sábado, 14 de diciembre de 2013

Crítica Acero Puro | Cine de hoy en televisión



Hoy en Antena 3...


En un futuro cercano, el boxeo ha llegado a ser sustituido por máquinas que se revientan unas a otras, el espectáculo manda más que la sangre. Charlie es un tipo que se dedica a entrenar y usar robots para peleas, su vida se mueve entre rings clandestinos, y sitios de mala muerte, su alcoholismo es más que latente, es un exboxeador retirado y padre de un hijo al que no ve. Cuando la madre de éste muera en un trágico accidente, Charlie se quedará solo con su hijo y tendrá que volver a reconcialiarse consigo mismo y su pasado…


El cine cambia a pasos agigantados, lo que en la década de los 80 era pura magia visual y nuevas formas narrativas, ahora lo que impera es la testosterona, que aunque ya había en dicha época (y mil veces más humilde y gamberra), la testosterona de ahora es descafeinada, sosamente light, sin chicha ni limoná. Explosiones y ostias en CGI, nada más, los diálogos son mero relleno. Acero Puro puede presumir de haber recaudado en taquilla, de vender miles de muñecos estas navidades, de intentar homenajear ese cine ochentero, de que mucha gente se interese por el tema y les dé un arrebato retro-snob-compulsivo por adquirir aquel mítico juego de mesa donde dos muñecos se tenían que pelear hasta que le saltaran las piezas (y que muchos ya creciditos y entrados en edad guardarán en un baúl de algún desván, preferiblemente en casa de los padres), pero volviendo a lo que comentaba, el film se queda en el intento, a medio camino, en tierra de nadie, queriendo tener alma propia pero sin llegar conseguirla tal y como le pasa al robot Atom, descubriéndose más como otra campaña industrial que antepone vender muñecos que ofrecerse como un producto cinematográfico (luego que saque rentabilidad con el merchandising debería ser posterior).

La historia es la que nos han contado otras tantas cientos de veces en el cine, padre dejado que lleva una vida miserable se topa con su hijo tras muchos años, hay conflicto tanto interno como externo, asi que ambos se embarcan en un viaje de descubrimiento personal y acaban felices, sacando en conclusión que el pasado fue una estupidez. Si le metemos peleas de robots, y que el niño se encariña con uno en particular, asistiremos a una mezcla un tanto extraña entre E.T. el Extraterrestre (1982) (por la conexión entre el chaval y lo que sea que el guionista le apetezca meter), el lado más afable de Camino a la Perdición (2002), y un eco un tanto inquietante (con olor a plagio más que homenaje) de Rocky (1976). Topicazo uno tras otro, que si no fuera por una correcta dirección del mediocre director Shawn Levy (Doce en Casa (2003), o las entregas de Noche en el Museo), y la excelente química entre el protagonista y su hijo, en este caso, interpretados respectivamente por el divertido Hugh Jackman y un descubrimiento como es Dakota Goyo que se come al primero en muchos momentos (no olvidándome de la aportación de Evangeline Lilly, cuyo papel podría haber dado para más y que se desinfla rápidamente), estaríamos hablando de una película más insulsa de lo que ya de por sí da el argumento.

Por lo demás, todo roza la corrección y la mediocridad, con momentos de otras películas que muchos reconoceremos (el combate final es un horror, Stallone, han mancillado tu honor, ¡haz algo por favor!), no faltando las situaciones melodramáticas metidas con calzador y música del mismo palo que roza la carcajada; por otro lado tenemos unos efectos especiales muy trabajados, es decir, todo aquello que se refiera a los robots que, por cierto, tienen más humanidad que el resto de personajes de carne y hueso, que ya es decir mucho. Demasiada, quizás, y eso que no hablan. En definitiva, un producto meramente comercial destinado al ámbito familiar, que no hace daño, pero destila una pretenciosidad más que palpable, además de ser una completa falta de tiempo. El cine palomitero está de capa caída, qué quieren que les diga…

Análisis escrito por Gwynplaine Thor

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