viernes, 29 de agosto de 2014

Crítica El niño | Jesús Castro, Bárbara Lennie y Luis Tosar


Puntuación: 6.8

Daniel Monzón llevaba una carrera bastante "mediocre", hasta que de la nada nació una obra llamada Celda 211. Desde ese momento, el en otra época crítico de Fotogramas, pasó a pertenecer al grupo de directores más deseados del panorama actual.


Celda 211 llegó de forma modesta. Lo que parecía una obra de género más, pasó poco a poco y gracias al boca/oreja, a ser una de las películas más atractivas de su año. Al final el empuje de la crítica y los premios conseguidos, hicieron que este inicialmente desapercibido título, pasase a ser uno de los grandes éxitos de taquilla y critica del cine español. Pues bien, El niño gracias a Mediaset, ya nace como éxito asegurado. Ahora sólo falta saber si la calidad fílmica le acompaña.

DE BUENOS Y MALOS

El film se estructura en dos historias bien diferenciadas y destinadas claramente a una unión (o desunión) final. La primera historia es la protagoniza por el trío de narcotraficantes entre el que se encuentra el sujeto que da título al film, hablamos de "el niño" interpretado por Jesús Castro.
Primero diremos que el joven y nobel actor, está destinado a ser uno de los sex simbol masculinos de los próximos meses. Segundo diremos, que tanto Castro como sus compañeros de subtrama, aportan la parte más floja y menos creíble del film, y la que a la postre, impide que la obra general sea un trabajo totalmente redondo. Diremos sobre esta subtrama, que ni las líneas de guión, ni las interpretaciones de los jóvenes, consiguen aportar la fuerza necesaria para que el público quede atrapado con lo que se nos cuenta. Curiosamente, en la obra anterior del director, esa atmósfera delictiva quedaba total y fielmente representada en aquella mítica Celda 211, ya que tanto el personaje de Malamadre y sus acompañantes, como el del contrapunto policial, eran un perfecto trabajo de verosimilitud que nos hacía sentirnos dentro de aquel atrayente y atractivo submundo.
Curiosamente lo que rozaba la perfección en Celda, aquí se convierte en la parte más floja, ya que tanto los actores como sus comportamientos y sentimientos, parecen más cerca de un producto televisivo de Mediaset, que de un film noir con personalidad. No queremos ser mal pensados con Mediaset, pero algo nos dice, que quizás Monzón ha tenido que aceptar algunas imposiciones argumentales, para poder llevar a puerto su proyecto.


En cambio la otra subtrama, la protagonizada por Luis Tosar y Bárbara Lennie como principales y Eduard Fernández o Sergi López como secundarios, corre mucho mejor suerte, y en ella se puede apreciar mucho mejor el bisturí descriptivo y punzante de Monzón, y la sensación de estar ante una parte mucho más libre de la maquinaria comercial. Además por supuesto del talento y el oficio innato de sus actores.

DE BUENOS Y BUENOS

Pero por suerte, hay facetas donde El niño se sitúa como lo más alto del año en la producción nacional. Para empezar diremos que Monzón ha contado para la ocasión con un presupuesto de 7 millones de euros, los cuales hemos de decir que exprime al máximo. Para regocijo de muchos, podemos apreciar como el director en su faceta de crítico, ha podido exprimir y diseccionar a los grandes clásicos del cine de acción. Ya que El niño al igual que en su día hicieron los films de Spielberg o Cameron, contiene en sus escenas de acción, los mejores momentos del film. Podremos disfrutar de inmersivas persecuciones acuáticas y aéreas, capaces de hacer segregar adrenalina al espectador más desabrido, y a las cuales se le nota perfectamente, como han sido plantificadas desde la mesa de escritura, en vez que desde la de montaje.

El otro apartado que más nos ha cautivado, es lo bien aprovechado que ha estado el marco elegido para la narración (el estrecho). Mostrándonos un imperfecto espacio fronterizo en el que confluyen países y continentes, culturas y clases sociales, que nos dejan un territorio en el que se diluyen las categorías morales y del que emergen, a la par, formas de heroísmo y villanía, que nos retrotraen al espacio fronterizo del western que tan buenos ratos nos hizo pasar.

De este modo, Monzón se asocia a los Enrique Urbizu, Patxi Amezcua o Agustín Díaz Yanes, para construir lo que ya podríamos denominar como "El Negro", es decir nuestro propio Noir, que tan buenos trabajos nos ha dejado en los últimos años.
Eso sí, podemos decir que Monzón se ha casualizado, dejándonos claramente su film más comercial y el menos hiriente y políticamente agresivo de la carrera de este cineasta mallorquín.