domingo, 2 de marzo de 2014

Crítica de Capitán Phillips | Especial premiados Oscar 2014


Puntuación: 6.5

El director Paul Greengrass intenta remontar el vuelo tras la regulera Green Zone: Distrito protegido (2010), la cual tenía el handicap de estrenarse poco después de terminar la trilogía de Bourne y encima contaba de nuevo con Matt Damon; y lo hace con un film basado en hechos reales cuya estructura podría haber encajado perfectamente en una parrilla de sobremesa de Antena 3.




Capitán Phillips es un no parar, y desde el minuto uno el director británico intenta que el espectador se quede pegado a la butaca con una mano en el estómago ante lo que puede ser la inevitable patada final, algo que ya realizó con una maestría punzante en United 93 (2006). Si bien el film es el resurgir de Greengrass, también lo es de Tom Hanks, el cual últimamente estaba ligado a títulos de poca calidad a excepción de esa joya que es El Atlas de las Nubes y que, como el personaje que da nombre al film que tenemos entre manos, nos ofrece un repertorio de situaciones y de contención por su parte que solo da pie al aplauso.


Con guión de Billy Ray, autor del libreto de Los juegos del hambre (2012), pocas esperanzas tenía uno de que esto saliera a flote. Pero como dicen por ahí, no hay guiones ni actores buenos o malos, tan sólo directores formidables o patosos. Y aquí se cumple esa máxima, porque el nervio de Greengrass es el que aporta el alma al film, a la cámara, al montaje, a la historia. Porque ésto en manos de cualquier otro hubiera pasado por tv movie como ya hemos dicho.

La introducción de la película es breve, y en un abrir y cerrar de ojos está servido el conflicto entre piratas somalíes y los componentes del navío, además, otro aspecto a destacar es la nula concesión al rollito lacrimógeno que tan bien podría haber servido para la carrera de los Oscars, un aspecto que abarca toda la filmografía de Greengrass y su intento de acaparar la objetividad tras la cámara en cuanto a situaciones. En lo referente a la realización, recurre de nuevo a la cámaras trémulas para dotar a las imágenes de cierto aire documental. Así mismo, utiliza un montaje ágil y de planos muy breves.


En definitiva, es un film que ni hace daño verlo pero que tampoco dejará huella. Eso sí, su prodigio está en lo que ya decimos, es una película que la salva su director y la manera en la que la cuenta y eso hay que saberlo agradecer. Ay, las dichosas formas...

Análisis escrito por Gwynplaine Thor



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