sábado, 26 de abril de 2014

Crítica El viento se levanta de Hayao Miyazaki


Puntuación: 8.0

El cine crepuscular es como los recuerdos, esta envuelto de un halo de nostalgia que encumbra sus cualidades y esconde sus defectos. El viento se levanta pertenece a este tipo de films, un epílogo de uno de los grandes nombres de la historia del cine.

Renegando del uso de la tecnología digital, el director de El viaje de Chihiro se embarca en un ejercicio de memoria protagonizado por dos figuras reales: la del protagonista de la película, el ingeniero aeronáutico Jiro Horikoshi -diseñador del avión de combate con el que Japón bombardeó Pearl Harbor-, y la del escritor Hori Tatsuo, autor de la novela que da título al filme -un título, por cierto, extraído de un poema de Paul Valéry-.



El cielo ya había sido tocado por el genio japones en varias ocasiones, no hay más que recordar su premiada Porco Rosso para darnos cuenta del amor a la aeronáutica y a la libertad que proporciona este medio de transporte y algo más. Esta vez el realismo y el biopic dejan a un lado el habitual universo de Miyazaki para mostrar su trabajo más serio, adulto y porque no canónico o clásico.
Dejando a un lado la polémica que ha despertado el retrato del personaje, no olvidemos que detrás de todo el onirismo y romanticismo que pone Miyazaki, se encuentra la creación de una terrible y real arma de combate de la segunda guerra mundial, la película no deja de despertar ese encanto habitual que tiene el cine de Ghibli. Además para tranquilizar al personal decir que el film muestra un elocuente trasfondo antibelicista en su tramo final.

Más allá de la polémica, toca reivindicar el innegable valor artístico de una película que se muestra en una especie de triple montaje secuencial donde se desarrollan y entrecruzan a lo largo de los 126 minutos de metraje,  las tres historias del film. La infancia del personaje domina el primer tercio de la obra, el biopic real se adueña de la segunda. Y la obra crepuscular es la esencia de un tramo final donde se homenajea la memoria de los grandes cineastas japoneses del periodo clásico, ya que el trío de genios formado por Mikio Naruse, Yasujirō Ozu y Kenji Mizoguchi se dibuja y colorea de una forma magistral en una obra que ya se puede definir como igual de magistral.

Por y eso y en definitiva, estamos ante un clásico histórico de una época nostálgica. Gracias Miyazaki