sábado, 6 de febrero de 2016

Crítica de Carol (drama, 2016) | Rooney Mara y Cate Blanchett

Puntuación: 9

Posiblemente estamos ante la semana más sería del año en cuanto a estrenos se refiere ya que se dan cita lo que creemos son los dos mejores films de esta campaña de premios. El Renacido y Carol son los protagonistas de nuestra cartelera semanal, de la primera ya hemos hablado, ahora toca hacer lo propio con esta ternura llamada Carol. Si El Renacido es puro sufrimiento, Carol es todo delicia. La dureza de El Renacido es el contraste perfecto para la dulzura visual de la obra de Haynes formando así ambas una sesión doble donde poder ver lo grande que sigue siendo el cine.


Estamos ante la adaptación de una novela de la reina actual del misterio, Patricia Highsmith y eso ha acaparado el amor y algún premio en Cannes, seis nominaciones a los Oscars, dos actrices magníficas y cientos de críticas positivas una de ellas la nuestra.

Ambientada en 1952, Carol cuenta la historia de Therese Belevet, una dependienta de unos grandes almacenes que conoce y se enamora de una mujer mayor. Esta mujer, Carol Aird, es una recién divorciada que lucha por mantener la custodia de su hija, de quien pretenden separarla con el argumento de que Carol es lesbiana. Fascinadas la una por la otra, deciden pasar las Navidades juntas en un viaje por carretera hacia el oeste. 
El director Todd Haynes que saltó a la fama por su inmersión en el mundo del glam setentero en Velvet Goldmine, y que tan buenas críticas cosechó con el caleidoscópico retrato que hizo de Bob Dylan en I'm not there, se adentra con Carol en el género del melodrama, como ya hiciese hace trece años con Lejos del cielo, descubriendo su fascinación por las relaciones reprimidas en una década tan conservadora como los años 50. Sí en Lejos del cielo narraba una relación interracial, en Carol relata el despertar sexual de una joven al enamorarse de otra mujer. 

Phillys Nagy se hace cargo de la adaptación del guión tomándose ciertas libertades con el texto de Patricia Highsmith. El gobierno de Eisenhower estuvo marcado por un «regreso a la decencia» donde la homosexualidad no tenía lugar de este modo la película tiene el sabor de los melodramas duros de la época en la que está ambientada con base principal como ya ocurriese En Lejos del Cielo en la figura particular de Douglas Sirk y obras como Imitación a la vida o Solo el cielo lo sabe.




El reparto está presidido y casi monopolizado por sus dos actrices protagonistas. Cate Blanchett está estupenda como no podía ser de otra forma y se convierte de forma magistral en  toda una Lana Turner. Sin embargo, es al final Therese, en la piel de Rooney Mara quien consigue con su personaje adueñarse del film y el mejor trabajo de su carrera sumergiéndose en esa mujer que hace un viaje interior en busca no solo de su sexualidad sino de su propia identidad. Si Carol es una Lana Turner encubierta, Rooney es una Audrey Hepburn sorprendente.

La fotografía de Edward Lachman se llena de texturas y, junto a un elaborado diseño de vestuario y de producción de manos de Sandy Powell y Judy Becker, nos lleva a la década de los cincuenta sin que la estética de la película robe protagonismo a la historia. Las multitudes en los grandes almacenes los días previos a Navidad, los salones de té de los hoteles repletos de gente pasajera, todo tiene un carácter casi pictórico, como de simples escenarios. Carter Burwell hace poesía de la banda sonora con piezas que mezclan piano, instrumentos de viento y, ocasionalmente, arpa. El resultado es delicado e íntimo.

De este modo Carol es un obra fuera de tiempo porque no se pudo hacer en él. Es un clásico del celuloide realizado en plena era digital. Es una obra maestra ubicada fuera de espacio en su envoltorio, una rara avis a la que le costará entrar en los sentimientos de un público hierático y nervioso por igual. Es una película que atrapará a todos los nacidos antes de los 60 pero que lo tendrá muy difícil en los que llegaron después de los 80. Es simplemente un debe de su tiempo hecho realidad.