sido concebido para una duración mayor. 3 horas es posiblemente el tiempo que necesita está historia y sus personajes para que el espectador pueda dar credibilidad a los cambios de comportamiento o de bando, a los enamoramientos, a las traiciones y demás hechos que se nos cuenta.
Otro detalle es el trato de serie B de mala producción y dirección a algunas escenas de acción como esa horrenda escena del Golem que parece sacada de la peor tradición de películas de espada y brujería.
Y finalizo con aspectos de diseño de vestuario que parecían ya superados con la trilogía de El señor de los Anillos y es que, no podemos seguir viendo esas ropas de batallas recién salida del taller de costura y con un aspecto totalmente irreal. Este tipo de films igual que Leone nos enseñó con el western, necesitan suciedad, polvo, desgarros, tomates y sensación de uso y batalla. Y lo mismo para las armaduras.

Como ya hemos dicho no estamos ante la gran epopeya fantástica que muchos esperaban pero, sí ante un prometedor inicio que sirve de piedra de apoyo y de presentación de cartas para una futura trilogía que si aumenta su propio ego y corrige errores de parvulario fílmico, podría plantar cara en su resultado final o al menos acercarse, a aquellas tres primeras películas de El Señor de los Anillos: Punto de referencia y obras maestras de este género tan querido por un tipo de público.