jueves, 25 de septiembre de 2014

Crítica La isla mínima | Detective Verdadero | La mejor película española del año


Puntuación: 8.5

Es curioso como al final ha tenido que ser el cine de género (es casi decir, el americano), el que ha salvado a nuestro querido y a veces odiado cine español.


1980. En un pequeño pueblo de las marismas del Guadalquivir, olvidado y detenido en el tiempo, dos adolescentes desaparecen durante sus fiestas. Nadie las echa de menos. Todos los jóvenes quieren irse a vivir lejos y algunos de ellos se escapan de casa para conseguirlo. Rocío, madre de las niñas, logra que el juez de la comarca, Andrade, se interese por ellas. Desde Madrid envían a dos detectives de homicidios, Pedro y Juan, de perfiles y métodos muy diferentes que, por distintos motivos, no atraviesan su mejor momento en el cuerpo.

Una huelga de los trabajadores del campo pone en riesgo la cosecha del arroz, principal riqueza de la región, y dificulta las tareas de investigación de los dos policías que reciben presiones para solucionar el caso cuanto antes. Sin embargo, la investigación policial pone en evidencia que en los últimos años han desaparecido varias jóvenes más y que aparte del arroz existe otra fuente de riqueza: el tráfico de drogas. 
Nada es lo que parece en una comunidad aislada, opaca y plegada sobre sí misma. Las pesquisas de los detectives parecen no llevar a ningún lado. En este difícil proceso, Juan y Pedro deberán enfrentarse a sus propios miedos, a su pasado y a su futuro. Su relación se irá estrechando y sus métodos se harán parecidos. Lo único importante es dar con el asesino.

Decía un ilustre y premiado cineasta español que el cine americano se puede emparejar a la novela, y el cine europeo al ensayo. Para la mayoría de cinéfilos, la novela, es decir el cine americano, es esa forma narrativa que despierta pasiones. En cambio el ensayo, es esa forma narrativa que despierta interpretaciones. 
Nuestro cine siempre parece haber querido repudiar ese concepto comercial que destila el americano, pero al final y por suerte, hemos tenido que aferrarnos a él para revivir algo que se moría y para reenamorarnos de nuevo con el cine español.

Tras el éxito abrumador de crítica y público de El niño, nos llega La isla mínima, una película que debe rivalizar con esta y salvar la taquilla nacional de este 2014.
Alberto Rodríguez, director de After y Grupo 7, vuelve a retroceder varias décadas atrás, situándonos en el entorno más rural de la Andalucía profunda con una historia que por su ambientación y trama se ha querido comparar con la serie estrella de HBO.


Crítica La isla mínima | Detective Verdadero

Durante décadas un mal planteamiento tuvo la exclusividad sobre la verdad de lo culto y lo profundo. Críticos o revistas del sector más pedante quisieron hacer ver que la linealidad narrativa era algo innato del cine americano, mientras que el europeo se convertía en la esencia de lo complejo, de la dualidad de ideas y del poder de la denuncia social y moral. Años más tarde y gracias a mentes libres de etiquetas, se demostró que esto era un absurdo.
Y La isla mínima es un ejemplo perfecto de que se puede contar una inquietante investigación policial (género) como idea principal, mientras el contexto se expande de forma sinuosa en todas direcciones para mostrar la gran encrucijada de las dos Españas a lo largo del tiempo.
Unos iniciales planos cenitales muestran las marismas del Guadalquivir a modo simbólico. El director no necesita texto para decirnos lo que nos espera a continuación, un relato de recovecos y complejidades que intenta plasmar lo que somos, hemos sido, y por desgracia parecer ser que seremos.
Pero Rodríguez sabe que lo que tiene entre manos es cine, pasión y diversión. Y por eso se desvincula del aviso inicial para centrarse en el espectador más virgen y puro, dándole un thriller de suspense puro y duro que no se arredra ante los lugares comunes del género y que no se conforma con despacharlos, sino que los trabaja y los dignifica.
De este modo el film funciona perfectamente en horizontal, creando un increscendo dramático y de suspense que mantendrá atento a todo aquel que se siente en la butaca. Con esta premisa, La isla mínima ya muestra ser uno de los mejores films del año (sino el mejor) y un ejemplo perfecto de lo que debe ser el cine español. 
Pero además, la cinta también funciona en vertical, aportando y dando ideas de nuestro adn ibérico para así contentar también a ese espectador cenital que busca siempre un punto de vista alternativo y de semideidad.


Crítica La isla mínima | Detective Verdadero

Con estas dos premisas La isla mínima es uno de los mejores trabajos vistos en el cine español en un puñado de años. La atmósfera y puesta en escena de la película colaboran con un guión perfectamente cortado y medido para aumentar la tensión en cada momento. Para remate final su director muestra un dominio prodigioso de la cámara y por ende de la plasticidad visual, mostrándonos escenas brillantes donde el plano secuencia ejerce como protagonista y casualmente como antítesis de su "rival" (El niño), viéndose una persecución a lomos de un Diane 6 que nos recordará a la óptica de James Gray en la genial La noche es nuestra.

La isla mínima es un atmosférico ejercicio de gran cine negro y simplemente la mejor película española del año.